Tumaco o la paradoja de las Farc: muestran fortaleza pero generan más rechazo

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Si Tumaco fuera Bogotá los titulares de prensa de hoy serían muy distintos. El segundo puerto colombiano en el Pacífico completa ya 18 días sin luz por una seguidilla de ataques terroristas y si se tratara de la capital el escándalo sería mundial. Lo que está pasando ahí, en esa otra Colombia que suele pasar un poco desapercibida, está relacionado con la dinámica que ha experimentado el conflicto colombiano cuando se cumple un año desde que se instalaron los diálogos de paz con las Farc, en Oslo.

Si Tumaco fuera Bogotá los titulares de prensa de hoy serían muy distintos. El segundo puerto colombiano en el Pacífico completa ya 18 días sin luz por una seguidilla de ataques terroristas y si se tratara de la capital el escándalo sería mundial. Pero, dirían los indolentes, no es más que otra ciudad con la mala suerte de ser un corredor para el tráfico de armas y drogas, frontera con otro país, golpeada históricamente por la muerte de las armas y el olvido del Estado. Una ciudad al fin y al cabo capaz de sobrevivir sin energía eléctrica porque apenas cuenta con ella hace unos 15 años.

Lo que está pasando ahí, en esa otra Colombia que suele pasar un poco desapercibida, está relacionado con la dinámica que ha experimentado el conflicto colombiano cuando se cumple un año desde que se instalaron los diálogos de paz con las Farc, en Oslo.

Expertos como el investigador Ariel Ávila resumen esa dinámica en que luego de la tregua navideña de las Farc el año pasado, y especialmente a partir de marzo de este año, la intensidad del conflicto se redujo en un 25 por ciento. Debido a que, entre otras cosas, esa guerrilla ordenó suspender indefinidamente su práctica del secuestro extorsivo.

Sin embargo, para este octubre las Farc planearon una arremetida con el objetivo de hacerse notar, de mostrar poderío y de tener más capacidad de negociación en la mesa de conversaciones de La Habana, según nos explicaron varias fuentes conocedoras.

La paradoja de esta historia es que -con una escalada desde hace varias semanas en unos 10 departamentos, como lo denunció ya la Defensoría del Pueblo, la cual incluyó ayer domingo la muerte de un suboficial del Ejército en el Putumayo- las Farc efectivamente están mostrando que están vivas. Pero también están alimentando más rechazo en la población civil, justo en momentos en los que la mesa está por seguir la discusión del punto de la participación política, que para concretarse necesitará los votos de la gente.

Durante este año y aunque parezca una verdad de Perogrullo, más allá del punto y medio que va acordado, de la celeridad que quiere el Gobierno, del poco afán de la guerrilla y de qué movidas hay en el día a día de la mesa de conversaciones de La Habana, la guerra ha continuado. Y lo ha hecho alimentando su nada nuevo y largo listado de víctimas civiles con números que en algunos casos han ido en aumento con respecto a los del año inmediatamente anterior.

Ejemplo de ello son los datos dados a conocer recientemente por la Campaña Colombiana contra Minas, que reveló que desde que se iniciaron los diálogos de paz se han presentado 144 víctimas civiles de minas antipersonal, entre muertos, heridos y mutilados. Y que 60 de ellas son menores de edad. Mientras que la misma cifra en los doce meses anteriores fue de 110 víctimas, 37 de ellas menores. Esas estadísticas motivaron a esa ONG a “implorar” un acuerdo especial inmediato para el tema de minas que alivie a la población no combatiente, teniendo en cuenta que las Farc han hecho de éstas unas de sus principales armas.

U otro ejemplo: de nuevo, lo que está pasando en Tumaco, en donde en menos de un mes las Farc -según información oficial del municipio- han volado 10 torres de energía cuando en todo 2012 “apenas” volaron cinco. Todo parte de su planeada arremetida de octubre.

Eso explica en parte la nueva ofensiva militar en contra de esa guerrilla que a principios de mes, desde la base de Larandia en el Caquetá, anunció el presidente Juan Manuel Santos. El plan de guerra se llama ‘Espada de Honor 2’, tendrá incidencia en siete departamentos (Guaviare, Vaupés, Cundinamarca, Meta, Amazonas, Putumayo y Caquetá) y uno de sus objetivos principales será combatir a los cabecillas Romaña, Carlos Antonio Lozada, Fabián Ramírez, El Paisa y Joaquín Gómez. Estos tres últimos son del Bloque Sur que un año después es el único que no tiene representación en la mesa de La Habana.

“Las Farc les han dado a sus diferentes frentes la orden de infiltrar la protesta social, eso lo sabíamos, pero también que preparan golpes para que, según ellos, Colombia y el mundo digan que las Farc están vivas”, dijo en su momento Santos.

El golpe a Tumaco
Las Farc ordenaron una aremetida en octubre en el país. 
En respuesta a las Farc, Santos anunció un nuevo plan de guerra.

Una fuente conocedora del conflicto nos explicó que, más que con grandes combates, esta nueva arremetida de las Farc tendrá que ver más con sabotajes, hostigamientos de dos o tres horas y con “operaciones más quirúrgicas” para distraer la atención de las tropas del Ejército. Y en Tumaco, la población en la que por ahora se han sentido más los ataques sistemáticos, sí que lo están sabiendo bien por estos días.

La voladura de 10 torres en menos de un mes no sólo mantuvo esa ciudad sin luz durante 14 días seguidos hasta el martes pasado y, luego, desde el viernes hasta hoy. Precisamente por la falta de luz ha empezado a escasear el agua, debido a que las barcazas que surten al acueducto municipal funcionan con energía. Y también se ha comenzado a sentir carencia de combustible, pues muchas plantas eléctricas se lo están gastando.

Además, los bloqueos del movimiento indígena en la vía Tumaco-Pasto, a la altura de Ricaurte, impidieron por unos días el tránsito normal del combustible con el que se surte el puerto. La situación llegó al punto en que, por decisión del gobierno municipal, sólo por este fin de semana no se le vendió combustible a ninguna de las 22 mil motos que se movilizan en Tumaco.

Las entidades públicas, los colegios, los dos hospitales y los 38 puestos de salud que sirven a los 191 mil residentes que tiene Tumaco funcionan por el momento con plantas eléctricas, al igual que algunas empresas lo que eleva sus costos.

Los tumaqueños, golpeados históricamente por las Farc, por los paramilitares y por los paramilitares vestidos de bacrim, están cansados. “Hay mucha desesperanza, hace poco le escuché a alguien decir que acá estamos de luto”, nos contó una fuente que reside ahí.

Mientras que el secretario de Gobierno, Hernán Cortés, da cuenta de una frustración: “Con el comienzo de los diálogos, teníamos la esperanza de que los atentados y los ataques de las Farc iban a bajar, pero por el contrario han arreciado”.

Según Cortés, en 2012 Tumaco  dejó de recibir 9 mil millones de pesos en regalías por voladuras, presuntamente de las Farc, al Oleoducto Trasandino. Esas voladuras disminuyeron la cantidad de barriles de crudo que salen del puerto y, por ende, los recursos de las regalías. Este año, advierte el funcionario, van por el mismo camino. Lo peor es que esas regalías se iban todas para inversión social.

Aburridos, indignados, cansados, muchos tumaqueños realizaron un cacerolazo en contra de las Farc hace unas semanas. Según Cortés y según otra fuente consultada, por estos días un grupo de la sociedad civil está convocando a una marcha en protesta por lo de la voladura de las torres de energía.

Y una comisión integrada por el obispo, por la Cámara de Comercio, por algunas autoridades indígenas y afros y por la Alcaldía, están contemplando incluso la posibilidad de viajar a La Habana para pedirles explicaciones a las Farc.

“Nos gustaría ir a Cuba para preguntarles a los del secretariado ‘¿por qué tanto ensañamiento con Tumaco?’”, contó una fuente desde Tumaco con voz triste.

Los datos oficiales cuentan sobre otro flagelo, más allá de la falta de luz: en coincidencia con lo que dice la Campaña Colombiana contra Minas, ha disminuido la posibilidad de movilización en algunas zonas cercanas a Tumaco debido a la siembra de minas antipersonal. Las denuncias al respecto han llegado desde algunos resguardos indígenas Awá, del territorio colectivo que hace parte de la cuenca del río Chagüí y del Alto Mira. Aunque en la zona no han aumentado los accidentes con minas con respecto al año pasado, debido a que “se han hecho labores pedagógicas para evitarlos”, como explica el Secretario de Gobierno.

La arremetida fariana en Nariño no es exclusiva de Tumaco, sino que también ha afectado a otros municipios costeros como Barbacoas y El Charco. Pero según la Personería de Pasto la peor parte la llevan los tumaqueños: “A Tumaco le están dando durísimo, hay muertos diarios, pescadores, en este momento podría decirse que es una zona de guerra”, dijo un funcionario a La Silla.

“Lo de la luz no es nuevo”, agregó otro consultado de la zona, “el año pasado estuvimos 21 días sin luz por la voladura de una torre, pero lo nuevo es la saña con la que siguen volando una torre tras otra”.

¿Presión del Bloque Sur a la mesa?

Los consultados y los informes de prensa señalan que, al menos en Nariño, los autores de la arremetida de estas semanas son la columna móvil Daniel Aldana (del Bloque Occidental) y el frente 29 (del Bloque Sur).

Históricamente, a esta región la ha golpeado siempre el Bloque Occidental de las Farc. Una fuente que conoce de cerca a esa guerrilla nos dijo, sin embargo, que tenía información según la cual el Bloque Sur (el único que, como dijimos, no tiene aún representación en la mesa de La Habana) estaría tratando de bombardear las conversaciones con estos ataques.

El Bloque Sur es el bloque más rico de las Farc y el segundo más grande en términos de efectivos militares. De él hacen parte el comandante Fabián Ramírez y Joaquín Gómez, el cuarto hombre en antiguedad de la guerrilla. Ellos cuentan nada menos que con la que acaso sea la unidad militar más ofensiva de toda la organización: la columna móvil Teófilo Forero, a cargo de alias El Paisa, considerado un capo del narcotráfico quien no estaría muy interesado en hacer la paz.

Otra persona que conoce Tumaco nos dijo que, efectivamente, el Bloque Sur tiene funcionando en Nariño varios laboratorios de drogas.

Esta información no la pudimos confirmar con ninguno de los entrevistados. De hecho, un experto dijo que el Bloque Sur obedece a la organización al punto que cumplió la tregua navideña del año pasado y si no tiene representación en la mesa de La Habana es porque inicialmente el Secretariado de las Farc iba a llevar a Fabián Ramírez, pero no pudo concretar el viaje debido a que Joaquín Gómez se encuentra muy enfermo.

El Bloque Sur, que se sepa, opera en Caquetá y Putumayo. Zonas que, en cualquier caso, no se han salvado de la escalada de estos días.

Carlos Lozano, director del semanario Voz y experto en el conflicto, cree que todo lo que está pasando obedece a la modalidad bajo la cual las partes aceptaron negociar: sin cese al fuego.

Y sin cese al fuego significa que no deben causar sorpresa los ataques de lado y lado. Ni, dirían los indolentes, la falta de luz en Tumaco.

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