Víctimas están frustradas con el ritmo de la Unidad de Desaparecidos

Víctimas están frustradas con el ritmo de la Unidad de Desaparecidos

Casi 20 años después de que sus padres fueran secuestrados y asesinados por la guerrilla de las Farc, la esperanza de Helmuth Angulo de encontrarlos se frustró por un documento.

Una hora antes de salir a buscar en San Juanito (Meta) señales de sus restos, la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas (Ubpd) —la entidad creada en La Habana para buscar a las personas que no volvieron a aparecer en medio de los 50 años de conflicto armado—le informó que la expedición no podría hacerse. Había dudas sobre el certificado que había hecho el Ejército en el que demostraba que en la zona no había minas antipersona.

Lo que decepcionó a Angulo no fue que la Ubpd cancelara la prospección —ese es el nombre técnico que recibe el acto de explorar un terreno por indicios de restos humanos— por el riesgo a que alguno pisara una mina. Más bien, le molestó que, tras un año de reuniones semanales de planeación, esta duda nunca hubiera surgido y que fuera planteada el mismo día en que se iba a empezar a buscar.

Además, ya había visitado el predio en donde posiblemente estén los restos de sus padres con un equipo forense, con excombatientes de las Farc, con la Fiscalía y hasta con el Ejército. Nadie había dicho nada de minas.

La frustración que siente Helmuth Angulo con la Unidad de Búsqueda no es única. Por el contrario, es el común denominador entre las víctimas que vieron con ilusión la creación de esta entidad en el marco del Acuerdo de Paz.

Y, ante la falta de respuestas rápidas de la Unidad, las víctimas están acudiendo a los excombatientes de las Farc directamente, saltándose a la Unidad.

Las víctimas desilusionadas con la entidad que crearon

La idea de crear una entidad que se dedicara exclusivamente a buscar desaparecidos en Colombia nació en octubre 2015 en La Habana. Se trató de un esfuerzo por reparar a las víctimas que no habían vuelto a saber del paradero de sus familiares y cuyos casos no avanzaban en la Fiscalía, pues en la justicia ordinaria eL foco está en dar con el victimario, acusarlo y lograr una condena.

Por eso, desde el principio, se concibió que la Unidad tuviera un carácter extrajudicial. Esto le permitiría obtener información de manera más fácil y rápida, puesto que, si quien conoce del destino de un desaparecido sabe que no va a tener que lidiar con un proceso penal, es posible que dé más datos que lleven a encontrarlo.

El carácter extrajudicial también permite ampliar el alcance de la búsqueda. Ya los investigadores no tendrían que ceñirse a rastrear exclusivamente casos de desaparición forzada, sino que podrían buscar a otras personas: militares, guerrilleros, niños que fueron reclutados y todos aquellos que no aparecen tras décadas de conflicto.

Así, la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas nació en 2018 y empezó a buscar en junio de 2019. Es una entidad única que no tiene precedentes en otros lugares del mundo y, para 2022, tiene un presupuesto de 142 mil millones de pesos.

Pero por delante tiene un fenómeno que ha desbordado todas las capacidades institucionales. Según el Centro de Memoria Histórica, desde 1975, 80 mil personas fueron raptadas y, en muchos casos, su paradero aún se desconoce.

Debido a que no solo buscan a las víctimas de desaparición forzada, las cuentas de la Ubpd van más allá. Según sus cálculos parciales, en Colombia 98 mil personas se perdieron durante los 50 años de conflicto armado. Este número no es final y la Unidad aún lo está construyendo con cruces de diversas bases de datos. Y, por su mandato, tiene que buscarlos a todos.

La Ubpd tiene ya 12.946 solicitudes de familiares que están buscando a sus seres queridos a las que tienen que responder. Para hacer esta tarea, tiene 350 investigadores en todo el país. Esto quiere decir que, en promedio, cada investigador tiene que buscar a 280 personas y tiene que responder por 37 casos abiertos. Todo esto en un plazo de 20 años.

También está el hecho de que una gran parte de los desaparecidos del país se encuentran en zonas en donde todavía persiste el conflicto. Y esto hace que la tarea de buscarlos sea de alto riesgo.

“Antes, los trabajadores humanitarios estábamos acostumbrados a saber qué actor armado controlaba un territorio. Ahora, eso es mucho más difuso. El escenario es distinto y la guerra se ha transformado. Ya no es tan claro que incluso los propios actores armados respeten el DIH entiendan lo que es el carácter humanitario”, dice Marcela Rodríguez, presidenta del Sindicato de Trabajadoras y Trabajadores de la Ubpd.

De hecho, la semana pasada, un grupo armado en Saravena (Arauca) les robó una camioneta a dos funcionarios de la Unidad que estaban en una misión de pedagogía en el día de las víctimas de desaparición forzada.

En estos dos años, son pocos los avances que tienen para mostrarles a quienes llevan años —en algunos casos décadas— procesando el duelo por un familiar del que no volvieron a saber.

Ese es el caso de Karen Sánchez, una estudiante de periodismo en Medellín, cuyo hermano, Leirman, fue reclutado por las Farc en agosto de 2007. Fue la última vez que lo vio.

En febrero de 2020, fue a la Ubpd para inscribir a Leirman y le dijeron que en un mes la llamarían para pedirle los rasgos que ayuden a identificarlo. Ocho meses después, luego de radicar un derecho de petición para saber en qué estado estaba su solicitud, recibió una llamada de un funcionario que le dijo que la Unidad había empezado a buscar a su hermano. Sorprendida, le preguntó a qué se refería, puesto que no había entregado todavía los datos que permitieran encontrarlo, y si lo que en verdad quería decir es que está en una base de datos para tener esa entrevista. El funcionario le respondió que sí.

“Yo lo interpelé porque soy estudiante y me he dedicado a buscar a mi hermano. Si hubiera sido mi mamá, o una persona que no tiene en cuenta lo que yo tuve, cuelga llena de ilusión y esperanza porque ya están buscando a su hijo; cuando, en verdad, no“, dice Sánchez. “La Unidad juega con la esperanza de las personas”.

La difícil tarea de la Ubpd

Para encontrar a los casi 100 mil desaparecidos, la Unidad construyó 18 planes regionales cuyo objetivo es no sólo encontrar cuerpos, sino ayudar a las víctimas a entender qué pasó y por qué pasó lo que pasó.

Así, como parte del espíritu restaurador y reparador del Acuerdo, la Unidad, en el mismo sentido que la JEP y la Comisión de la Verdad, no solo quiere resolver caso por caso. La idea de estos planes metodológicos regionales es encontrar patrones de desaparición y comprender el modus operandi de la desaparición en Colombia, con sus variaciones en cada zona, para que esta tragedia no vuelva a repetirse.

Esto implica cambiar el paradigma tradicional de búsqueda que aspira simplemente a encontrar los cuerpos y entregarlos a los familiares. Pero eso hace que la Ubpd no dé respuestas con la rapidez que sus familiares esperan, que era el punto de las víctimas al crear una entidad dedicada exclusivamente a encontrar desaparecidos.

Y, en la Unidad, son conscientes de ello.

“Yo les diría a las víctimas que comprendo muy bien la ansiedad y la necesidad de una respuesta rápida. La Unidad está comprometida en agilizar las respuestas a través de metodologías que sean mucho más comprensivas para contribuir a la verdad y no a respuestas aisladas que no les ofrecen verdad. Porque, cuando uno encuentra un cuerpo y se lo entrega a un familiar, no le está dando toda la verdad que ella necesita. Las preguntas de los familiares de desaparecidos son: ¿Qué pasó? ¿Por qué? Y eso no solo lo responde una entrega digna”, dice Luz Marina Monzón.

Además de este nuevo paradigma que se está construyendo, hay trámites internos qué hacen que la búsqueda no sea tan rápida. Es común escuchar a las víctimas decir que sus casos no avanzan porque en la Unidad hay mucha “burocracia”.

En la Unidad también son conscientes de esto y, por eso, desde hace dos meses, el sindicato y la dirección están trabajando para hacer que los trámites administrativos para entrar a un predio a investigar sean mucho más rápidos.

Debido a que en Colombia no hay un registro de tierras actualizado —y menos en las zonas rurales en donde más fuerte se vivió el conflicto—, la práctica de exhumar cuerpos se enfrenta a una serie de obstáculos legales. Por ejemplo, para empezar a buscar un desaparecido, el equipo de investigadores necesita, primero, el permiso del dueño del predio en donde se va a empezar a excavar. Y eso, en una vereda sin catastro, puede tardar meses.

Por eso, desde el sindicato de la Unidad, que también ha sido crítico de la manera en la que está funcionando la entidad, están pidiendo que el permiso no tenga que venir del dueño del predio, de quien tiene el título predial, sino de quien lo habita.

“Hay gente que vive en baldíos, en los parques nacionales, y, entre más cerca al conflicto, peor el escenario”, le dijo a La Silla Marcela Rodríguez, presidenta del sindicato.

Según lo que nos contó la directora Monzón, “estamos teniendo en cuenta lo que nos han retroalimentado los equipos en territorio. Lo que estamos haciendo ahora es documentando los contextos territoriales para poder tener un fundamento, porque lo que nos pide la norma es tener fundamento”, dice Monzón.

Pero el tiempo dedicado a cambiar el paradigma y a resolver estos trámites internos, que son característicos de una entidad que está empezando a arrancar, puede terminar jugando en contra de la Unidad. La razón es que buscar desaparecidos es una tarea muy difícil cuya dificultad aumenta con cada día que pasa.

“La búsqueda de un desaparecido no puede demorarse tanto. Cuando tú trabajas con fuentes de información tan sensibles, cualquier día cuenta”, dice Ana Carolina Guatame, coordinadora de Investigación Científica en Equitas, una ONG dedicada a la investigación forense.

La búsqueda de Helmuth Angulo para encontrar el cuerpo de sus padres es una muestra de esto. A comienzos de 2019, Angulo encontró a un excombatiente de las Farc que le dijo que, por la zona en donde supuestamente los asesinaron, él encontró unos cuerpos y los enterró, por orden de su comandante.

Angulo le dio esta información a la Unidad en abril de 2019 y en julio ese excombatiente fue asesinado. La Unidad no alcanzó a entrevistarlo y esa información se perdió.

Por eso, para avanzar con la rapidez que desean, los familiares de los desaparecidos están acudiendo a los excombatientes de las Farc. En muchos casos, son ellos quienes más datos les están dando.

Las ayudas de los ex Farc

“La Unidad de Búsqueda no ha funcionado, hace de todo menos buscar personas”, dijo Helmuth Angulo en el encuentro entre víctimas de secuestro y excombatientes de las Farc que organizó la Comisión de la Verdad en junio. “La comisión de búsqueda de las Farc ha sido el único método, que hemos tenido como familia Angulo, para poderlos encontrar”.

Desde que las Farc y el Gobierno acordaron crear la Unidad de Búsqueda, los entonces guerrilleros crearon una comisión dedicada exclusivamente a buscar desaparecidos. En ese momento, fue de los primeros gestos que mostraban un compromiso de la guerrilla con el Acuerdo y una primera oportunidad que tuvieron Gobierno y Farc de trabajar juntos

Una vez dejadas las armas, los exguerrilleros decidieron no acabar la comisión y continuar buscando desaparecidos; ahora se llama Comisión Nacional Farc para la Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas. La dirige el miembro del Consejo Político Nacional del hoy partido Comunes, Jaime Alberto Parra (conocido en la guerra como “Mauricio Jaramillo” o “el Médico”), y cuenta con 101 excombatientes.

Esta comisión viaja por todo el país hablando con otros excombatientes para tratar de saber algo de los desaparecidos que están buscando. Pero no son entrevistas individuales, sino que son encuentros colectivos en los que, juntos, intentan recordar qué pasó con esos desaparecidos.

“La estructura político militar que teníamos hace que la dinámica de nuestra memoria sea colectiva. Siempre lo hacemos en conjunto”, dice Jhon León, miembro de esta comisión.

En estos seis años, los excombatientes le han entregado a la Unidad 400 formatos con datos y detalles de personas desaparecidas.

Pero no solo lo han hecho a través de la Ubpd, sino con las víctimas que los han buscado independientemente. Y son ellos quienes les han dado más detalles de sus familiares.

A Karen Sánchez fueron los ex Farc quienes le confirmaron que su hermano había muerto. Según los testimonios que recogió de más de veinte excombatientes, su hermano murió en un combate con el Ejército. Gracias a esto pudo hacer una ceremonia con su familia para despedirlo.

“Hablar con ellos es muy difícil, porque están en zonas donde no es fácil la comunicación, pero están muy dispuestos. Ellos son los que se han puesto la diez. Tres de ellos me confirmaron qué había pasado, otros me contaron qué hacía en la guerrilla”, nos dijo.

A Helmuth Angulo, la Comisión Farc le ha ayudado a delimitar el perímetro en el que posiblemente se encuentren los cuerpos de sus padres. Esa información se la pasó a la Ubpd y, en unas semanas, está agendada una expedición en la que también estarán algunos excombatientes para acotar aun más el área de búsqueda.

Compartir
0