Tres conclusiones tras el fin de las ofertas de compra de los Gilinski al GEA

Tres conclusiones tras el fin de las ofertas de compra de los Gilinski al GEA
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Isaac, Jaime y Gabriel Gilinski. Foto: Tomada de Internet.

Aún falta resolver detalles del traspaso de las acciones, pero los Gilinski desembolsarán alrededor de dos mil millones de dólares por la compra de un cuarto de las acciones de Nutresa y el Grupo Sura en el negocio privado más grande en décadas que se cerró hoy.

Estas son las tres conclusiones claves de una movida que tiene impactos profundos en el mapa empresarial colombiano.

1.Los Gilinski se metieron en el enroque del GEA

Por primera vez el Grupo Sura y Nutresa, la compañía de alimentos y el banco más grande de Colombia, tienen accionistas principales que no son de Medellín. Luego del cierre de las dos Ofertas Públicas de Adquisición (OPA) que lanzó el año pasado el grupo Gilinski, liderado por el multimillonario vallecaucano Jaime Gilinski, se convirtió en el segundo accionista de ambas compañías.

La OPA de Nutresa se cerró hoy. El grupo Gilinski logró quedarse con el 27,7 por ciento de las acciones ordinarias, muy por debajo de su aspiración mínima inicial, del 50,1 por ciento. Sin embargo, será el segundo accionista, después del Grupo Sura, que tiene el 35 por ciento de las acciones. Esto le asegura un puesto en la junta directiva.

En la OPA de Sura que cerró ayer, los Gilinski lograron el valor mínimo al que le apuntaban, 25,4 por ciento de las acciones. También serán los segundos mayores accionistas de la compañía que es dueña, entre otros, de Bancolombia. Aquí tendrá dos asientos en la junta.

Haciendo gala de una audacia que no suele verse en el empresariado colombiano, Jaime Gilinski logró penetrar el muro del GEA que años atrás había frenado a magnates como Jaime Michelsen, Carlos Ardila Lülle, y Julio Mario Santodomingo.

Desde finales de los años 70s las tres empresas más grandes de Antioquia que cotizan en la bolsa se compraron entre sí para defenderse de los intentos de toma hostil de los “cacaos” de la época. Argos, la cementera, Suramericana, la compañía financiera, y Nutresa, de alimentos, tienen participación una en la otra, en un famoso enroque paisa, protegiéndose de accionistas externos. Así nació el Grupo Empresarial Antioqueño.

Esa estructura fue penetrada tras el cierre de la temporada de compras que abrió el grupo Gilinski a través de las OPA, unas ofertas a los accionistas minoritarios para comprar acciones a un precio más alto que el que cotizan en el mercado.

“No derribaron el muro, pero sí metieron un pie en la puerta”, dice Luis Guillermo Vélez Cabrera, quien fue superintendente de Sociedades y es columnista de La Silla Vacía.

“Si el criterio de quien ganó y quién perdió en el caso del GEA era que la estructura, en cabeza del grupo y con accionistas minoritarios, hubiera quedado intacta, claramente no lo lograron”, dice Andrés Mejía, consultor empresarial y analista.

Además, el esquema cruzado de propiedad de las empresas paisas le da también a Gilinski una participación, sin poder controlante ni puesto de junta, en el Grupo Argos.

2. La defensa del GEA logró frenar las ambiciones iniciales de los Gilinski

Gilinski buscaba, como mínimo, más de la mitad de las acciones de Nutresa y solo logró que le vendieran la mitad de eso. Días después, lanzó una segunda OPA, esta vez por el Grupo Sura, abriendo un nuevo flanco y logró que le vendieran solo el mínimo que estaba buscando.

A pesar de un intenso cabildeo a los accionistas, con entrevistas a medios y un polémico activismo periodístico evidente de la Revista Semana, medio de su propiedad, no logró convencer a suficientes accionistas minoritarios de que el precio superior, en dólares, que estaba pagando valía la pena.

El GEA se logró defender, primero, cerrando filas alrededor de su enroque accionario. A pesar de que los miembros del grupo (Sura, Nutresa y Argos) debían evaluar la OPA a partir de los intereses de sus accionistas, y no del GEA, ninguno aceptó vender.

Segundo, suficientes accionistas minoritarios acogieron el argumento del GEA de que el precio que ofrecía Gilinski no reconocía el valor real de las empresas, como sostuvieron algunos estudios. Varios de esos accionistas son fondos de pensiones, que tienen una responsabilidad fiduciaria, lo que significa que están obligados a tener el interés de sus pensionados en cuenta a la hora de decidir si vender las acciones.

Muchos no vendieron, lo que implica un espaldarazo al GEA, y su capacidad de mediano y largo plazo de generar rentabilidad y sostenibilidad, de acuerdo a la evaluación de los fondos. Una que, según escribió en una columna Rodrigo Uprimny, abogado de Dejusticia, incluye factores que “van más allá de las ganancias a corto plazo e incorpora otros elementos, como los impactos sociales y ambientales y la solidez de la gobernanza corporativa”.

Muchos de estos atributos fueron resaltados por el GEA en sus esfuerzos por frenar las ventas al grupo Gilinski.

3. Las OPA fueron una batalla, la guerra sigue en las juntas directivas

Según las reglas de las OPA, si no hay suficientes accionistas dispuestos a vender para cumplir con el rango mínimo de la oferta, el comprador puede desistir de la oferta. Eso sucedió en la oferta de Nutresa. Gilinski buscaba mínimo 50,1 por ciento y solo obtuvo 25,4. Aún así decidió comprar, a un precio más alto y sin lograr el control de la compañía.

“Eso indica que más allá de querer una posición controlante, ellos están interesados en entrar a jugar en las juntas directivas y el gobierno corporativo de las empresas del GEA”, dice el exsuperintendente Vélez.

En ese sentido, el cierre de las OPA de Gilinski sería apenas un capítulo en una disputa que sigue, y que ahora se librará con voz y voto dentro del GEA.

Por eso Luis Ignacio López, director de Investigaciones Económicas de Corficolombiana, no se atreve a declarar ganadores aún. “Hay un empate entre el GEA y Gilinski. Parece ser solo el primer capítulo (o la continuación de la disputa anterior) donde ahora con participación en la junta directiva de ambas empresas se dará el nuevo terreno de batalla”.

Según López, depende de la relación futura de los accionistas, en las que por primera vez el GEA se enfrenta a un rival de peso en sus juntas, si esto será positivo o negativo para las compañías y sus clientes. “Puede haber un mal equilibrio o buen equilibrio. En el malo, las peleas internas van en detrimento de la compañía, la innovación y los clientes. En el bueno, la participación de los nuevos inversionistas trae cosas a la mesa”.

Que la disputa pase a las juntas no implica que no haya próximas OPA. Según cree Felipe Campos, estratega jefe de inversiones de Alianza Valores, "los Gilinski no han terminado. Unas compras de este estilo no son por solo tener una participación y unos puestos en junta. Lo que se suele buscar es llegar a la mayoría. En este caso, creo que a la de Sura, vía otra OPA en el grupo aprovechando la propiedad cruzada, por ejemplo en el Grupo Argos, con la mira en Bancolombia".

En efecto, los Gilinski llegan con el GNB Sudameris, un banco, una familia real de un emirato árabe petrolero con bolsillos profundos, y una visión empresarial que en cuatro semanas acabó con más de 40 años de hegemonía empresarial paisa en el GEA. "Sería raro para un grupo tan agresivo llegar solo hasta ahí", agrega Campos.

Traen también algo de historia. “Yo nunca pierdo, soy un guerrero”, dijo en 2007 Isaac Gilinski, el papá de Jaime y patriarca de la familia, en medio del pleito con el GEA por Bancolombia. “Estamos como David y Goliat, solo nos falta darle una vez más con la honda al gigante para que caiga”, añadió, en medio de la agria disputa que llegó a tribunales en Colombia y Estados Unidos. Al final, no cayó, y los Gilinski perdieron Bancolombia en 2010.

Una década después los guerreros están de regreso, y no son el David de entonces. 

*Advertencia: El Grupo Sura financia el podcast El Futuro del Futuro de La Silla Vacía y Bancolombia financia la Sala de Redacción Ciudadana, la Red Cachaca de La Silla Llena y las hackatones de La Silla Vacía. En total sus aportes representan el 3,3 por ciento de todos los ingresos de La Silla Vacía.

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