OPINIÓN

Elección presidencial sin partidos

Elección presidencial sin partidos

Con la oficialización de la candidatura de Alejandro Gaviria quedó prácticamente cerrado el proceso de postulaciones y autopostulaciones de la campaña presidencial del 2022. Ya varios de los más de 60 empiezan a declinar, con lo que van quedando los que son.

Hoy en Colombia quedan tres partidos que podrían tener algún grado de incidencia en la elección presidencial: el Centro Democrático, el Partido Liberal y la Alianza Verde.

El Centro Democrático tiene un voto fuerte que se puede calcular en un 15% de los electores, unos tres millones de votos, que no es poca cosa. Sus seguidores votan por el que diga Uribe y es el que más tiene capacidad de endoso, si llega a apoyar un candidato que no pertenezca a su partido.

Contexto

El Partido Liberal sigue siendo el que más simpatizantes tiene. En todas las encuestas está alrededor del 15 por ciento de los encuestados, pero su voto es débil, es decir que el nivel de disciplina de los electores es muy pequeño como se demostró hace cuatro años cuando ese Partido ganó la elección en la Cámara de Representantes con más de 2,5 millones de votos pero su candidato, Humberto de la Calle, no alcanzó el 4 por ciento de la votación. Es, sin embargo, el partido con organización más fuerte, pero seguramente concentra buena parte del malestar de la ciudadanía con los partidos políticos.

El Partido Verde representa renovación política y una agenda contemporánea, recibió impulso en las elecciones locales de 2019 al haber ganado las alcaldías de varias ciudades capitales incluida Bogotá, ha canalizado el denominado “voto de opinión” en los últimos diez  años, pero salió profundamente golpeado de esta precampaña. 

Parecía cerca de repetir el experimento de la ola verde de 2010, trayendo de fuera figuras políticas muy reconocidas que se ampararan en el aval verde para aspirar a la presidencia, pero a la Coalición de la Esperanza se le aparecieron cuatro personerías jurídicas adicionales, incluida eventualmente la del Nuevo Liberalismo, que hicieron innecesaria la original dado que sus electores son los más volátiles.

Además está pagando la idea de hace algunos años de aceptar que Gustavo Petro lo cooptara, con lo que se quedó dentro de su organización con varios miembros, muy activos, que son de izquierda fuerte, más bien lejana de la base de centro que constituye el grueso de su electorado y ahora no consigue resolver esas diferencias y el tiempo se acaba.

Hay expectativa sobre el papel que jugará el Nuevo Liberalismo dada la carga simbólica que tiene. Sin embargo, pareciera que en la elección presidencial pesara poco, aún si, por ejemplo, Juan Manuel Galán ganara. Me explico, pocos electores votarían para Presidente solo por el sello de ese partido, no quedan electores tradicionales, le pueden aparecer unos coyunturales, incluso muchos, pero su voto estará condicionado a que les guste el candidato y seguramente votarían por ese candidato tenga o no el aval de éste partido.

Probablemente, en cambio, si lograra hacer una lista al Senado que le resulte llamativa al cambiante voto de las clases medias urbanas, pueda obtener una votación importante y más de 10 curules, que irían en desmedro de las que hoy ocupa el Partido Verde por cuenta de la votación de Antanas Mockus hace cuatro años.

Cambio Radical y el Partido de la U que están golpeados en su organización y probablemente consigan en el próximo congreso menos curules de las que hoy tienen, podrían resultar siendo marginales en la elección presidencial, salvo que Germán Vargas decida competir con serias posibilidades de convertirse en el antiPetro que los sectores de la derecha están buscando, caso en el cual sus electores no preguntarán de qué partido es.

A la izquierda hay opinión, organizaciones, activismo, pero no partidos fuertes. Por la fuerza electoral de Gustavo Petro, en su entorno se organiza un movimiento que será fuerte pero coyuntural. El ejercicio de la conformación de las listas al Congreso ya los dividió y la fuerza del senador no alcanza para endosar suficientes votos como para obtener una votación en el Congreso que le permita tener más del 10 por ciento de las curules. Ese número ya sería un gran triunfo y sobre todo irrepetible.

Varios de los partidos que hoy tienen poca representación en el Congreso no participarán en la elección presidencial con candidato propio a pesar de la proliferación de candidatos, aunque seguramente inscribirán a cinco o a seis con lo que congestionarán el partidor electoral, agrandarán el tarjetón y alimentarán la discusión de reglas para hacer debates entre tantos candidatos y etc.

Así las cosas, no es seguro que los tres candidatos fuertes tengan candidato propio. El Centro Democrático competirá con Oscar Iván Zuluaga pero a la espera de si se suma a otro de centro derecha que puede ser alguno de los exalcaldes, que no tienen partido, y que no generan las resistencias del uribismo.

El Partido Liberal ya ha dicho que apoyará a Alejandro Gaviria, pero también se sabe que éste no se postulará como liberal, sino que tendrá una campaña variopinta en la que estarán muy activos varios del verde y especialmente ciudadanos que se enorgullecen de no pertenecer a ningún partido como el propio Gaviria. 

El exrector de Los Andes representa todo lo que sería hoy el pensamiento de lo que se llama el liberalismo igualitario, que es la evolución de las social democracias europeas y cercanas al Partido Demócrata de los Estados Unidos.

Los verdes, igual que en el Centro Democrático, están tratando de desmontar las muchas precandidaturas sin reales posibilidades y seguramente apoyarán o a un candidatos de los que hoy aspiran dentro de la Coalición de la Esperanza o a Alejandro Gaviria. Los petristas se irán con Petro con escisión, sin escisión, con consulta, sin consulta, en realidad están allá hace rato.

Más allá del desprestigio de los partidos, no deja de ser curiosa una elección sin partidos.

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