OPINIÓN

El periodismo por Petro

El periodismo por Petro
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Carlos Cortés

Esta semana Gustavo Petro retomó una práctica que no le habíamos visto hasta ahora en esta campaña, pero que él domina con maestría: casar peleas en Twitter. En este deporte, Petro no es selectivo. Puede discutir con trols, teorizar sobre el reggeaton o graduar de interlocutor al ‘Tino’ Asprilla. Esta vez, sin embargo, no volvió a las canchas para una pelea de sparring, sino que buscó un adversario clásico: RCN. 

Detrás de todo este round está el carácter impulsivo y autoritario de Petro, pero también una reacción de él –una especie de reflejo defensivo– frente al ecosistema de derecha que intenta evitar su llegada al poder. Incluido el presidente Iván Duque, que ya interviene en la campaña sin recato alguno. Sin ley ni garantías.

Comencemos por el episodio. El lunes temprano, Gustavo Petro compartió un tuit de RCN con el siguiente comentario: “Neonazis en RCN”. El tuit de RCN se limitaba a difundir una columna de opinión de David Ghitis que criticaba la propuesta del candidato en materia de pensiones. Un par de horas después, en medio de las críticas cruzadas, los insultos y las peroratas de los intérpretes de Petro en Twitter, la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP)* emitió un comunicado:

“Con este mensaje Petro promueve la imagen de que RCN alberga y difunde institucionalmente posiciones fascistas. Además, estigmatiza directamente al periodista David Ghitis, quien expresó sus opiniones”. La FLIP recordó, además, que no es la primera vez que Petro lanza mensajes estigmatizantes contra RCN y cuestiona su trabajo periodístico. 

Lo que siguió queda como un nuevo ejemplo de la pulsión que tiene Petro de dictar cátedra sobre periodismo y exponer de manera pendenciera a quienes lo critican. En uno de los raptos que suelen darle en Twitter –y que, repito, había mantenido al margen en la campaña– Petro empezó a mencionar a la FLIP para enrostrarle lo que en efecto es Ghitis, un militante de derecha radical, y preguntar retóricamente si eso es periodismo. Las fanaticadas tuiteras, alentadas y alertadas por su líder, pasaban a la FLIP por el asador. 

Un par de días después, El Espectador revivió el tema con un editorial donde adhirió al llamado de atención de la FLIP y le criticó al candidato que la hubiera emprendido contra la ONG. “Estigmatizar al contrario no es un acto democrático”, remató. Petro saltó como un resorte con un hilo –en Twitter, por supuesto– donde se reafirmó: “Sepan ustedes que no están defendiendo la libertad de pensamiento, que yo mismo defiendo y practico, sino el crimen político”. Aludiendo en primera persona al director de El Espectador, dice en otro de los mensajes: “No es estigmatización al oponente, Fidel. El fascismo no es un sistema de ideas y de pensamiento. Es un sistema criminal que busca eliminar física y culturalmente el progresismo”. 

Detengámonos un momento en el debate sobre el periodismo que propone Gustavo Petro y la manera como quiere darlo. Para empezar, se trata de un debate del que él es protagonista, no un influenciador polémico; es el candidato más opcionado para ganar la presidencia. Su megáfono en redes sociales, además, es un satélite. Activa a ciudadanos y seguidores y militantes y bodegas. El habla y el movimiento responde. 

Ahora pensemos en dónde estamos. Acabamos de sobrevivir a la primera fecha electoral, pero el expediente está abierto, faltan dos vueltas y estamos rodeados de pirómanos. El país reverbera y Twitter quema. Vamos apenas en la mitad de la campaña y en muchas mesas de domingo y chats familiares la tensión se puede cortar con un cuchillo y servir en la mesa. ¿Y Gustavo Petro propone un debate sobre la prensa y la organización que la defiende en términos de nazismo y crimen político?

Las críticas al periodismo y la organización que defiende el derecho a ejercerlo son válidas y necesarias. No obstante, es importante tener claro el lugar de la FLIP en esa discusión, porque le hace mucho daño que Petro la vuelva el espantapájaros de la indignación de él y sus seguidores. El mandato principal de la FLIP, lo que sus fundadores y 83 integrantes de la asamblea y corresponsales en todo el país han logrado sostener como acuerdo común y horizonte, es la defensa de los periodistas, del periodismo y de la prensa. Desde la defensa de los asesinatos de periodistas –161, según los registros–, pasando por la impunidad en las investigaciones –de casi el 80%–, hasta lo que dice un candidato presidencial sobre un medio de comunicación. 

A la FLIP le correspondía llamarle la atención a Gustavo Petro por asociar a un medio de comunicación, a través de la acusación a un columnista, con el nazismo. La FLIP no debió calificar a Ghitis como “periodista”, pero sí ser enfática –como lo fue– en señalar que el calificativo neonazi alimenta las reacciones violentas que suele haber contra RCN. 

Por supuesto, acá hay otra pata alrededor de la ética periodística y la libertad de expresión, pero la FLIP no está configurada para asumir una vocería o un rol en ese debate. Convertirse de la noche a la mañana en ombudsman del periodismo en Colombia estaría minado de problemas de legitimidad y respaldo, e inmediatamente comprometería su mandato y existencia. ¿Defiendo a este periodista porque es bueno? ¿Me olvido de este medio porque es malo? Los reproches que le hacen a la FLIP son en realidad una pregunta existencial para el periodismo colombiano; para las facultades de periodismo, los directores y empresarios y otras organizaciones. No espero ver una foto de ese panel pronto.

Parte de esa realidad lánguida y a la vez efervescente del periodismo nacional la ilustra RCN. En respuesta a las palabras de Petro, el mismo lunes emitió un comunicado donde afirma: “En Noticias RCN repudiamos los discursos de odio y las estigmatizaciones, por el infinito daño en la integridad personal y moral que se ocasiona con ellas”. Palabras mayores. Palabras vacías. Palabras de una tribuna que hace tiempo se jugó por una cobertura maniquea y políticamente rentable donde precisamente se vale de lo que le reprocha a Petro.

Más allá de que la columna de David Ghitis fuera sobre pensiones, RCN amplifica y legitima una voz que en Twitter es piedra angular de la desinformación, las críticas y los ataques más viscerales contra Petro y lo que lo rodea. No es una conexión casual, es el ecosistema de la derecha retroalimentándose; es la televisión y las redes sociales, lo masivo y lo periférico, tomándose de las manos para manufacturar y repartir el mensaje de rechazo e inviabilidad del candidato del Pacto Histórico. Es la versión criolla de Fox News poniendo bajo el reflector a algún bloguero o yotubuer para vender conspiraciones (como Christopher Rufo con la teoría crítica de la raza).

En ese andamiaje participa con total desfachatez el presidente Iván Duque, que sin referirse a Petro por nombre propio ya lo critica como hábito en eventos y declaraciones. Hasta Diego Molano –que sigue sin responder a las denuncias de muertes de civiles en Puerto Leguízamo– ha tenido tiempo para comentar propuestas del candidato. 

La posibilidad cada vez más real de un Petro Presidente atraviesa todo este episodio. La matrix intenta defenderse atacando y provocando, Petro reacciona y recae en Twitter. Lo atacan y critican coordinadamente los medios de derecha, el gobierno y el uribismo y las cuentas de redes sociales que oscilan entre bodegas y tribunas de nicho. Sacuden a Petro e inflan con premura a Federico Gutiérrez. Se aferran a la esperanza de evitar entre todos la derrota que se asoma en el horizonte.
 
Nota: Les dejó el programa más reciente de Charlas con Charli. El estado de la campaña, el gobierno y la eliminación de Colombia.

* Fui director ejecutivo de la FLIP entre 2005 y 2009, hago parte de la asamblea general y cuento con el apoyo pro bono de la organización frente a una denuncia penal y una demanda civil que presentó Abelardo de la Espriella en mi contra.

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