OPINIÓN

“Los amo, marica”

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Ilustración: Los Naked.

En la silla del Alcalde de Medellín está sentado un político quemado y reencauchado: Juan Camilo Restrepo. Es comisionado de paz y consejero de seguridad de Iván Duque. Es decir, tiene mucho tiempo libre. Ahora es el alcalde encargado de la ciudad donde siempre fracasó electoralmente. Está feliz, ya paseó por las oficinas y saludó gente. “Oiga, esta vaina yo no la conocía”.

En la silla de al lado, María Camila Villamizar tiene el micrófono y no se deja quitar la palabra. Es la secretaria de gobierno y lleva estampado en la camiseta a su jefe, Daniel Quintero. En la foto, él posa como si fuera candidato a personero del colegio. Villamizar, en cambio, parece la presidenta del club de fans de un youtuber. 

Es la primera vez que el alcalde encargado se encuentra con el gabinete del alcalde suspendido. Restrepo intenta una explicación imposible: soy un funcionario público y no vengo a hacer política. Esto no es lo que parece. Pero sí es lo que parece y todos lo sabemos. Villamizar lo increpa entre lágrimas – “¡Daniel se queda!”– y agradece la solidaridad de los demás secretarios de Quintero:  “Gabinete, gracias. Los amo, marica, los amo”.

En tiempos del duquismo la vara del poder es bajita y pareciera que lo contagiara todo. La trama es la misma, pero da grima, los protagonistas son extras ascendidos convencidos de que son dramaturgos. Uno quisiera ponerle mute al video o adelantarlo para saber qué pasó sin que le rechinen los dientes. Nuestro ‘House of Cards’ lo protagonizan gomelos en jeans que quieren viralizar su intrascendencia, adolescentes cuarentones que impostan la voz para hablarles a los militares; segundas y terceras generaciones de malos políticos que imitan a políticos peores.

El nuevo trending topic, el último episodio de la novela electoral, empezó con el video de Daniel Quintero. Como un influencer más, el alcalde de Medellín se unió a la campaña en redes sociales del petrismo “el cambio en primera”. No era un hecho aislado: sin nombrar a Petro, Quintero le hacía y le hace campaña a Petro. Su esposa, Diana Osorio, la gestora social más poderosa de la ciudad, es más directa y lo dice sonriendo, como si le mandara un video motivacional a sus contratistas: “En mi casa, si el perrito pudiera votar y la gatica pudiera votar, y todos pudiéramos votar, vamos a votar Gustavo Petro presidente”. Varios funcionarios de Quintero emigraron a la campaña de Petro y un pupilo suyo –que quiso sacar a codazos a una mujer de una tarima con el candidato–ya está en el Senado del Pacto Histórico. Sí es lo que parece.

En escena entró la procuradora Margarita Cabello, que en un video sin rodeos y sin escrúpulos –desconociendo un fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos– le informó al país, ella, en primera persona, su decisión de suspender a Quintero, al alcalde de Ibagué y a un par de concejales que estaban haciendo política como cualquier concejal hace política, y que terminaron sacrificados para que hubiera bulto. “No se equivoquen conmigo”, advirtió Cabello. No estábamos equivocados, solo que nos quedamos cortos, como uno se queda corto una y otra vez con Iván Duque y sus amigos y aliados. En tiempos del duquismo la vara del poder es bajita.

Desde el balcón de la Alcaldía de Medellín, un día después de que le corrieran la silla y acompañado de su esposa y congresistas electos del petrismo, Quintero se echó un discurso previsible como él mismo: se inscribió en la Historia y en la campaña de Petro con una anécdota desinflada de cuando él estuvo en una plaza similar, en Bogotá, hace casi diez años, bajo la lluvia como miles de jóvenes más, protestando la decisión de un Procurador fascista; se declaró perseguido y defendió su gestión –politiquera, frívola e ineficiente– como el verdadero camino que quieren los paisas. 

Es posible que Daniel Quintero estuviera toreando la sanción para encontrar oxígeno en medio de los cuestionamientos  y la impopularidad que enfrenta en Medellín. Tal vez pensó que Cabello simplemente lo iba a amonestar y con eso podía hacer ruido un rato. De cualquier forma, las horas prime time y la indignación que prenda en Twitter le dan espacio a él –no mucho tampoco–, pero sobre todo le sirven a Petro para alimentar el hastío que hay con la élite destartalada. 

Por ahora, si suma sirve para ganar y ganar es lo único que sirve. Sin embargo, no olvidemos que en este drama refrito de Quintero, de su esposa y la jefe de prensa de su club, en la tarima de esta semana y en la forma como rompieron las reglas de la campaña –a la par y como reflejo de lo que hacen Duque, Cabello, Barbosita y el general Ajúa–, se insinúa una de las tramas de la siguiente temporada. De la temporada del petrismo.

Nota: Esta semana en Charlas con Charli hablé con el expresidente Ernesto Samper. Les recomiendo la anécdota de su primer día de gobierno, cuando se voló ‘Chupeta’.

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