Uribe avanza más en su coalición que en la discusión del Acuerdo

Silla Caribe
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Álvaro Uribe entrando hoy a Casa de Nari?o. Foto: Juan Pablo Pérez

La reunión entre el presidente Juan Manuel Santos y Álvaro Uribe no terminó con humo blanco y no se ve una solución rápida a la crisis, pero sí quedó claro el tamaño de la coalición de Uribe.

Hay muchas formas de interpretar la reunión que acaba de terminar entre el ex presidente Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos.

Se puede interpretar como una revancha del primero, que regresando de manera triunfal a la Casa de Nariño humilla al segundo en su propia casa después de sentirse traicionado por su antiguo aliado.

Se puede interpretar como la presentación de la nueva coalición de derecha recargada y unificada después del triunfo en el plebiscito.

Lo único que no fue es lo que muchos colombianos esperaban que fuera: la reunión para que el Establecimiento hiciera su paz interna y ofreciera una propuesta para rescatar el proceso de paz.

Así lo dejó claro la declaración de Uribe ante un enjambre de periodistas a la salida de una reunión de tres horas y otra hora de espera que concluyó informando que “Mañana se continuará la reunión a través de comisionados”

También el discurso de Santos desde el salón de conferencias de la Casa de Nariño, en la que informó que designó dos voceros (el ex comisionado de paz Frank Pearl y el ministro de Defensa Luis Carlos Villegas) para hablar con el de Andrés Pastrana, el ex comisionado Camilo Gómez. El Presidente dijo que va a seguir en reuniones con otros voceros del No y que se reunirá con Pacho Santos la próxima semana; y reiteró que mañana empezará el trabajo la comisión para negociar con Uribe y sus aliados.

La falta de humo blanco

La reunión tuvo un simbolismo grande, porque no es poco que a tres días del plebiscito ya se hayan sentado Santos y Uribe, quienes no se hablaban desde el 2010 y quienes -pese a la solicitud de muchos sectores- se habían negado a dialogar durante todo el proceso de paz. Más porque, según le contó a La Silla un asistente a la reunión, el tono fue cortés y quedaron en seguir en la mesa desde mañana mismo.

Además, hubo consenso en la necesidad de mantener el cese bilateral con las Farc y nadie habló de irse a la guerra. Todo eso deja un ambiente halagüeño en el que, como dice un analista, “falta camino pero se va en la dirección correcta”.

Sin embargo, también quedó claro que más allá de las formas, no se avizora una salida rápida. Primero porque el Gobierno no está negociando en una sola mesa y con un solo interlocutor porque Uribe hábilmente creó una coreografía de personas que le permite aparecer como moderado y además diluir su responsabilidad política si de esto no sale nada bueno. Segundo, porque lo que han pedido varios de ellos son cosas aún difusas, maximalistas y tan variadas que implican renegociar prácticamente todo. Y tercero, porque si algo no parece tener Uribe es afán.

 

De hecho, durante la reunión Carlos Holmes Trujillo pidió "celeridad" y Uribe dijo que no, que paciencia.

Como explicó Uribe en su discurso al salir de la reunión, las peticiones van desde hacer una amnistía ya para los guerrilleros rasos que no hayan cometido crímenes de lesa humanidad (cosa que es imposible hacer sin que se concentren antes), hasta “los valores de familia” (que no forman parte del Acuerdo con las Farc), pasando por pedir un alivio judicial para los militares, no cerrar el espacio a la iniciativa privada o mejorar la justici sin ser sustituida.

Ese discurso es el resumen de lo que plantearon Uribe y sus acompañantes en la reunión, que básicamente es lo mismo que dijeron en campaña y antes de entrar a la reunión. Según supo La Silla, en ella todos los que acompañaron al ex presidente tomaron la palabra para hacer una lista de peticiones, aunque Uribe habló el 75 por ciento del tiempo.

De hecho, después de salir el ex procurador anulado Alejandro Ordóñez, uno de ellos, dijo que “reiteramos que no podía haber temas vedados, que hasta la última coma de lo que inicialmente fue el acuerdo tenía que tener la discusión correspondiente.”Eso muestra que, por ahora, lo que hay es un ambiente cordial pero no una agenda ni una hoja de ruta.

Eso quiere decir que esa agenda amplia inicialmente se tratará en dos mesas paralelas (una con el delegado del Pastrana y otra con los de Uribe), sin contar con el otro frente, que es el de mantener viva la mesa de La Habana y convencer a las Farc de reabrir las negociaciones. 

Uribe pidió en la reunión al presidente Santos que "no los diluyera", pero eso es lo que el presidente Santos intentará hacer al invitar a una próxima reunión a Pacho Santos, que promovió el No en Bogotá y a otros voceros.

Esto lo anunció Santos en su discurso después de la reunión, y dijo que para lograr la paz se necesita que las partes “contribuyen con responsabilidad, realismo y celeridad” y que “Quiero insistir en el tema de la celeridad. La administración del cese al fuego y hostilidades en las condiciones de incertidumbre actuales, conlleva muchos riesgos."

Santos, que viene de ser derrotado y tiene su gran legado en ascuas, tiene la presión de mantener un cese bilateral que es muy frágil porque los frentes guerrilleros están armados y en un limbo, sin verificación y sin una fórmula de sostenimiento. Pero, hasta ahora, está intentando mostrar que todavía tiene el control de la agenda y se ha comido su orgullo aceptando el juego planteado por un Uribe empoderado.

La revancha

Uribe regresó a Palacio como un gran triunfador tras el inesperado triunfo del No. El simple hecho de que Santos lo hubiera convocado especialmente ya era una victoria, que el ex presidente senador capitalizó mostrándose como el gran jefe de esos 6,5 millones de votos.

Eso se notó en su llegada a Palacio. Entró a pie por la puerta principal (en contraste el ex presidente Pastrana, que se reunió con Santos esta misma mañana, lo hizo por el sótano), rodeado de periodistas y con una enorme sonrisa.

A su entrada, muchos empleados de Presidencia se abalanzaron a saludarlo.

“Pasó dando la mano por aquí” dijo un funcionario de presidencia “La gente casi se muere. Es un rockstar. Las secretarias se abrazaban porque les dio la mano”.

Las fotos lo dicen todo.

El Palacio de Nariño de Santos y su bandera central de la paz cooptada por Uribe.

La nueva coalición

Uribe llegó con varios políticos y figuras que muestran las caras de la nueva coalición de derecha recargada por el No. Como todos llegaron porque fueron convocados por él entre el lunes y ayer, no por invitación de Santos, quedó claro quién es la cabeza visible.

Por el lado del gobierno, además de Santos y su secretario privado Enrique Riveira, estaban varios funcionarios encargados de la negociación con las Farc y varios militares.

Estaban los tres ministros que más han participado en el acuerdo (María Ángela Holguín, de Relaciones Exteriores; Juan Fernando Cristo, de Interior; y Luis Carlos Villegas, de Defensa); cuatro generales (los negociadores Óscar Naranjo y Jorge Enrique Mora; el comandante general de las Fuerzas Militares Juan Pablo Rodríguez; y el Comandante Comando Estratégico de Transición, Javier Flórez); y cinco personas que han hecho parte del equipo negociador (el empresario Gonzalo Restrepo, el negociador Frank Pearl, el ex ministro de justicia Yesid Reyes, el senador Roy Barreras y el rector del Externado, Juan Carlos Henao).

De un lado había cinco miembros de su partido, el Centro Democrático.

Estaban sus tres precandidatos presidenciales, Carlos Holmes Trujillo, Iván Duque y Oscar Iván Zuluaga, la senadora Paloma Valencia como vocera de la bancada de Senado y el representante por Cundinamarca Rubén Darío Molano como vocero de la de Cámara.

Uribe también convocó al pastor César Castellanos, cabeza de la iglesia Misión Carismática Internacional, que por un lado es parte del Centro Democrático hasta el punto de que tiene senador propio, y por otra es portavoz del movimiento religioso que se opuso al No por la supuesta “ideología de género”.

De hecho, en la breve rueda de prensa que hizo ese equipo en el Club de Banqueros esta mañana justo antes de salir para Palacio, y en la que no hablaron los políticos del Centro Democrático sino los otros aliados, Castellanos fue el único que habló del modelo de familia como uno de los puntos a discutir con Santos (a pesar de que en el Acuerdo no hay una sola referencia a eso).

También llegó la ex candidata presidencial conservadora Martha Lucía Ramírez, quien tardíamente se definió por un No moderado y representa un posible puente con los sectores más urbanos y moderados del voto que ganó el domingo, y posiblemente también con sectores empresariales.

Otro convocado fue el ex procurador anulado Alejandro Ordóñez, quien salió de su cargo hace dos semanas para convertirse en otro jefe de debate del No. Ordóñez representa las voces conservadoras más religiosas y ha sido uno de los más radicales tras el plebiscito, al pedir que se reinicien las negociaciones de cero.

También habló el general retirado de la FAC Héctor Fabio Velasco, representando a los militares retirados. En la rueda de prensa del Club de Banqueros reiteró cuál es la principal preocupación de ese sector: la justicia transicional para los militares.

Por último estuvo la periodista Diana Sofía Giraldo, como representante de la Fundación Víctimas Visibles que agrupa víctimas de las Farc que han dicho que en el proceso de La Habana no fueron tenidas en cuenta. Giraldo también fue decana de periodismo de la Universidad de La Sabana, de origen conservador, y esposa del ex ministro conservador Gabriel Melo Guevara, por el que también es un puente con parte del conservatismo.

Esa coalición, que suma conservadurismo, uribismo y religión, es la que hoy representa el No y la que negociará con el Gobierno. La duda después de la reunión de hoy es si su verdadera intención sí es renegociar el Acuerdo o simplemente desgastar al Gobierno, darle visibilidad a sus candidatos y alargar el tiempo hasta el 2018.