Voces de Arauca: sobrevivir en una sociedad infiltrada por dos guerrillas

Voces de Arauca: sobrevivir en una sociedad infiltrada por dos guerrillas
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La guerra entre guerrillas en Arauca suma casi 40 asesinatos selectivos en lo que va del año, un carro bomba, secuestros exprés, toques de queda ilegales y hasta amenazas de minas antipersonal. El fantasma de la guerra anterior entre las Farc y el ELN ronda un departamento con una relación única con la insurgencia, que ha penetrado el tejido organizado de sociedad. 

Por ejemplo, un panfleto de las disidencias, firmado por el Comando Conjunto de Oriente, señala a directivas de organizaciones sociales, comunitarias y medios de comunicación como miembros de la guerrilla. “Sus comandantes de la dirección del frente urbano (del ELN) que operan tras una fachada mezclados con la población civil, y representados por las distintas organizaciones sociales que hacen control territorial en el departamento de Arauca”, dice el primer párrafo.

En Arauca hay documentadas relaciones entre la guerrilla, la clase política y las organizaciones sociales. Por ejemplo, un gobernador fue condenado por elenopolítica y otros dos están siendo investigados. Eso ha generado una violencia distinta. A pesar de haber sido un blindaje contra el paramilitarismo, como sostiene el Centro de Memoria Histórica, las guerras entre guerrillas han dejado su propia estela de sangre que involucra especialmente a la población civil.

Estos cuatro testimonios, de personas que viven en el departamento y hablaron a condición de no revelar sus nombres, lo ilustran.

Defensor de derechos humanos en zona de influencia de ambas guerrillas

Yo he sobrevivido a varias amarradas de manos y pies, acusándome de colaborar con la fuerza pública. Ahí he tenido dos formas de salvarme. La primera es la comunidad que lo conoce a uno y lo defiende. Uno les dice “vea mano, pregúntele al personero, pregúntele a las juntas de acción comunal cuál es mi trabajo”. La otra, son esos conocidos en la tropa guerrillera. “Llámenlo, pregúntenle al comandante tal por mi”.

Arauca es un polvorín. Hay tiempos de paz en que es muy chévere visitar a las comunidades, enseñarles de la defensa del territorio, construir un plan de vida para que haya oportunidades de estudiar, de trabajar. Hay otros momentos, como hoy en que uno maldice y dice “en qué momento escogí esto”.

Mi familia es de tradición en Arauca, tengo parientes en todo lado. En todo Arauca y en todo grupo armado. El hecho de usted pertenecer a cierta familia y que su familia tenga más gente en un grupo ya lo identifican a usted con ese grupo. Partiendo solo de que usted por ser pariente ya puede llevar una razón, ¿sí?

A finales de los 80, yo aún era un adolescente y viví la primera disputa entre las guerrillas. Tenía casi 10 años cuando vi mi primer cadáver, mi padre. Él tenía vocería en el pueblo y un par de parientes también eran líderes. Los abalearon a los tres y en el centro de salud solo pudieron atender al que llegó primero.

Aquí hay una costumbre mafiosa y es que tarde o temprano le cuentan por qué mataron a su familiar. Fue por asociación con una de las guerrillas.

Poco después me vinculé a un movimiento juvenil. Ahí empecé a trabajar en derechos humanos. Como nos criaron pues así, muchos somos de pensamiento de izquierda. Pero la izquierda se puede dividir en dos partes. La izquierda ideológica y la izquierda militar. No son lo mismo, no.

Entonces, los que no elegimos la vida armada no significa que no conozcamos a los que se fueron para allá. Uno todos los días se ve con ellos, se ve la cara. Y si trabajo en derechos humanos pues claro que tengo que hablar con ellos. Es el ojo del huracán.

Yo conozco a los comandantes de ambas guerrillas y sé quienes son. Desgraciadamente en pueblos como del que yo vengo, usted tiene que colaborar, y a ambas partes. Yo he colaborado, por ejemplo, enseñándoles sobre derechos humanos, de derecho internacional humanitario. Decir que “no” es ganarse un enemigo encima. Puede que no lo maten ahí mismo pero en situaciones como ésta, en la que acusan a todo mundo de estar de un lado o del otro, vienen y se la cobran.

Líder político en zona de influencia del ELN

Aquí todos los que hemos sido concejales o diputados ya de una somos sospechosos. Se aplica el decir, que aquí es norma: el que no está conmigo, está contra mí. Si usted es alcalde o fue alcalde o concejal de un municipio en el que no hay influencia Farc entonces usted es del ELN, y viceversa. Por esa sospecha están matando gente aquí.

Cualquier posición social que usted tenga, sea de presidente de junta de acción comunal de una vereda escondida o sea un simple asociado de una empresa de transporte, basta para que usted tenga un rótulo.

Y el asunto es que si usted quiere trabajar aquí en Arauca, tiene que pertenecer a un movimiento, agremiación, lo que sea. Como aquí esos espacios ya están asociados con un lado o del otro (disidencias Farc o ELN)...Eso no significa que todos los asociados tengan vínculos con la guerrilla. Tampoco significa que a usted le den trabajo en tal lado porque llegó con un vikingo, esos mensajes de papel que envían las guerrillas recomendado, no.

Lo que medio le agradece la gente a la guerrilla es que contienen la delincuencia común. Cuando llegan dos tipos en una moto a su finca y le piden que colabore con un becerro, usted inicialmente no se niega por miedo. Y ya luego se va acostumbrando. Entonces para que no le duela tanto entregar el becerro se dice a usted mismo, “pues estos hasta ayudan”.

Con eso ya tiene usted para que lo vinculen con algún grupo. Pero en general la mayoría huye a esos vínculos porque es exponerse o a capturas o a que lo corran de su pueblo o a que lo maten.

A mi me ha tocado irme por temporadas y volver porque no he querido colaborar. Me ha tocado estar por fuera hasta seis meses, mientras se calman las aguas. Una fue por un papelito. Me lo entregaron y me dijeron: “lea esto y rómpalo, delante mío”. Usted ve los logos y mira la firma. ¿Qué más va a hacer? No es una carta de amor.

La tercera vez que me tocó irme fue porque no quise desistir de una aspiración. Me mandaron a alguien en una moto. El man me dijo: “me da pena decirle lo que tengo que decirle, pero quédese quieto”.

No desistí, pero sí me tocó asumir bajo perfil. Y fue por ese mismo rótulo que le ponen a uno. Como toda campaña está vinculada a otra, entonces los que aspiran a la Cámara están comprometidos con uno al Senado y los que van a Asamblea tienen vínculo con tal candidato a Alcaldía o tal candidato a la Gobernación. No fue por mi, fue por las personas que yo estaba apoyando.

La gente vive diciéndole a uno “tenga cuidado, tenga cuidado con quien lo ven”. Ayer me encontré con un candidato y llegábamos a la siguiente conclusión: si uno sale a hacer campaña fuerte, la gente ahí mismo dice “mirá, este por qué sí se mueve en las veredas con facilidad, seguro es que pactó con ellos”. Y si por el contrario usted no sale, dicen “a ese seguro no lo dejan venir por acá porque está con los otros”.

Exfuncionario público que hizo trabajo social en el departamento

Que nos digan que somos guerrilleros es un letrero que todos aquí llevamos. Si tiene cédula de Arauca ya usted es guerrillero. La población siempre ha estado inmersa entre las guerrillas. Quiera o no quiera. Y ha ido mutando. Lo que empezó como un apoyo a un grupo de personas del pueblo que asumían responsabilidades del Estado hoy es obligación o afinidad, a veces sin darse cuenta.

Hay casos en los que los directivos de una asociación o de una junta de acción comunal son inducidos. “Que vea que el Estado no les ayuda para nada, reciba estos computadores, nosotros enviamos los capacitadores”. Claro que saben que es plata ilegal pero es que lo ilegal acá es la ley.

Después, les dicen “vea, vaya a la Alcaldía de allá les van a dar un proyecto de fortalecimiento”. Y allá en la Alcaldía tienen a tal persona que les ayuda. Así, sin ningún esfuerzo, resultan dos actores legales, Alcaldía y asociación, permeados por ilegales. Y de ahí para abajo, todos los que tengan que ver con el proyecto pues van a tener relación.

A mi me han dicho: “Doctor, imagínese que me llegó el ELN, que quieren poner a estudiar a mi hijo. Me le pagan todo en Bogotá. Lo único es que cuando termine tiene que venir acá a colaborar”. Y esas colaboraciones no son empuñando armas, no. Es el capacitador de la asociación o el funcionario de la Alcaldía.

Algunos aceptan esos tratos. Y no porque quieran que su hijo sea guerrillero. Es porque no ven de qué otra manera podrían mejorar su calidad de vida y que su hijo no termine, ahí sí, de camuflado.

Líder campesino en zona de influencia de las Farc

Tenía como ocho años la primera vez que los vi por ahí armados. Yo conocía que existía la fuerza pública pero a ellos no los conocía. Vivíamos en un pueblito y ellos a veces salían a hacer sus compras y en esa época pues sí mantenían armados. El día que los vi pues le pregunté a mis papás y me explicaron: “vea esa es gente que pone un orden, hay que tenerles respeto”, así más o menos.

Luego, ya más grande me enteré de las normas. Que los negocios están abiertos hasta cierta hora por ellos. Que si había una riña, a los implicados les tocaba ir a donde ellos.

Y hubo un tiempo, cuando yo era adolescente, como en los noventa, que una de las normas era estar organizado. Bien sea en la junta de acción comunal como parte del comité de salud, de deporte o en el sindicato tal o lo que sea. Usted tenía que estar al menos afiliado.

Apenas usted cumplía 14 años ya se podía afiliar a la junta de acción comunal.

Yo pertenecía a una organización de la iglesia, era animador. Acompañaba a los sacerdotes a las veredas que a preparar el altar o que a abrir los portillos de las fincas. En esos recorridos era muy raro ver a Fuerza Pública patrullando o algo así. En cambio sí los veía (a las guerrillas) haciendo reuniones, dando información, contando qué estaban haciendo.

Incluso en los colegios. Una vez yo estaba en clase y nos mandaron a llevar. Citaron a los profesores y a los estudiantes. Le explicaban a uno qué hacían, como reclutando, convenciéndonos que nos fuéramos con ellos.

En la organización de la iglesia que yo estaba no comulgaban mucho con eso. Pero varios amigos míos sí se salieron del colegio.

Igual, así usted no se vaya con ellos, llega el día en que le toca colaborar. Mi familia siempre tuvo negocio y había que aportar. Pero además de eso, ellos tienen propiedades, gente que les trabaja fincas. A mi uno de esos me pidió que le prestara una motobomba. “Necesitamos que la lleve a tal lado”. Vaya y llévela.

Uno también mira si puede o no puede colaborar, claro. A veces uno decía no, hoy no puedo. Dependiendo de su posibilidad. Pero si se niega siempre, le toca irse.

En su momento, yo sí lo entendía como una lucha de justicia social, la verdad. No como para irme a empuñar armas pero sí le veía como un propósito. Pero ya no. Ya uno ve que ahí hay es solo intereses de ellos. Ya en lo que ayude hoy, es puro temor.

Y ese mismo temor es el que buscan hoy amenazando a la gente. Entraron en la lógica perversa de debilitar a la comunidad debilitando a sus líderes. Y se supone, tal y como ellos le echaban el cuento a uno, que ninguna insurgencia puede subsistir sin el apoyo de la comunidad.

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