OPINIÓN

Decir lo que duele

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Ilustración: Los Naked.

Una semana antes de semejantes elecciones decidí tratar varios temas. 

1. Aciertos y fallas

En qué acertaron el ingeniero Hernández y el senador Petro: ambos articularon y expresaron la insatisfacción de la gente con un sistema que parece no dar resultado para la mayoría. ¿La economía de mercado y la democracia liberal son lo mejor a lo que podemos aspirar?, se preguntan. ¿Si son tan buenas, por qué la estamos pasando tan mal?

El ingeniero Hernández y el senador Petro pusieron en frases e imágenes lo que la gente identifica como su insatisfacción: mucha desigualdad, muchísima corrupción, falta de oportunidades, el planeta averiado, mucha gente relegada, instituciones públicas que no funcionan o lo hacen para una banda de gente cuasi-criminal.
 
Aunque suene a consuelo, este problema no es colombiano sino mundial. Nuestra manifestación popular ha sido a través de estos dos señores, cuya cualidad fue expresarlo bien. La mayoría de la gente premió la claridad que sentía en ambos señores. La clave para elegir entre los dos no es su comprensión de los problemas. Es lo que escogen como soluciones. 
 
El eventual gobierno del ingeniero será difícil, máxime si Petro reacciona incitando a destruir a Colombia. A Colombia hay que quererla y quien la quiere, no busca destruirla.
 
Petro quiere socavar con muchas cosas que funcionan. No le gusta la palma de aceite, la minería, el aseguramiento de la salud, el carbón de Boyacá, Cesar y L Guajira, el etanol, el ahorro privado para pensión, el metro elevado, la ganadería, el biodiesel, las plantaciones grandes de azúcar, los bancos, el petróleo, las fincas, los apartamentos con un cuarto vacío, Medellín antes de Quintero, entre otras cosas. Es bien probable que cuatro años no le alcancen sino para la fase negativa de su proyecto. 
 
El ingeniero tiene una agenda bastante incompleta, con vacíos que no se compadecen a esta altura de la campaña. No se debe empezar a gobernar sin claridad en tantos frentes cruciales. Su agenda positiva de ética, eficiencia administrativa y efectividad estatal, es audaz y acertada. 
 

2. Una anécdota reveladora

Viene a cuento una anécdota. Al final de la Segunda Guerra Mundial, George Marshall, el entonces Secretario de Estado de los Estados Unidos, un general de 5 estrellas que había guiado a su país y a los Aliados a la victoria contra Hitler, visitó a Stalin en el Kremlin. 
 
Marshall le planteó la necesidad de ayudar a Europa a reconstruirse, y en particular a reindustrializar Alemania. El país derrotado, y la nación que más antipatía despertaba en el mundo en ese momento, debía ser socorrida, ayudada a salir de su miseria, a pesar de que fuera la causante de la destrucción continental. Su carbón, acero, fertilizantes, alimentos y maquinaria eran esenciales para Europa. La prosperidad de Europa dependía, irónicamente, de que Alemania volviera a ser Alemania. 
 
Así se lo planteó Marshall al líder comunista Josef Stalin. Para su sorpresa, Stalin quería lo contrario: exigir a Alemania billones de dólares en reparaciones, con lo cual la arrodillaría y mantendría a su economía en la ruina. 
 
Marshall quedó convencido, dice D. L. Roll en una biografía, que el objetivo cínico de Stalin era dejar que Alemania y el resto de Europa cayeran en el desastre económico y el caos, con lo cual el continente estaría maduro para su influencia y la dominación soviética. 
 
Después de esa reunión, Marshall quedó aún más convencido de que Alemania era crítico para la seguridad de Europa y Estados Unidos. Aparentemente, la cortina de hierro nació esa noche, en esa conversación, en la sin salida entre Marshall y Stalin. Esa noche también nació el Plan Marshall. 
 
En los párrafos de esa anécdota, cambie Europa por Latinoamérica, Alemania por Colombia (exagerando, por supuesto, pues Colombia no es México o Brasil), Stalin por Rusia-Cuba-Venezuela, y Marshall por… mmm, ¿Hay Marshall ahora? Desde el final de la Guerra Fría, en 1989, Estados Unidos se desentendió de América Latina. No de otra manera se explica el deslizamiento de casi todo el continente hacia el campo cuasi-socialista. Colombia, Panamá, Paraguay y ahora Ecuador son los últimos bastiones de fe en la economía de mercado y la democracia liberal.
 
Los votantes colombianos tienen en sus manos seguir el camino ruinoso de Argentina, Nicaragua, Bolivia, Venezuela, al que pronto se pueden sumar, ojalá no, Perú y Chile, y harían realidad en América Latina lo que Stalin no logró hace 80 años en Europa. Arruinarla y prepararla para la absorción en el campo ruso-cubano. 
 
Eso sucede no porque le importemos mucho al mundo o a los rusos. Al contrario, América Latina parece empeñada en la irrelevancia internacional. Sino por que estamos al sur de los Estados Unidos, y los que rodeamos al mar Caribe, mar crucial en el mundo que lleva al canal de Panamá, tenemos una importancia geopolítica.
 
Un frente en que competimos con Rusia es el petróleo. Si nos emboban para dejar de producirlo, como ya hicieron con Venezuela y tratan de hacerlo con México y Colombia, le generarán jugosos réditos a Rusia y nos dejarán listos para la crisis y la catequesis. Esa es la gran agenda.
 

3. El valor económico del ingeniero

Si Petro hubiera sacado 10 u 11 millones de votos el domingo 29 de mayo, todos los activos del país y el capital humano representado en la educación que hemos adquirido, mucha o poca, así como la que le damos a nuestros hijos, valdría hoy 10% o 20% menos en dólares. Esa es la deuda que tenemos con Rodolfo Hernández. Es su valor económico social, pues es lo que el país tiene para derrotar a Petro.  
 
Cuando estuve en la campaña habría querido ser la persona que llegara a competir con Petro. Pero él lo hizo y yo no, y me quito el sombrero. Eso es muy difícil de lograr. Fuimos 20 precandidatos tratando y no lo logramos. Él representó mucho mejor que los otros 18, lo que le duele y le preocupa a la gente. 
 
Lo que importa es el país, y que no entre en una larga fase de resquebrajamiento; o, mejor, que no continúe el resquebrajamiento que se inició en 2015-16, y que viene sucediendo en casi todo el vecindario a lo largo de este siglo XXI. Por eso ni el voto en blanco ni abstenerse debe ser una opción.
 

4. Qué queda de la política

Cuesta creer que la insufrible peleadera de Santos y Uribe, mientras el país vivía dos de sus crisis económicas más profundas, mutó a Hernández vs. Petro. No creo que ninguno de los dos expresidentes se hubieran imaginado semejante escenario. Ambos tenían otros candidatos.
 
No presumo que Petro represente a Santos, ni el ingeniero a Uribe. Inclusive eso ya no importa. Los expresidentes se han vuelto kryptonita, ese metal extraño que degrada los poderes de Superman.
 
El descreimiento de los partidos y los políticos de carrera, que era generalizado hace cuatro meses, ahora es total. El broche de oro son las bajezas de esta campaña.
 
El lunes 13 de junio en el Gimnasio Moderno Juanita León presentará mi libro “Un año de soledad”, que trata sobre la experiencia como precandidato presidencial. Los esperamos a las 7 pm, para conversar sobre crónicas y lecciones de esta campaña política, tal vez la última de una era, y la primera de una cosa nueva que se nos vino encima.

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