Verdes: el disenso hace la fuerza

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Ayer era un día definitivo para el Partido Verde. Antanas Mockus le había planteado a Peñalosa –simplificandolo– que escogiera entre él o Uribe, un dilema que visto desde las toldas peñalosistas era escoger entre perder o perder la Alcaldía de Bogotá. Al final la solución a la que llegaron fue vista por la mayoría de los miembros del partido como un gana-gana: Peñalosa podrá hacer alianzas –con Uribe, por ejemplo– para asegurar su triunfo en Bogotá y Mockus podrá hacer público su rechazo a este tipo de movidas y así seguir siendo coherente con su discurso de legalidad. Con esta fórmula, los Verdes pasaron de "la unión hace la fuerza” a “la fuerza está en el disenso”.

Después de ocho horas de reunión en las que 21 de los 23 miembros de la Dirección Nacional del Partido Verde tuvieron la palabra, la decisión colectiva fue que ante todo los verdes necesitan ocuparse de ganar la Alcaldía de Bogotá, consolidarse en otras regiones del país y cumplirle a su “ola” los compromisos que hicieron desde la campaña presidencial.

En eso todos estuvieron de acuerdo, pero el apoyo de Uribe era un punto que los dividía. Antanas Mockus, la gerente de su campaña Liliana Caballero y los congresistas Ángela María Robledo y John Sudarsky, de la facción visionaria del Partido, se oponían a recibir el apoyo de Uribe. El ex candidato a la Alcaldía y blogger de La Silla Vacía Juan Carlos Flórez también. Ellos mantuvieron su veto a Uribe y lo que llaman las “costumbres de ilegalidad” de lo que fue su gobierno.

Los que provienen del antiguo Verde Opción Centro, que en la pasada reunión se habían opuesto a esta alianza, cambiaron de opinión y Sergio Fajardo no fue. Con eso, se rompió el empate que existía y que había paralizado al partido durante varios meses.

No es claro qué hizo cambiar de opinión a Carlos Ramón González, el jefe de esa facción, dado que nada ha cambiado desde entonces. Pero lo cierto es que varios en el partido suponían que él estaba cañando cuando se opuso a esa alianza con Uribe y que lo que quería era “hacerse valer” dentro de un partido en el que tienden a privilegiar la opinión de los cuatro ex alcaldes sobre la de los dueños originales de la personería jurídica del partido (y lo logró). Los otros congresistas de esta tendencia que también están en la Dirección Nacional, en todo caso, difícilmente podían oponerse a realizar alianzas con la U, por ejemplo, cuando en lugares como Cesar apoyarán a un candidato conservador que va en alianza con La U.

 

El objetivo es ganar

 

                                                                                       
Los cinco "disidentes" del Partido Verde. Antanas Mockus, Liliana Caballero, John Sudarsky, Angela María Robledo y Juan Carlos Flórez (en orden descendente) lograron que se les respetara su derecho al disenso y por ello mantienen su veto a Álvaro Uribe y a sus "costumbres de ilegalidad". Aceptaron las alianzas, pero advirtieron el peligro que corre el partido de unirse con personas nvolucradas en escándalos de corrupción, politiquería y atentados en contra de la vida. 
                                                                       (Fotos: Laura Rico)                                                                        
Con solo cinco votos de 21, la posición de Mockus fue ampliamente derrotada por una visión más pragmática.
 
La mayoría de los miembros de la Dirección consideran que la mejor forma de salvar al Partido Verde es ganando porque, si pierden en Bogotá, que ha sido el escenario por excelencia de los tres ex alcaldes de Bogotá, así se mantengan muy “puros”, el partido desaparece de la escena política.
 
Y, para ganar, necesitan que los estratos uno, dos y tres voten por Peñalosa. Peñalosa registra muy mal en las encuestas en los barrios más pobres, incluso en aquellos que él desmarginalizó cuando era Alcalde, ya que se le recuerda más por sus políticas contra los vendedores ambulantes. En cambio Álvaro Uribe es admirado en los barrios populares por el 75 por ciento de las personas (un dato que esgrimieron en la reunión de ayer para derrotar la posición de Mockus).

Las encuestas muestran que el apoyo de Uribe a Peñalosa es muy poco significativo en votos: los que le suma son casi equivalentes a los que le resta. Pero no tenerlo de su lado sí podría hacerle daño, ya sea porque se podría lanzar él mismo –con lo cual arrasaría– o porque le sumaría a otro.

Argumentaron que el respaldo de Uribe no implica que Peñalosa vaya a traicionar sus principios (ya que el ex alcalde sólo se hace caso a sí mismo) y reiteraron que no solo para ganar sino también para gobernar se necesitan alianzas.

Citaron como ejemplo lo que pasó en el Concejo de Bogotá, durante la elección del nuevo Contralor, donde los verdes se aliaron con La U, Cambio Radical y otros concejales para elegir al que consideran el mejor nombre.

Todos coincidieron en que Peñalosa es el mejor candidato para Bogotá y que el Partido tiene la responsabilidad de ayudar a sacar a Bogotá de la crisis en la que se encuentra. De esta manera, le dieron vía libre a Peñalosa para que “convoque, lidere y adelante” conversaciones para construir alianzas.

Sin embargo, los que se opusieron lograron que esos acuerdos vayan después a la dirección general donde serán examinados. No quieren que por convocar coaliciones terminen violando los principios del “no todo vale” y “los recursos son sagrados”.

Mockus, los visionarios y Flórez también lograron una autorización expresa para manifestar su disenso. “Nuestro disenso está en que podamos mantener y expresar nuestro veto a Uribe y a todos los que vulneren las apuestas del Partido Verde”, explicó la representante Ángela María Robledo.

“El Partido Verde tiene la opción, no de pedir transparencia a los otros, sino de darle transparencia a sí mismo”, dijo Flórez a La Silla Vacía.

La primera expresión de su disenso la hicieron anoche mismo. Los visionarios emitieron un comunicado en el que advirtieron su veto a Uribe. Y reiteraron que siguen rechazando la corrupción y la ilegalidad.

"Alertamos sobre el riesgo que conlleva aceptar el apoyo de personas involucradas en escándalos de corrupción, politiquería y atentados en contra de la vida. Esto pone en riesgo el ideario del Partido Verde y, peor aún, el riesgo de perder el respaldo ciudadano", dice el comunicado firmado por Mockus, Ángela Robledo, John Sudarsky, Liliana Caballero y Juan Carlos Flórez. "Recibir un apoyo de este tipo, dejaría al Partido Verde sin piso moral", añade la declaración.

 

En la práctica

 

La dirección general del Partido Verde, en su totalidad, dio su respaldo irrestricto a Enrique Peñalosa como candidato para la Alcaldía de Bogotá. A su lado estuvieron (en orden descendente) Lucho Garzón, Jorge Londoño, Alfonso Prada y Carlos Ramón González, y once miembros más de la dirección General. Al candidato lo autorizaron para adelantar acercamientos y construir alianzas con otros partidos y movimientos.

Este disenso tendrá un alcance principalmente simbólico, porque así ellos saquen comunicados de protesta, en la práctica Peñalosa y el Partido Verde podrán aliarse con Uribe, cuyo gobierno apeló al todo vale y, cuya utilización de los recursos no fue siempre ‘sagrada’, como lo comienzan a indicar los escándalos de corrupción destapados por su sucesor.

Pero este gesto sirve para que Mockus pueda quedarse dentro del Partido y sentir que sigue siendo fiel a su discurso de legalidad. Quizás sirva también de salvavidas para miles de militantes verdes que se sienten traicionados si sus líderes terminan cogidos de la mano de quien creen que encarna muchos de los vicios en contra de los cuales nació el Partido Verde, ya que tendrán quién exprese ese punto de vista al interior del partido. Y, en todo caso, le servirá a Peñalosa como herramienta de negociación para evitar que lo manoseen.

Con esta decisión de permitir el desacuerdo público sobre puntos fundamentales, el Partido Verde espera poder desuribizar la campaña y finalmente ponerse a hablar de sus propuestas para la ciudad y para el país, cosa que no ha hecho en el último año.

“Nuestro punto de partida no es Uribe, es lo que la ciudad está esperando de nosotros”, dijo a La Silla el concejal Antonio Sanguino.

Otros miembros del partido, como Sergio Fajardo, también esperan que superado este impasse -o por lo menos oficializado el hecho de que no se superará-, el Partido Verde se desbogotanice y comience a organizarse en el resto del país donde también hay aspirantes a concejos, asambleas y alcaldías.

Que el partido pueda moverse en la dirección programática y manejar el disenso interno frente al apoyo uribista como una fortaleza y no como un lastre dependerá del tono que utilice Peñalosa para relacionarse con el ex Presidente y con los partidos con los que quiera establecer una alianza.

Juan Lozano, el jefe del partido de la U, dijo hace unas semanas a La Silla Vacía que si ellos apoyaban a Peñalosa, querían que fuera una alianza formal, con los dos logos del partido en el tarjetón y todo. Con razón, el Partido de la U, que cuenta con la fuerza política más poderosa de la ciudad y la bancada más grande en el Concejo, pero que no tiene candidato, no quiere tener un tratamiento de segunda.

Pero Peñalosa ha dicho que él quiere ser el candidato de los verdes y no de dos partidos. A los verdes no les conviene tener ambos logos, no solo por sus implicaciones simbólicas, sino porque eso le cerraría las puertas a alianzas con otros partidos como la Alianza Social Indígena o incluso Cambio Radical y el Partido Liberal, que podrían terminar uniéndose a Peñalosa si sus candidatos no logran despegar.

La U todavía no se ha manifestado sobre la decisión de los Verdes y es improbable que La U logre un consenso como partido alrededor de Peñalosa. Pues mientras la cúpula lo quiere (Lozano, Armando Benedetti, Uribe y Miguel Gómez se han manifestado a favor de Peñalosa) y en cierta forma lo necesita para cobrar una victoria en Bogotá como propia, las bases y los dueños de la maquinaria se oponen. Pero varios de esos concejales que manejan los votos uribistas en los barrios, en todo caso, terminarán presos más pronto que tarde por sus nexos con el Cartel de la Contratación.

Lo que sí podría lograr el que el Partido Verde haya dejado la puerta abierta para que Peñalosa entable esas alianzas con personas de la U, es neutralizar las aspiraciones de Paulo Laserna y William Vinasco, que han sonado como posibles aspirantes para el partido de la U. Esto se sabrá en los próximos días porque La U hará una consulta interna para escoger sus ediles en las próximas semanas y para ese momento el jefe del partido ya quería poder anunciar quién sería su candidato.

Por ahora solo una cosa está clara: el Partido Verde le da la bienvenida oficial al apoyo de Uribe y a la vez institucionaliza la posibilidad de que una parte del mismo la rechace. Será el nuevo experimento político de Mockus.

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