OPINIÓN

¿La culpa es del uribismo?

Html
juan-carlos-echeverry-ilustracion.jpg

Ilustración: Los Naked.

“Con los uribistas, en 12 años estaremos igual que Venezuela; con Petro, en 4 años. Tarde o temprano vamos a estar como Venezuela”, me dijo en Yopal el conductor de una camioneta. 

Normalmente presta servicios a la industria petrolera. Su sustento, y el de su hija, dependen de que les vaya bien a las compañías petroleras. Sin embargo, quiere votar “por el ingeniero o por Petro”.

¿Por qué votaría por Petro? le pregunté, si él combate a la industria petrolera de la que usted vive. “Porque van veinte años de uribismo, y no hemos progresado”, respondió. 

No es la primera vez que oigo esa asignación de dos décadas al supuesto "régimen uribista". El expresidente Álvaro Uribe ha reclamado que no se le debe responsabilizar políticamente por la administración de su sucesor Juan Manuel Santos, presidente entre 2010 y 2018, pues se opuso a ese gobierno casi desde el principio. No obstante, visto desde el punto de vista de muchos colombianos comunes y corrientes, como el amigo de Yopal, por irónico que suene, mucha gente no discrimina los evidentes matices que hay en las supuestas "dos décadas de uribismo".

Aceptemos que es una injusticia, e inclusive, que un análisis sereno de las cifras muestra que las últimas décadas no han sido tan sombrías como se piensa en la calle. De hecho, el cometido de Juan Manuel Santos en su libro “Un mensaje optimista para un mundo en crisis”, fue mostrar el notable progreso de Colombia en las últimas tres décadas.

Si es cierto que las cifras muestran a una Colombia que ha progresado, ¿por qué los colombianos encuentran tan insoportable la situación actual como para optar por Petro? ¿Acaso la economía no está creciendo por encima de los vecinos latinoamericanos? ¿No se abordó la pandemia de manera razonable? ¿Qué está tan fuera de control? Dónde está la flagrante falta de liderazgo, y su atribución al uribismo, por la cual mucha la gente estaría dispuesta a pagar un precio posiblemente alto en dificultades económicas, inestabilidad y mala gestión política, en aras del cambio.

Para responder a estas preguntas, necesitamos escuchar lo que dice la gente. Durante la campaña presidencial, las quejas han sido repetidas sobre tres frentes: 1) inseguridad y delincuencia; 2) corrupción; y 3) pobreza y hambre. Para muchos la inclinación a votar por Petro es una respuesta al deslucido historial en esos tres frentes. 

Miremos las cifras, comenzando por el crimen. La Policía Nacional publica datos del número de homicidios. En los últimos 10 años hay una clara tendencia descendente en los departamentos más ricos de Colombia: Bogotá DC, Cundinamarca, Antioquia, Valle y el Eje cafetero.

En contraste, en regiones menos prósperas los homicidas aumentaron mucho: en el Caribe, los Santanderes, Boyacá, Arauca y Casanare, y en los departamentos del Sur y el Pacífico. En 15 de 17 departamentos de estas regiones hubo un aumento de homicidios, con una aceleración después de 2018.

La cifra nacional de homicidios es engañosa, pues muestra una trayectoria decreciente hasta 2021. La explicación es simple: los homicidios han caído en los cinco departamentos mas poblados del país. Este resultado enmascara el aumento de homicidios en las partes menos prósperas, que son tres cuartas partes del área del país.

Pasemos ahora a los hurtos. En 29 de los 33 departamentos (incluyendo Bogotá Distrito Capital), hubo un incremento en este tipo de delitos. A diferencia de los homicidios, en el caso de los robos las regiones más ricas sufren ascenso en el crimen, que empezó antes de 2018. 

Llama la atención que en algunos casos el número de robos se multiplicó por 20 en una década (Amazonas, por ejemplo), por más de 10 (Bogotá), o por cinco (Nariño). En general, 2020 fue testigo de una disminución de robos, sin embargo, 2021 y 2022 muestran un repunte en este tipo de delitos.

Pasemos ahora al segundo reclamo popular, a saber, la corrupción. Según Invamer, durante los últimos 20 años, hay tres períodos de percepción de corrupción. El primero finaliza en 2010, con menos del 10% de los encuestados identificando la corrupción como uno de los principales problemas en Colombia. La segunda fase va hasta finales de 2016, cuando entre 10% y 20% de los encuestados identificaron la corrupción como su principal preocupación. Finalmente, entre 2016 y el presente, es frecuente encontrar meses con un 30% de encuestados afirmando que la corrupción es el principal problema; en al menos 10 meses la corrupción superó al desempleo y la inseguridad como el problema más preocupante del país.

Miremos el tercer frente: la pobreza. Se acaban de publicar las cifras de pobreza monetaria para 2021 (calculadas en la Encuesta de hogares), y las de pobreza percibida (calculada en la Encuesta de Calidad de Vida). 

A los ojos de los jefes de hogar su “percepción de pobreza” aumentó drásticamente, del 38% al 46% entre 2020 y 2021. Esto significa que alrededor de 600 mil hogares más se ven a sí mismos como pobres, en comparación con 2020. La percepción de la pobreza está en aumento desde 2016; es decir, los aumentos en las dificultades percibidas comenzaron antes de la pandemia. 

La pobreza percibida está en su nivel más alto en una década, tanto en el ámbito urbano como en el rural, donde más del 70% de las familias se consideran pobres. En contraste, según las mediciones objetivas de pobreza monetaria, subió en 2020 y retrocedió el año pasado. No es fácil conciliar percepción y realidad. Tiene que ver, en parte, con la ola de carestía que está carcomiendo el ingreso de las familias, Inflación que irónicamente comenzó en las marchas de hace un año.

En suma, tomando en esos tres frentes, crimen, corrupción y pobreza, se puede decir: 1) el historial no es claramente negativo para las últimas dos décadas, por lo cual es injusto afirmar que los últimos 20 años han sido testigos de un claro deterioro. Sin embargo, 2) se deterioraron recientemente, dando apoyo a que el campo petrista argumente que la situación es insoportable y exige un cambio drástico.

Aparentemente, lo que sale al rescate es el estado de la economía. La economía va bien, a pesar de los problemas en delincuencia, corrupción y pobreza. Eso parece una constante en Colombia. La economía es tan resistente que ha aguantado el terrorismo de Pablo Escobar y las FARC, el cierre de la frontera venezolana y las agresiones de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Tal vez estemos a punto de presenciar la última prueba de resistencia de la economía colombiana: la prueba Petro. 

De hecho, muchos colombianos comunes y corrientes, como nuestro amigo de Yopal, parecen propensos a darle a Petro la oportunidad de implementar un conjunto de reformas arriesgadas y desafiando la gestión de los últimos 20 años.

Sea como fuere, achacar a un supuesto "uribismo" de dos décadas todo tipo de males es una efectiva campaña mediática sin sustento serio en los datos. Ni duró dos décadas, ni han sido 20 años de declive para Colombia. Tampoco creo que el fin del uribismo esté cerca. 

Ahora bien, la ola de inseguridad y corrupción deben tener claros responsables políticos, en especial desde 2016; pero el aumento en la pobreza tiene causas externas al país, y es transitorio frente a una tendencia positiva de veinte años. Si hubiera un sepulturero del uribismo, cosa que considero prematuro declarar, hay que buscarlo en los último 6 años, no en los últimos 20.

ultimas noticias

Compartir