OPINIÓN

El problema era Duque

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Ilustración: Los Naked

La encuesta de clima de opinión que hace cada dos meses la firma Invamer registró un brusco y muy favorable cambio: en prácticamente todos los ítems hubo mejoría en la percepción ciudadana. La elección de Petro generó más ilusión que miedo y el gobierno de Duque solo generaba pesimismo.

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Hay un desencuentro entre el relato que domina en ciertos sectores sociales y que se refleja en los medios de comunicación tradicionales y el sentimiento mayoritario de la ciudadanía. No en vano prácticamente el único item con un registro negativo es la respuesta a la pregunta sobre la opinión en relación con los medios de comunicación en la que el desfavorable aumentó.

Pareciera que un porcentaje alto de las personas percibe a los medios como un instrumento que quiere obstaculizar el cambio que ha prometido Petro. Esa idea de que “los mercados” están angustiados por la llegada de un gobierno de izquierda no la compra la mayoría de la gente que no solo sigue alineada con el ganador, sino que un porcentaje importante de los que no votaron por él se montaron en la ilusión.

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La idea de que “todo el mundo” está comprando dólares para irse suena incluso algo ridícula cuando se ven los resultados de la encuesta, e incluso el triunfo de Petro llevó a que la mayoría de los colombianos no crea que Colombia se va a volver como Venezuela. Ese indicador se volteó justo cuando, según lo repiten en varios de los medios con mayor audiencia, con Petro estamos recorriendo el camino de los vecinos.

La relación entre la ciudadanía y los gobiernos y sus políticas públicas está mediada por la esperanza y la confianza. Es muy distinta la disposición ciudadana a pagar impuestos, para poner un ejemplo, con un gobierno en el que confía que los invertirá en tener una sociedad más justa, que con uno que percibe que solo aumentará los privilegios de pocos.

Por eso la comparación permanente, para tratar de señalar incoherencias, de la actitud de un sector grande de la población ante una propuesta de reforma tributaria hecha por Duque a una hecha por Petro, en el actual contexto, en realidad lo que hace es desnudar que, para decirlo en los términos más simples, el problema era Duque.

El actual Presidente terminó encerrado en un pequeño círculo de aduladores y aprovechadores, dedicados a abusar de los privilegios hasta el último minuto y a negar o minimizar los reclamos múltiples de muy diversos sectores de la sociedad y nunca logró superar la percepción de que se trataba de un aprendiz torpe, soberbio, que ahora, quizás para ayudarle a Petro, amenaza con “defender su legado”. Nada le servirá más al prestigio del gobernante electo que tener a Duque de contradictor permanente.

Como si viviera en una realidad invertida, Duque insiste en criticar las posturas de Petro en relación con temas como el restablecimiento de relaciones con Venezuela, mientras que en Cúcuta se preparan con esperanza para la apertura de la frontera y, con el solo anuncio, se duplicó el número de encuestados que considera que la situación de las relaciones internacionales de Colombia está mejorando. Seguramente aunado a la percepción de que el gobierno Biden quiere tener una buena relación con Petro y en cambio cuenta, como la mayoría de los colombianos, los días para que se acabe el actual gobierno.

El Presidente y su directora de Planeación niegan que hayan pruebas sobre corrupción en la asignación de los recursos destinados a las zonas más afectadas por el conflicto, a pesar de las múltiples que recogieron los periodistas Valeria Santos y Sebastían Nhora en la investigación periodística en la que documentaron, con testimonios, audios, documentos escritos, la forma como se coludieron decenas de personas para sacar tajada.

Mientras Duque y el Ministro de Defensa hacen proclamas diarias de guerra y usan un lenguaje correspondiente a los peores momentos del conflicto, los encuestados parecen aplaudir las promesas de Petro de hacer todo para disminuir la violencia e incluso negociar con una guerrilla tan desprestigiada como el ELN. La mayoría de los encuestados se muestra dispuesta a pagar más impuestos para reparar a las víctimas, celebra que se hagan esfuerzos por restituir tierras a los desplazados y está más proclive a hacer sacrificios en materia de justicia para conseguir la paz.

El nivel de desconexión de Duque y sus cercanos es tan grande que probablemente crean que la mejoría en la percepción sobre el rumbo de casi todos los temas se debe a la gestión del gobierno y no, al contrario, al hecho de que ya pronto va a terminar. Quizás crean que cuando más personas creen que mejora la calidad de los servicios públicos, la prestación del servicio de salud, la lucha contra la pobreza es precisamente el reconocimiento de sus logros.

Aunque la deforestación aumentó, Duque interpretó las cifras a su favor

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