OPINIÓN

El enredo de las coaliciones

El enredo de las coaliciones
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Ilustración: Los Naked.

Cuando analistas y políticos parecían haber descubierto la clave del éxito ahora parece que las coaliciones se han convertido en un obstáculo para los candidatos con mayor opción a disputar la Presidencia de la República en las elecciones de mayo.

Se da por sentado incluso que ya no hay dos sino tres vueltas para la elección presidencial y que la primera es la del próximo trece de marzo en el que no habrá primarias en el sentido de que un partido escoge su candidato sino consultas interpartidistas en las que unas “coaliciones” seleccionan a un representante de un acuerdo variopinta.

Sin embargo, las alarmas están prendidas porque el experimento no parece estar saliendo bien. El candidato Juan Manuel Galán, después de más de un año de conversaciones y campaña le dijo a sus compañeros de “coalición” que había que reconocer que no habían logrado conectar con la ciudadanía. Se dijo que Sergio Fajardo, candidato de la misma coalición, estaba cansado de la “reunidera” y Alejandro Gaviria, que está en el mismo combo, lamentó que hayan dedicado tanto tiempo a asuntos de “mecánica política”.

En la otra “coalición” se sienten incompletos sin el candidato del Centro Democrático, quien, por insinuación del ex presidente Álvaro Uribe, decidió no entrar a ninguna coalición y no participar en ninguna consulta.

Lo cierto es que, a pesar de los esfuerzos de los protagonistas, a pocos meses de la elección, encabezan las encuestas sobre intención de voto Gustavo Petro, quien en realidad no está en una coalición competitiva y Rodolfo Hernández, quien desde el primer día dijo que no le interesaba acordar nada con nadie y que todos eran iguales.

A la fórmula mágica se llegó por el análisis de los resultados de la elección de hace cuatro años y en especial por la convicción de que la falta de una consulta entre Fajardo y De la Calle es lo que había determinado el resultado final de tener enfrentado al candidato del uribismo con Petro en la segunda vuelta.

Los escenarios electorales son muy dispares y haber supuesto que eran iguales fue el error de origen. Hubo además otras equivocaciones conceptuales como haber imaginado que experimentos como los de Uruguay hace ya un par de décadas o de Chile para la transición democrática eran asimilables.

Para empezar las coaliciones operan en escenarios de partidos fuertes y gran fidelidad partidaria de los electores, quiere ello decir, que los ciudadanos votan por el que diga el partido y que están dispuestos a seguir las instrucciones aún si hay que votar por un candidato de otro partido si ha mediado una coalición.

En Colombia no hay ni lo uno, ni lo otro y por tanto las “coaliciones” en realidad son reuniones de personas que no suman per se, sino que incluso restan porque a algunos simpatizantes no les gusta una determinada alianza. Pocos electores colombianos votan porque alguno de los candidatos esté haciendo campaña con tal o cual y hay muchos que desisten de votar por quien sería de sus preferencias por verlo en lo que puede considerar “malas compañías”.

Buena parte de la discusión ha estado concentrada en eso: la coalición de centro derecha dio señales de no querer juntarse con el candidato del uribismo porque creía que le restaba, en la coalición de la “esperanza” el debate estuvo en si se aceptaba o no el apoyo del Partido Liberal e incluso a Petro le reclaman sus opositores y algunos de sus simpatizantes haber recibido al algunos que sus contradictores consideran que están en el espacio de los “malos”.

Las estructuras partidarias existentes, salvo la del Partido Conservador, están por fuera de las “coaliciones”. Incluso las que están dentro no se dejaron comprometer con el acuerdo y, por ejemplo, en el Partido Verde una parte importante de su organización apoya al candidato de una coalición distinta a en la que participa el partido lo cual hace incomprensible el proceso.

En el Partido de la U igual sus miembros autorizaron dar el aval para la candidatura de Enrique Peñalosa con la condición de que no estuvieran obligados a apoyarlo. Previamente el Polo se había dividido para que cada uno tomara el rumbo que le pareciera y en el Partido Liberal y Cambio Radical sus miembros están escogiendo libremente de qué lado estar.

La Coalición Equipo Colombia, sin el candidato uribista, corre el riesgo de ser superada en la primera vuelta por el candidato del Centro Democrático y la de la Esperanza muestra un nivel de fatiga interna que la pone en riesgo a pocas semanas de la consulta y aunque todos han dicho que seguirán unidos si su candidato no logra llegar a la segunda vuelta, todos saben que ese es apenas un dicho porque sus electores son volátiles y seguramente se distribuirían en proporciones más o menos iguales por las tres opciones que habrá en la votación definitiva.

Candidatos con reconocimiento y buena aceptación en algunos sectores han terminado diluidos en las “coaliciones” que les quitan visibilidad por lo que ahora los que creen tener mejores opciones proponen eliminar a algunos.

Los promotores de las coaliciones olvidaron asuntos esenciales: que éstas no son fines sino medios y que se hacen al final y no al comienzo de la carrera.

Les faltó tomar las lecciones de las carreras de ciclismo. Si lo hubieran hecho sabrían que el momento de arrancar es crucial para llegar con arrestos a la definición.

Aún tienen tiempo de cambiar el escenario, por ejemplo, tratando de seducir a las organizaciones que inicialmente les pareció que debían rechazar, ah y claro proponer algo.

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