Un año después del No, la paz resignada

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El 5 de octubre, luego de la victoria del No en el Plebiscito, Uribe entra al Palacio de Nariño luego de más de 5 años de no hablar con Juan Manuel Santos. Foto por: Juan Pablo Pérez

La combinación de la victoria pírrica del No y del premio de consolación del Sí es la paz resignada que tenemos hoy.

Hoy se cumple un año del triunfo del No en el plebiscito y la conclusión, en retrospectiva, es que el No ganó en las urnas pero perdió en lo esencial pues no logró impedir el Acuerdo con las Farc. Y el Sí perdió en las urnas, y ganó en lo central que era lograr el desarme de las Farc.  La combinación de la victoria pírrica del No y del premio de consolación del Sí es la paz resignada que tenemos hoy.

El triunfo del No

A pesar de que el 2 de octubre de 2016, el 50,21 por ciento de los que acudieron a las urnas ese día (6’431.376 de personas) votaron en contra del Acuerdo de Paz, el acuerdo con las Farc se terminó ejecutando y en esa medida los del No ganaron el plebiscito pero perdieron.

Perdieron porque a pesar de que los promotores del No –con Álvaro Uribe a la cabeza- rechazaron el acuerdo renegociado, éste se aprobó en el Congreso con amplias mayorías, no hubo protestas callejeras, y no lograron tumbar al presidente Santos, que más bien consiguió unir transitoriamente a todos los poderes alrededor suyo, y tampoco consiguieron arruinarle su Nóbel de la Paz.

Durante todo este año, el Gobierno ha logrado sacar en el Congreso y en la Corte Constitucional el fast track, la amnistía para la mayoría de guerrilleros, la aprobación de la Jurisdicción Especial de Paz, las circunscripciones especiales para las zonas afectadas por el conflicto, que las Farc se constituyan como un partido político y el blindaje constitucional del Acuerdo.

También logró lo más importante y es que, con una verificación internacional, las Farc entregaran a la ONU 8.994 armas, 1.765.862 municiones, 38.255 kilogramos de explosivos, 11.015 granadas, 3.528 minas antipersonal. y dejaran de existir como grupo armado.

Es cierto que el desarme no fue perfecto, pues han surgido algunas disidencias, pero los reportes más pesimistas hablan de menos de 500 guerrilleros, que son menos del 6 por ciento de los desmovilizados, un porcentaje muy inferior al que suele haber en los conflictos internacionales y una fracción de las disidencias que hubo en la desmovilización paramilitar.

En términos prácticos, los que votaron No para impedir el Acuerdo y no solo para, como dice el columnista de La Silla Héctor Riveros, “para dejar una constancia política”, lograron muy poco- Quizás por lo mismo, sienten que hoy es el aniversario de un gran conejo como lo dejó claro el periodista Hassan Nassar en twitter.

Por las mismas razones que los del No se pueden sentir frustrados, los 6’377.482 colombianos que votaron a favor del Acuerdo de Paz pueden darse por bien servidos.  

Las Farc están convertidas en partido político, los homicidios están a la baja, no hay nuevos soldados mutilados en el Hospital Militar, cada día hay más zonas desminadas.

Pero a otro nivel, como dice la analista Laura Gil, “el triunfo del No nos quitó la alegría de la paz”, o por lo menos del Acuerdo.

La derrota del Sí

Si el triunfo del No en las urnas tuvo algún impacto fue en la narrativa de la campaña de la coalición liderada por Álvaro Uribe.

Por ejemplo, durante este año ha logrado mantener el descrédito de la implementación, ayudada por errores del Gobierno como no haber logrado terminar todavía las zonas de concentración o no haber logrado asegurar el control territorial de las zonas abandonadas por las Farc. Y por errores de las Farc, como no haber adelantado más jornadas de perdón a las víctimas como las que hicieron en Bojayá o con los diputados del Valle.

Los promotores del No también han sido mucho más exitosos en martillar los vacíos o los "sapos" de la negociación vigentes que el gobierno o los defensores del Sí en defender las bondades de la firma del Acuerdo.

En parte esto se debe al déficit de discurso político sobre el posconflicto por parte del presidente Santos, que como dijo una alta fuente del Gobierno, “tiene un discurso casi vergonzante del Acuerdo de Paz después del triunfo del No”.

Esa falta de convicción en el discurso del Presidente tampoco ha sido compensada por el Vicepresidente Óscar Naranjo y el Alto Consejero del Posconflicto Rafael Pardo, a pesar de que tendrían varios logros qué mostrar.

“El desarme se produjo pero el espíritu nos lo robaron”, dice el jurista Iván Orozco, que asesoró la negociación de paz. “El triunfo del No ha producido una ordinarización progresiva de algo que tenía una naturaleza más fundacional”.

Muchos de los que votaron por el Sí lo hicieron convencidos de que el Acuerdo sería una oportunidad –una excusa, si se quiere- de propiciar un transformación más profunda en la democracia del país. Por ejemplo, haciendo megainversiones para cerrar la brecha con el campo o aprobando una reforma política que permitiera una competencia más equitativa para los que no tuvieran redes clientelistas

Por ahora ninguna de las dos transformaciones se avizora como posible en el corto plazo. Parte de las consecuencias del No y de la cuestionada legitimidad de haber aprobado el acuerdo renegociado en el Congreso y no mediante un nuevo plebiscito, es que el Gobierno perdió el músculo político para promover una implementación ejecutiva rápida, que aumentara la confianza en la paz dentro de la opinión pública.

El ejemplo más concreto de eso es el enredo en el que se encontraba el trámite de la ley reglamentaria de la JEP hasta esta tarde cuando se destrabó y el fallo de la Corte Constitucional sobre el fast track.

Así, a un año de una fecha clave para Colombia, el resultado del No es haber logrado el fin del conflicto armado con las Farc pero sin la emoción necesaria para convertir ese hecho histórico en un impulso para otros cambios más profundos en las vidas de todos los colombianos que aseguren una paz estable y duradera.

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