OPINIÓN

Bienvenida la revocatoria de Quintero

hectoriveros.jpg

Ilustración: Los Naked.

El proceso que se sigue para intentar revocar el mandato del alcalde de Medellín es muy útil para precisar aspectos conceptuales y de mecánica de ese mecanismo de participación ciudadana que ha sido poco usado en Colombia, a pesar de ser tan provocativo para los políticos.

La decisión es de los ciudadanos de Medellín y por tanto no voy a opinar sobre como deberían votar, pero tengo la ilusión que esta vez el proceso no se frustre como ocurrió con los intentos de hacerlo en relación con los mandatos de Petro y Peñalosa en la alcaldía de Bogotá que se quedaron en los escritorios de funcionarios atiborrados de memoriales de abogados que no los dejaron avanzar.

En esos casos previos, así como en éste, la revocatoria resuelve problemas de gobernabilidad derivados de mayorías precarias y ambientes de tensión y polarización por las propuestas o los estilos de los mandatarios. Algunos de esos problemas se mitigarán con la aprobación de la elección a doble vuelta para la elección del alcalde de Bogotá.

Quintero, como Petro en su momento, ha dicho que será una oportunidad para refrendar y fortalecer su mandato. Desafortunadamente también Quintero está intentando, por vía de tutelas y reclamaciones administrativas, evitar que se lleva a cabo la votación.

En Medellín, como en la Bogotá de Petro o Peñalosa, hay un nivel de tensión y de controversia política que dificulta la toma de decisiones y puede llegar a niveles de bloqueo institucional. Esas situaciones tienen en Colombia desde hace 30 años un camino institucional de resolverlas: la decisión ciudadana.

Cerrar las vías institucionales para resolver crisis políticas por privilegiar la estabilidad de los gobiernos solo genera mayor tensión y que eventualmente el método de resolverlo sea más difícil, por eso bienvenida la revocatoria de Quintero para que fortalezca su mandato, si así lo deciden los ciudadanos, o para que se elija uno nuevo si es que a la mayoría no les genera la confianza necesaria para que termine su período como alcalde.

El proceso que se sigue contra Quintero ha sido abiertamente político, como debe ser. Es decir, es promovido por razones ideológicas de quienes no comparten sus decisiones y por motivos totalmente subjetivos de quienes por una u otra razón no confiaron nunca o perdieron de la confianza en el alcalde.

No hay debate probatorio sobre si cumple o no las metas del plan de desarrollo y la supuesta causal de “insatisfacción ciudadana” se mide en votos el día que se convoque a la ciudadanía a decidir.

El alcalde, por su parte, cuenta con lo que ha construido (o destruido) en estos dos años. Quintero dice que tiene un mayor respaldo que el que tuvo el día de la elección. Eso será lo que habrá que probar el día de la votación.

Una espada de Damocles

Vista así, la revocatoria es una especie de espada de Damocles que pende sobre la cabeza de los mandatarios y que caiga depende casi que exclusivamente de la manera como logren interpretar o no las expectativas ciudadanas con su gestión.

Desde la perspectiva ciudadana se constituye en un mecanismo eficaz de control social sobre las actuaciones de los gobernantes. Cerrado el círculo es la democracia participativa que prometió la Constitución. Bienvenida sea.

La cultura política colombiana privilegia la estabilidad de los gobiernos, lo que ha derivado en el uso de la violencia para afrontar tensiones sociales o reclamos políticos. En Colombia está mal visto que los gobiernos, de cualquier nivel, se caigan y por eso, en este caso, hay muchos que han dicho: “cualquiera sea el resultado pierde Medellín”, cuando, a mi juicio, es exactamente al revés, cualquiera sea el resultado gana Medellín porque resuelve por métodos institucionales un conflicto político que amenaza con obstaculizar en forma grave la gestión de gobierno.

El relato en el que se enmarca el conflicto en Medellín es además uno de los más interesantes desde el punto de vista de estrategia y comportamiento político. El alcalde desafía el que parecía ser el mayor orgullo paisa: el talento y la habilidad de las personas para “hacer empresa” y propone, en cambio, una especie de indignación por los privilegios de una élite escondidos en ese orgullo.

Difícil vaticinar el resultado final, si es que dejan avanzar el proceso. Los estudios de opinión muestran que los habitantes de Medellín se sienten, no de ahora sino desde siempre, muy orgullosos de su ciudad y que marcas como Sura forman parte de las mejor posicionadas en el sentimiento de los consumidores, pero claro que hay también una insatisfacción con las instituciones como la hay en todo el país.

A los que estamos afuera nos resulta un poco sorpresivo que se pueda siquiera plantear un estado de indignación en contra de lo que parece ser más bien un motivo de orgullo, pero si es lo uno o lo otro solo se sabrá si se puede llevar adelante la votación para revocar o no al alcalde.

Además de los temas conceptuales desde la teoría política y de estrategia comunicativa, la revocatoria de Quintero plantea otros para los abogados como el que ayer abrió la Procuradora al recordarle a los funcionarios que deben abstenerse de participar en el debate, lo que como principio general es válido, pero aplicado al alcalde contra el que se dirige el proceso resulta poco menos que absurdo.

Ya estaba abierta la discusión sobre los límites de la libertad de expresión del alcalde, quien ha usado expresiones injustificadas contra particulares que no están obligados a soportar esa carga porque no están inmersos en el debate político como sí lo están otros actores públicos tal como lo tiene suficientemente definido la Corte Constitucional.

Sería muy útil para el avance de las promesas constitucionales que se puede llevar adelante el proceso de revocatoria que se sigue contra el alcalde Quintero, no que lo revoquen, sino que los ciudadanos decidan, que el mecanismo pruebe ser eficaz para obligar a los gobernantes a mantener un nivel de conexión con la ciudadanía que le permita tomas decisiones mayoritariamente aceptadas.

Ya alquilé el balcón al frente de la Alpujarra, espero que no me hagan perder el valor del arriendo.

Compartir