OPINIÓN

Duque, el abusador

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Ilustración: Los Naked

Iván Duque es el mandatario que en forma más abierta ha trasgredido el principio de neutralidad que el sistema le ha impuesto a los presidentes en materia electoral desde la época del Frente Nacional a mediados del siglo pasado. Lo hace, en forma solapada, aprovechando que en realidad se trata de una regla de decoro sin eficacia jurídica más allá del compromiso que adquieren cuando juran cumplir la Constitución.

Ayer en la tarde, en el municipio de Tolú, en el Departamento de Sucre, asumió nuevamente el papel de contradictor del candidato Gustavo Petro, previo, claro, advertir, en su estilo solapado, que entendía el poder como el respeto a la legalidad y negando haberlo usado para perseguir a quienes, en el marco de la democracia, legítimamente lo han cuestionado.

Lo ha hecho cada vez que ha tenido un micrófono en los últimos dos meses, lo cual me imagino que Petro celebra ruidosamente porque tener de contradictor a un Presidente impopular seguramente es parte de las razones del éxito político que está teniendo.

Duque también resolvió abusar de su poder para tratar de bloquear anticipadamente propuestas de Petro y ha participado en la abusiva jugada de imponer una lista de elegibles al nuevo Congreso para elegir al sucesor del Contralor General de la República.

Hace un par de días ordenó usar las mayorías accionarias en Ecopetrol para imponer al nuevo Gobierno una Junta Directiva, que más allá de las calidades de sus miembros, se elegían por dos años y no por cuatro como lo hicieron con el único propósito de generar un problema institucional en caso de que la dirección política de la compañía corresponda a un gobierno que legítimamente quiera promover una orientación distinta.

Influyó en la Agencia Nacional de Licencias Ambientales para expedir precipitadamente una licencia que ampara el fracking como método de explotación petrolera con el único fin de dejar un hecho cumplido a un nuevo gobierno que teme esté encabezado por alguien que rechaza esa práctica.

Presiona a la Corte Suprema de Justicia para que acelere el proceso de postulación de candidatos para ocupar una plaza en la Corte Constitucional para que sea la actual mayoría congresional, que ha impuesto a través de transacciones, en muchos casos, ilegales, la que elija al sucesor o sucesora de la magistrada Gloria Ortiz.

Interfiere en la independencia de la Junta del Banco de la República para tratar de impedir que se adopten los correctivos para evitar que el alto consumo haga incontrolable la ya desbordada inflación.

No se puede decir que Duque haya sido una desilusión porque no había generado ninguna cuando llegó, pero si es sorprendente que alguien que invocaba tanto a Darío Echandía como su principal referente, se haya convertido en un transgresor sistemático de las reglas dirigidas a garantizar equilibrio en la competencia electoral.

En el balance de su gobierno uno de sus rasgos será su poco apego por el Estado de Derecho, con énfasis en la pretensión de irrespetar la independencia judicial.

El último y quizás más grave incidente fue la descalificación a la Corte Constitucional con ocasión de la decisión relacionada con la despenalización del aborto en determinados casos. Señaló que eran cinco personas las que le imponían a un país esa decisión y la calificó como la autorización de cometer un crimen. El pleno de la Corte y por unanimidad tuvo que reclamar respeto institucional por sus decisiones y garantía a su independencia.

Esa larga historia de ataques al poder judicial comenzó con la intención de que el Congreso desconociera, por pedido suyo, el fallo de esa Corte en relación con la ley que reglamenta los procedimientos ante la Jurisdicción Especial de Paz y ha tenido capítulos como los de la expedición de decretos para seleccionar su propio juez en materia de tutelas, además de la cooptación de la Fiscalía General de la Nación y los órganos de control, e incluso la autoridad electoral con favores cruzados, todos dirigidos a abusar, cada uno desde su rol, del poder que transitoriamente ostentan.

El trato displicente a la oposición y su desconocimiento de los deberes derivados del recién aprobado estatuto que les da garantías fue otra línea permanente de su gobierno que se expresó en la popular “jugadita” que organizó con Ernesto Macías, para entonces Presidente del Senado, para no oír al vocero en la instalación de las sesiones del Congreso.

Ah y claro, la promoción de la modificación de la ley de garantías que tenía el propósito de abusar durante la época de la campaña de la suscripción de convenios con las entidades territoriales para usarlos como propaganda de su gobierno y para tratar de incidir en la voluntad de los electores. La agenda presidencial de estos días prueba la intención que desafortunadamente la mayoría de los magistrados de la Corte Constitucional no evitó como lo propuso una de las magistradas adoptando una medida cautelar de suspensión de la norma hasta que viniera el pronunciamiento de fondo.

El mote de “institucionalista” que seguramente le hubiera gustado a Duque tener no se lo ganó, mucho menos si agregamos al balance el capítulo triste de la situación de derechos humanos durante su cuatrienio, pero ese es otro capítulo que ya abordaremos.

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