OPINIÓN

¿Partidos más fuertes o coalición de gobierno super mayoritaria?

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Esta semana Gustavo Petro defendió nuevamente el cambio de lista abierta a cerrada propuesta en la reforma política que lideran el Senador Roy Barreras y el Ministro Alfonso Prada. Venden este cambio como la forma de fortalecer los partidos.

Sin embargo, al revisar todo el articulado propuesto, y el impacto que este podría tener, lo que busca la reforma es modificar reglas institucionales que permitan que la coalición que lidera el Pacto Histórico se fusione otras fuerzas políticas y liderazgos, y se convierta en una fuerza mayoritaria difícil de vencer en las próximas elecciones.

Si bien muchos defienden el mecanismo de listas cerradas como uno que permite generar los incentivos para que surjan partidos más disciplinados y programáticos, es muy importante considerar el contexto y demás reglas del sistema electoral que esta reforma no modifica.

En Colombia, al existir las candidaturas por firmas con un umbral tan bajo, el efecto esperado de partidos más fuertes y programáticos es ingenuo y contrario a la evidencia.

En Colombia existen dos sistemas electorales. Al que le prestamos mayor atención es aquel que rige las elecciones a Congreso y corporaciones públicas.  Y el otro es el sistema electoral de candidaturas independientes, por firmas.

Empecemos por el sistema electoral de elección a corporaciones públicas. Durante los noventa – al no existir limitantes del número de listas a presentar por partido en ninguna elección –, los candidatos usaron como vehículo de participación los partidos y movimientos (que llegaron a ser 72 participando en elecciones nacionales).

Aunque ya existía la posibilidad de lanzarse por firmas, ésta era una estrategia más costosa e innecesaria por el número de partidos y movimientos ofreciendo avales. Por esto, la candidatura por firmas en el 2002 de Alvaro Uribe Vélez fue tan novedosa.   

La reforma del 2003 cambió esta lógica. Obligó a los partidos a presentar una única lista y a pasar un umbral para poder obtener curul. Se acabó la famosa operación avispa. Reformas posteriores como la ley de bancadas, y el acto legislativo No. 1 del 2009 fortalecieron un régimen más estricto para los partidos. 

Gracias a estos cambios, el sistema de partidos se “nacionalizó” (es decir que casi siempre encontramos los mismos partidos por circunscripción), se logró que el Congreso no fuera de segundos, terceros y cuartos renglones a partir de la tercera legislatura, y se establecieron sanciones más estrictas que obligaran a los partidos a escoger mejor sus candidatos. 

La lista cerrada opcional, aprobada también en la reforma del 2003, fue utilizada excepcionalmente por partidos pequeños como el MIRA. Pero su uso más notorio ha sido por parte de líderes que han creado sus propios partidos: el expresidente Alvaro Uribe con el Centro Democrático en el 2014, y la lista del Pacto Histórico – coalición de movimientos -, en la elección del actual presidente Gustavo Petro.

La forma de evadir el régimen creado por la reforma del 2003 era la de presentar candidaturas independientes.  Sin necesidad de avales, ni de consultas internas, los candidatos evadieron las restricciones establecidas. Los independientes podrían hacer campaña un año antes de la fecha oficial para los partidos y sin rendir cuentas.

Así la excepción se convirtió en la regla para participar y ganar las elecciones de alcaldías y gobernaciones.  Para las presidenciales son muchos los ejemplos:  Sergio Fajardo quien formó un movimiento propio, Germán Vargas Lleras, líder y fundador del Partido Cambio Radical que también se lanzó por firmas y como independiente, solo por mencionar solo algunos ejemplos.  

Como consecuencia, los partidos se convirtieron en filtros necesarios para las corporaciones públicas por la existencia del umbral y la lista única por partido, pero se volvieron en tan solo una de las opciones para participar en elecciones ejecutivas.  

Por esto, este es mi primer punto: los partidos nunca serán fuertes si no se modifica el umbral para participar como independiente en elecciones (El umbral es de 50 mil firmas máximo para todas las circunscripciones, y sólo se incrementó para las elecciones presidenciales en la ley 996 del 2005).

Por la convivencia de estos dos sistemas, ser parte de un partido es una buena estrategia solo si la circunscripción es colegiada y tan grande como Valle o Bogotá en la Cámara de Representantes, o el Senado. Pero en circunscripciones pequeñas o uninominales (poder ejecutivo), el umbral efectivo es muy bajo y candidaturas de grupos significativos son viables, aunque un poco más costosas. Así, esta reforma impacta directamente al Congreso de la República, pero no al sistema de representación en general.

Si bien las listas abiertas no son una panacea y generan incentivos a la competencia intrapartidista, personalismos y desorganización, también permiten a los ciudadanos premiar a quienes consideran buenos representantes. ¿A quién eligen los ciudadanos en listas cerradas? ¿Cómo nos aseguramos de que estos partidos sean organizaciones democráticas y no vehículos personalistas?

El proyecto de acto legislativo que hace curso establece que los partidos deberán, en el término de un año, tener en sus estatutos directrices que aseguren la democracia interna. Ajá. A punto seguido, en un parágrafo transitorio, se plantea que el gobierno nacional presentará un proyecto de ley estatutaria que reglamentará la materia. ¿Y qué nos asegure que esa ley pase y que el CNE ejerza algún control si nunca lo ha hecho?

Y si sumamos a esto el ritmo al que el CNE otorga personerías jurídicas de partidos (como lo hizo con Fuerza Ciudadana hace poco), los incentivos inexistentes para sancionar y la cantidad de movimientos que existen en circunscripciones especiales, dudo mucho que estas medidas trasciendan el papel.  

De igual forma, el proyecto de acto legislativo plantea la existencia de un registro de militantes por partido – lo que en principio asegura la existencia de alguna militancia—.  No entiendo su utilidad ni su operatividad. ¿Para qué tener este registro? En Colombia, como bien sabemos, las tarjetas electorales están divididas por circunscripción.

Los votantes podemos votar por un partido para la junta de acción local, otro para el concejo, otro para la alcaldía, asambleas, senado, cámara. ¿Qué utilidad tiene un registro de militantes? ¿Haremos consultas internas que tienen el 95% de abstención en promedio para escoger candidatos? 

La reforma además juega con la división de poderes permitiendo a los legisladores renunciar para ocupar cargos en la rama ejecutiva, disminuye las inhabilidades para participar en elecciones, crea regímenes transicionales para poder cambiar de partido, fusionar personas jurídicas, hacer alianzas pre-electorales de partidos medianos y grandes, y premiar a quienes ya ocupan una curul, lo que tiene como obvio beneficiario a los miembros de la coalición liderada por el Pacto Histórico y la búsqueda por ser mayoritarios en todas las elecciones.

En Colombia los líderes crean movimientos y partidos para ganar elecciones. No surgen de ellos. Y Roy Barreras en esta práctica es un experto.

¿Cómo esto fortalece los partidos y la democracia colombiana? ¿Cómo esto ayuda al equilibrio de poderes? Yo creo que no lo hace. Es una reforma que conviene a la coalición de turno para controlar el Congreso y darles ventajas en las próximas elecciones, y que pone en riesgo muchos logros que han costado décadas de consolidar. Ojalá el Congreso no la apruebe.

Ojalá que los legisladores de listas cerradas y abiertas puedan pensar menos en lo que conviene en el corto plazo a los que gobiernan y quieren ser gobierno en el futuro, y consideren mantener la fortaleza del Congreso, que aunque imperfecta, funciona en la protección de la democracia. Las organizaciones políticas actuales pueden tomar la decisión de cerrar las listas. Y así lo han hecho aquellas donde el personalismo reina. Esto es un proyecto mayoritario, peligroso y contrario al espíritu altamente proporcional que protege la Constitución.

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