OPINIÓN

¿Cuál país mandará sobre el otro?

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Ilustración: Los Naked.

Hay dos países en Colombia, dos legalidades, dos autoridades, dos (o más) ejércitos regulares, dos regímenes para la libertad de los niños, las normas laborales de los papás, dos sistema de tributación, dos formas de distribuir riqueza.

Uno, el país de las normas constitucionales, leyes, decretos, relaciones internacionales, gasto estatal, carreteras, empresas formales, demandas, abogados y jueces. Otro, el país lejano dominado por las plantaciones de coca y la cocaína, las armas ilegales, la ley del monte, los secuestros y reclutamiento de niños, la violación sistemática de las hijas de los campesinos, la esclavización de sus papás, los carteles trasnacionales, las trochas, las lanchas super-rápidas y los submarinos. ¿Cuál país gobernará sobre el otro?

Las plantaciones de coca son legales en la segunda Colombia. También se puede argumentar que el tráfico de cocaína fue legalizado de facto, no de jure, desde cuando aparecieron los falsos positivos, en 2006. 

Petro propone que Colombia legalice abiertamente la producción y el tráfico de cocaína. Es el primer paso para unir a los dos países. Se respira un optimismo gubernamental de que la despenalización, la regulación y la tributación acabarán con las mafias del tráfico de cocaína y llevaría a una nueva Colombia, luego de 40 años de agonía. 

Dos hechos han sido centrales a este primer mes de gobierno. De un lado, 16 municipios de Nariño, El Cauca y Valle del Cauca quieren formar un nuevo departamento. Comparten algunas similitudes: se encuentran en la parte sur de la cuenca del Pacífico, están dominados por una paramilitares y guerrilleros, albergan enormes plantaciones de coca y laboratorios de cocaína, se encuentran cerca de la costa, por lo que son logísticamente adecuados para la exportación de productos ilegales, tienen instituciones muy débiles, carecen de carreteras, servicios públicos, oportunidades de empleo y estado de derecho.

Si uno viviera en uno de esos 16 municipios, probablemente querría tener un nuevo Departamento. Eso les daría autonomía en el manejo de los presupuestos de salud y educación, actualmente asignados por las capitales departamentales. Asimismo, administrarían las regalías asignadas y otras inversiones.

Esto ha ocurrido en el pasado, por ejemplo en Caldas, Tolima y Casanare. Cada vez que hay suficiente poder local y dinero se fuerza una descentralización de la capital regional. El elemento preocupante aquí es que la nueva riqueza proviene de fuentes ilegales. Pero uno tiene que admitir que difícilmente les puede ir peor a esos municipios.

La sordidez de la situación tiene muchas aristas. La anarquía podría volverse intratable con una capacidad administrativa mínima, en lugares dominados por mafias. Estos municipios podrían caer aún más en conflictos y corrupción generalizados.

En otra región de la segunda Colombia, El Catatumbo, dominada por guerrilleros del ELN y los cocaleros, Petro fue recibido en la plaza principal por miembros de la “guardia campesina”. Tras un consejo de seguridad, anunció que realizará en la región la primera “Asamblea Nacional de Cocaleros” del país. Dijo que habrá más diálogo y que el Catatumbo será la capital y primera línea de paz en Colombia.

Es decir, Petro quiere unir a los dos países, lo cual está bien. Por fin un presidente se entera de que el litoral de Nariño y Cauca existen, entre otras regiones, y que son parte de su responsabilidad, cosa ausente desde tiempos inmemoriales.

La pregunta es ¿cuál país mandará sobre el otro? Después de cuarenta años la primera Colombia ha fracasado para mandar sobre la segunda. Petro propone algo como que la segunda se mande sola, y que la primera acepte sus normas. Esa parece una condición de su Paz Total.

Inclusive, su propuesta más audaz y preocupante en este primer mes de gobierno es que en determinadas condiciones y regiones, la segunda Colombia mande sobre la primera.  

En particular, el presidente dio facultades a los alcaldes para que puedan dar órdenes al Ejército Nacional, algo abiertamente inconstitucional. El artículo 189, numeral 3 de la Constitución dice que es prerrogativa exclusiva del Presidente de la República dirigir la Fuerza Pública y disponer de ella como Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas.

Sobre todo, un número significativo de alcaldes en municipios distantes, particularmente aquellos con grandes plantaciones de coca y presencia generalizada de laboratorios de procesamiento de cocaína o guerrilla, han sido elegidos con dinero y abierta influencia de narcotraficantes o guerrilleros. Eso podría significar que, a partir de ahora, los malos estarían básicamente a cargo de los militares. Sería devastador para la seguridad, la moral de las Fuerzas Armadas, la población no esclavizada en plantar y procesar coca, y el estado de derecho.

Ello aclararía que para Petro no es obvio que la primera Colombia mande sobre la segunda. Tal vez, que su visión es que cada Colombia se mande sola, así cueste que queden dos, o muchas Colombias, dependiendo de los poderes regionales. El nordeste antioqueño sería muy diferente al sureste. El litoral pacífico muy distinto a las cordilleras. La parte cocalera y guerrillera de Norte de Santander y Arauca, separada de la otra, y así sucesivamente. Pero un país en el que cada cual se manda como quiere, es un país en el que nadie manda.

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