¿Qué retos hay para Bogotá en el 2020?

Debate

Los retos que vienen para Bogotá en el 2020 dependen tanto del gobierno entrante como de la ciudadanía. Para los expertos de la Red Cachaca es importante pensar en la construcción de una cultura ciudadana que permita pensar en diversidad, equidad e inclusión. Pero a la nueva alcaldesa también se le vienen retos por resolver en materia de movilidad, seguridad o medio ambiente.

Expertos

Marcela Guerrero Casas
Marcela Guerrero Casas

Los retos para Bogotá son diversos. Me remonto a los acontecimientos de las últimas semanas que resaltan un descontento no solo a nivel ciudad sino a nivel nacional, pero creo que en el 2020 este descontento se tiene que manejar de alguna manera. Deber haber una respuesta muy consciente y concreta.

Otros temas que son más a largo plazo son cosas como la movilidad y el tema de la calidad del aire. Desde mi punto de vista esos son temas que requieren prioridad, sobre todo porque son temas que son proyectos de varias administraciones, entonces, entre más pronto se pueda hacer un análisis de consciencia sobre lo que se necesita para resolver este tema, mejor para la ciudad. 

En temas de transporte público tenemos que pensar de una manera comprensiva: el metro es muy importante, mejorar el tema de Transmilenio; pero también cómo el tema del transporte no motorizado juega un papel constructivo, pero no se puede mirar de una manera aislada. Se tiene que mirar todo esto como si fuera un rompecabezas y trabajar sobre todas esas piezas es la clave. 

Una de las cosas donde existe una gran oportunidad es justamente en la participación ciudadana. Si hay algo que las demostraciones en las últimas semanas han mostrado es que existe una sed de participación y de expresión que ojalá se pueda canalizar el próximo año, y esto no depende solo del gobierno, depende de todos los sectores de la sociedad. Pero creo que en el tema de la movilidad y la calidad del aire hay una gran oportunidad para que las voces de la sociedad civil y de los sectores públicos y privados se escuchen y que se realice un diálogo constructivo y a largo plazo, porque estas propuestas son de larga envergadura. 

Stefan
Stefan Ortiz

En el 2020 considero que Bogotá se enfrenta a tres grandes retos. 

Uno es entender y volver a pensar sus relaciones ambientales. Esto viene de superar una visión muy simplista y lineal que tenía la alcaldía de Enrique Peñalosa sobre el medio ambiente. Entenderlo más allá de una serie de parques lineales, canchas sintéticas o de pocas especies sembradas de árboles. Hay que superar esa visión de que la naturaleza es un aspecto aparte del hombre y que además está a su servicio para transformarla y degradarla o urbanizarla. Entonces creo que tenemos que empezar a pensar la relación entre seres humanos y naturaleza como un tema de transformaciones y necesidades mutuas, vitales para la permanencia de la vida en el territorio Bogotano. Entonces tenemos que incluir en cómo nos pensamos a Bogotá como espacios que le abren opciones a seres vivos que no necesariamente son humanos.  

Esta visión se debe reflejar como condicionante a cada una de las acciones que se propongan en el POT. Esto hace que lo ambiental sea un eje transversal al plan y la forma de hacerlo es justamente poniendo como eje central la estructura ecológica principal, que va más allá de unos parques urbanos o de unos cuantos espacios verdes. Hay que entender que Bogotá se asienta en un esqueleto del cual depende su vitalidad y su viabilidad como espacio de vida para sus pobladores. 

Entonces creo que es clave el pacto  ambiental que firmó Claudia López con una serie de organizaciones ambientalistas de la ciudad y de su ruralidad. Acá, en varios puntos se recoge buena parte de la  estructura ecológica principal, y da que una expectativa de que, si se cumple el pacto, se va a fortalecer y a proteger esa estructura ecológica. Así es que creo que cualquier acción del POT, sea de transporte, infraestructura pública, inversiones o construcción, debe considerar como condicionante los aspectos ambientales, por ejemplo, la mejora de la calidad del aire, de los espacios verdes en la ciudad, la diversificación del arbolado. Se debe considerar la vida no humana dentro de la ciudad y en la ruralidad como polinizadores, aves, y especies que también habitan en el territorio y que el POT también debe considerar. 

Otro elemento clave es reconocer la ruralidad y sus habitantes. Bogotá tiene ruralidad y tiene campesinado, y esa población campesina habita unos ecosistemas fundamentales, creadores de agua, páramos, cuencas hidrográficas y otros espacios qué hay que proteger reconociendo que en ellos habita gente que se organizando a lo largo de varias generaciones, y ha generado iniciativas y propuestas que permiten la permanencia cultural y de sus prácticas campesinas, armonizadas con la conservación de ecosistemas. Una de esas propuestas es la figura de zonas de reserva campesina, que ya está lista para ser constituida en el Sumapaz pero ha tenido unas trabas políticas. Estas son unas figuras alternativas de conservación entonces sería un gran regalo para Bogotá que la alcaldesa entrante ayudara a impulsar esa figura. 

El tercer reto es entender la participación como un asunto de ampliación de la democracia y no solo como un tema de divulgación de la política pública. Hay que reconocer los procesos comunitarios o barriales que son propuestas concretas e inteligentes y adaptativas de la gente a las necesidades de sus territorios. Entonces gestión pública participativa debe partir del reconocimiento de ese saber hacer y de esa capacidad de la gente de encontrar soluciones a los problemas. No entender la participación solamente como un tema de divulgación de políticas públicas ya formuladas, rígidas y sin ningún tipo de posibilidad de co gestión o co creación. 

Bogotá y su ruralidad se transforman de la mano con las iniciativas que hay de colectivos y acueductos o redes de veeduría ciudadana que pueden enriquecer la gestión de la nueva alcaldía.

Carlos Felipe
Carlos Felipe Pardo

En general hay un reto de consolidar un acuerdo de cuál es la ciudad a la que todo el mundo quiere realmente llegar. Un acuerdo general entre los actores clave dentro y fuera del gobierno sobre cuáles son las no negociables de la política pública de Bogotá y cuáles son las cosas que se deben debatir. Sin esos acuerdos vamos a volver a tener cuatro años de peleas constantes y cero avance en lo fundamental (como las pasadas dos administraciones).

Partiendo de esto creo que uno de los temas principales del próximo año va hacer identificar las políticas buenas que realizó este mandato y avanzar en ellas. Es difícil saber cuáles son realmente buenas y el resto va a hacer discernir entre lo que es realmente bueno y lo que es puro show. 

En movilidad, aunque suene un poco patético, el reto principal va a ser la congestión vial. Es un problema que nunca hemos podido resolver de fondo y este va a ser el año en que va a estar mucho peor todo. Específicamente, en este punto, de seguridad también creo que hay que consolidar el modelo de seguridad vial y no echar ni un solo paso atrás en la implementación de lo que ha hecho, que es crucial. 

Otro punto que me parece clave es el tema de la seguridad. Aunque este mandato lo ha trabajado mucho, hace falta implementar ciclo-infraestructura para bicicletas en el sur y el occidente de la ciudad, Y siendo el primer año de mandato deberían hacer todas las medidas impopulares de racionalizar el uso del automóvil particular (Liberar la tarifa de estacionamientos, valorar si realmente pueden hacer cobros por congestión, etc). Y por último, aunque no tengo datos concretos, percibo que el Sitp provisional necesita controlarse y ojalá erradicarlo.

Esencialmente, el problema es que vamos a tener un trancón inigualable con las obras que vienen, y se han identificado durante el mandato actual muchos temas que simplemente no se pudieron trabajar o no se hicieron por cualquier razón. La ciudad está en un momento en el que necesita comenzar a tomar un montón de decisiones difíciles y le tocó a Claudia y su gente tomarlas.

Creo que la resolución de estos temas depende de que se mitigue la politiquería en los diferentes bandos existentes a nivel local y nacional, porque lo único que ha pasado en los últimos ocho años ha sido una feria de funcionarios y políticos bloqueando en diferentes proyectos un montón de proyectos con instrumentos legales, indiferente de si son relevantes o útiles o buscan una meta que le sirva la ciudad. 

Andrea González
Andrea González

Uno de los retos que tiene Bogotá para el 2020 son temas de diversidad, equidad y de inclusión. Sabemos que Bogotá es una ciudad receptora de población migrante, en este momento venezolana, además de toda la migración interna y el desplazamiento que sigue habiendo en nuestro país y que llega principalmente a Bogotá. Creo que se debe trabajar desde una cultura de la empatía ciudadana, para valorar la diversidad cultural y valorarla como una oportunidad de aprendizaje para que Bogotá pueda ser una ciudad intercultural, como dice ser, pero a la que todavía le hace mucha falta visibilizar múltiples culturas que podrían llegar a hacer de Bogotá una ciudad muy diversa. 

Creo que las prioridades son justamente el respeto frente a esas diferencias, frente a la diversidad. El respeto y la inclusión a lo que cada cultura representa y a lo que cada comunidad exige y representa para poder continuar preservando su cultura. Tenemos que reconocer esa variedad y darles la posición que se merecen. 

Estas son prioridades porque, como hemos podido ver en el contexto del paro nacional, y como hemos visto en la forma en la que la sociedad se está manifestando, necesitamos que exista una empatía y que dentro de nosotros como ciudadanos haya un respeto hacia el otro y se acabe la indiferencia frente a los problemas de los demás, que nos entendamos como iguales. Esa empatía puede ayudar a que se mitiguen otro tipo de problemas como la pobreza o la desigualdad en otras esferas. 


Para que estos retos se puedan solucionar en el próximo año, depende de una voluntad política grande por interesarse y abrirse a otras formas de ver la vida: a otras opiniones, culturas y tradiciones. Esta tiene que ser la primera manera, involucrar esas otras visiones en todos los procesos de creación de programas y de proyectos, y saber que ese es un camino muy viable para poder construir una ciudad más solidaria y respetuosa con la diferencia. Todo depende de una voluntad política que tiene que existir para poder integrar todas las opiniones de la Bogotá intercultural que somos a esos proyectos.

*Este es un espacio de opinión y debate. Los contenidos reflejan únicamente la opinión personal de sus autores y no compromete el de La Silla Vacía ni a sus patrocinadores.

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