¿Volverá a jugar el pasado de Petro en esta campaña?

¿Volverá a jugar el pasado de Petro en esta campaña?
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Esta semana, el tema que más incomoda a la campaña de Gustavo Petro volvió a salir a la luz: su pasado como guerrillero del M-19. El ex ministro Fernando Londoño, reconocido por sus posiciones de derecha, sacó a relucir de nuevo en su programa de radio La Hora de la Verdad y ayer en su editorial del diario El Tiempo, una supuesta inhabilidad que tendría Petro por haber pertenecido a un grupo guerrillero y haber sido condenado a prisión por porte ilegal de armas.

El tema de discusión es la condena que le fue impuesta a Gustavo Petro en 1985, luego de que fuera capturado y condenado por el Ejército a pagar veinte meses de prisión por porte ilegal de armas. Esa captura fue hecha cuando el Gobierno había decretado el Estado de Sitio para perseguir a los guerrilleros del M-19 y los civiles podían ser juzgados y condenados por el Ejército. Petro, en efecto, pagó 18 meses de prisión y fue liberado por pena cumplida.

Los argumentos que entregó Londoño ya habían sido un tema de discusión el año pasado cuando Petro aspiró a la Presidencia y son más políticos que jurídicos dado que el Consejo Nacional Electoral, que es la última palabra en este tema, ya se pronunció a favor del candidato.

Antes de comenzar en forma la campaña presidencial, en octubre de 2009, el concejal  de la U, Orlando Parada, elevó una consulta ante el Consejo Nacional Electoral para que determinara si Petro podía participar en la contienda. El argumento de Parada en ese momento fue que la Constitución había sido modificada dos meses y medio antes con un acto legislativo que determinó que “ninguna persona que haya sido condenada por haber sido miembro de una organización subversiva o miembro de un grupo paramilitar o narcotraficante, puede ser elegido para una corporación, una alcaldía, gobernación, o a la Presidencia de la República".

En esta ocasión, Londoño va mucho más allá. El ex ministro toma un artículo de la Constitución donde se inhabilita para ser Congresista –alcalde en este caso– a cualquier persona que haya sido condenada por delitos distintos a los políticos y dice que la condena que mandó a la cárcel a Petro es de tipo penal y no político, y nada tiene que ver con que el candidato haya pertenecido al M-19. Y uno de sus argumentos es que el Ejército fungía como juez y podía condenar; además, que dentro del indulto que el Gobierno firmó a favor de Petro, había varios delitos, pero no el de porte ilegal de armas.

La respuesta de Petro es que su captura se dio porque era militante activo y público del M-19 y con base en una resolución que fue decretada en Estado de Sitio. Eso la hace política, según el candidato, sin contar con que él sigue diciendo que le hicieron un montaje, porque ese día no tenía un arma y que, durante su reclusión, fue torturado.

Además, asegura que su condena fue impuesta por el general Jesús Armando Arias Cabrales y no por un juez de la República y eso prueba que todo su caso estaba conexo con su militancia en el grupo guerrillero y que por lo tanto es un delito político que está por fuera de la prohibición de la Constitución. “Londoño equipara las decisiones que tomó un militar en esa época con una sentencia judicial como si los  militares tuvieran la misma validez que la justicia ordinaria”.

Dijo que “los de la U y quienes me atacan” intentan también tumbar el proceso de paz que se firmó con el M-19, porque están obviando que él fue encarcelado por ser parte del M-19 y que quienes participaron en ese proceso de paz no eran culpables de ningún delito atroz. Además, recuerda que su indulto fue dado por la toma del Palacio de Justicia que años después, en 1990, una juez de la República ordenó reabrir para después excluir de ese proceso a Petro, porque en el momento de la toma estaba en prisión y no era posible probar su participación en el ataque guerrillero.

Pero el argumento que más favorece a Petro, y que debería cerrar esta discusión por lo menos en el terreno legal, es que este caso ya fue decidido por la autoridad electoral. En octubre de 2009, el Consejo Nacional Electoral concluyó que Petro no tenía ninguna inhabilidad.

Un magistrado que hizo parte de la sala que estudió el caso recordó a La Silla Vacía que nunca apareció algún documento que acreditara una condena y, como ese proceso pertenecía a la época de la Justicia Penal Militar, no tenía validez penal, sino política, pues en esa época condenaban por resolución y no por sentencia.

Y esta misma semana, uno de los magistrados del CNE, Gilberto Rondón, dijo que el indulto que cobijó a Petro extinguió el delito político por el que fue condenado y por ello no hay ninguna inhabilidad. Con eso, la discusión jurídica pierde peso.
 

Una jugada política

Pero más allá del debate jurídico, la verdadera implicación que puede tener el tema para el candidato Gustavo Petro es política. Su pasado guerrillero es uno de los temas que más pesa en su contra en las encuestas a la hora de medir a las personas que nunca votarían por él y por ello siempre ha sido visto como su punto más débil.

Algunos analistas consultados por La Silla Vacía creen que ese tema pesará mucho más en esta campaña que su disputa con el Polo, su falta de experiencia ejecutiva, o el antagonismo con el ex presidente Álvaro Uribe y sus seguidores.

El mismo Petro le dijo a La Silla Vacía que esto es una campaña de la extrema derecha que quiere acabar con su candidatura y no dudó en culpar a la U –que apoya a su contendor más cercano Enrique Peñalosa– como culpable de las denuncias que calificó como mal intencionadas.

La pregunta es qué tanto daño le puede hacer a Petro ese tema y tal vez la respuesta solo la entregue la próxima encuesta.

Los escenarios son varios. El peor para la aspiración de Petro es un escenario de mayor polarización en la campaña. Cuando Peñalosa ganó la Alcaldía, lo hizo por la polarización y cuando perdió, ocurrió por lo mismo, lo que marca una tendencia de la votación en Bogotá.

Sin embargo, Enrique Peñalosa, que es el candidato con quien por ahora Petro está compitiendo por la Alcaldía, no quiere polarizar. En un debate que organizó anoche el Instituto de Ciencia Política, dijo que “está en desacuerdo con los personajes que han intentado descalificar a Gustavo por haber estado en la cárcel”. Y el resto de los candidatos tampoco han mostrado intenciones de polarizar la campaña, el discurso de la mayoría ha sido de centro y todos han coincidido en tener posturas de izquierda en los temas sociales y de derecha en los temas de seguridad. La campaña de Peñalosa hasta ahora le ha apostado a la 'desconcentración', es decir, a que haya muchos candidatos que se repartan la votación entre sí y que él, que cuenta con Uribe y en teoría con la maquinaria de la U, pueda conservar el liderazgo.

Pero Petro insiste en que son la derecha y los políticos de la U los que están haciendo esta campaña en su contra, y tal vez por ello se animó a pedir al Partido de la U que le retirara los avales a varios concejales que, según él, fueron parte activa del llamado "carrusel de la contratación". No se sabe si esa denuncia ya estaba planeada o es parte de la reacción por los ataques del comienzo de semana que hicieron tanto eco en las redes sociales.

Un político que está haciendo campaña en Bogotá dijo a La Silla Vacía que el peligro con este tipo de estrategias es que los ataques se devuelvan. “En política funciona el ataque cuando se destruye al enemigo; de lo contrario el destruido termina siendo el agresor”, dijo.

Si esto ocurre, viene el segundo escenario en que Petro podría pasar esta prueba sin que la ciudadanía quiera revolcar su pasado como guerrillero. La forma como se realizó el ataque contra el candidato le quita credibilidad, pues sus protagonistas fueron Fernando Londoño por radio y José Obdulio Gaviria en twitter, cuyas posiciones radicales de derecha y con frecuencia falaces contra personas que vienen de la izquierda no tienen mucha incidencia entre la gente de centro que sigue indecisa o o la que ya decidió que votaría por Petro.

Una medida del daño que le pueda causar a Gustavo Petro este ataque y el recuerdo de sus días como guerrillero del M-19 se podrá ver en las próximas encuestas. Mientras el porcentaje de personas que dicen que nunca votaría por él no se altere, lo que seguirán haciendo Petro y su campaña es intentar cautivar a los indecisos.

Esas próximas encuestas serán importantes también porque permitirán medir qué tanto perdieron los candidatos jóvenes –Gina Parody, David Luna y Carlos Fernando Galán– por no unirse y el impacto que tuvo el lanzamiento de la campaña de Mockus, que tendrá repercusiones directas sobre las posibilidades de una unión entre él y Petro. Pero será también la medida de qué tanto afectará a Petro su pasado como guerrillero.

Si los efectos de esta arremetida no son significativos, la posibilidad de Petro de pelear por la Alcaldía es muy grande, pues antes de que llegue el momento más álgido de la campaña, lo hicieron enfrentar su Talón de Aquiles.