OPINIÓN

Evitar el triángulo de las Bermudas

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Ilustración: Los Naked.

Los tres ángulos en los que parece estar trabajando más intensamente el entrante gobierno son la política, la economía y la llamada paz total, unida a las reformas de los organismos del orden. 

En el frente político ha habido avances evidentes desde el discurso del triunfo, la noche del 19 de junio. La manifestación de no querer perseguir a los enemigos políticos fue una señal entendida desde el campo del expresidente Uribe, que durante el gobierno Duque padeció un asedio con consecuencias. La foto de Petro y Uribe trajo un aire refrescante a la habitación política colombiana, intoxicada por una década de rancios humores y polarización. 

En paralelo, el besamanos de los partidos políticos, otrora gaviristas, otrora samperistas, otrora pastranistas, otrora uribistas, otrora santistas, otrora duquistas y ahora petristas, muestra la asombrosa capacidad de adaptación de la especie Politicorum Colombianensis. Su capacidad de supervivencia hace pensar que después de las guerras nucleares que devasten el planeta, esa especie sobrevivirá al lado de los alacranes, las cucarachas. La gobernabilidad está garantizada. 

Esto puede crear dudas sobre el rol de los contrapesos y balances y la calidad de las instituciones colombianas para moderar o negar algunas de las propuestas más arriesgadas del nuevo gobierno.

En el entretanto, las grietas del Pacto histórico, entre Gustavo Bolívar y Roy Barreras reflejan desencuentros entre contingentes que no se verán representados en la repartición de poder versus las fuerzas establecidas de operatividad política, eficacia y gobernabilidad. Los primeros sienten que han trabajado por décadas para este triunfo de Petro, del cual inexplicablemente son dejados de lado o insuficientemente atendidos. Los segundos son clave para la operación del estado, como toderos reparadores de goteras, fugas de gas, daños de estufa, entre otros males domésticos. Es un dilema que se presenta a todos los presidentes, y Petro, como todos los mandatarios, lo resolverá en favor de los segundos. 

La agenda legislativa del primer periodo de sesiones fue publicada y contiene la tributaria, la prohibición del fracking y la transformación de los organismos de seguridad, además de otras iniciativas. Esos, aparte de la política, son los otros dos vértices del triángulo de gobernabilidad. 

En economía se inaugurarán con una tributaría que iría con una meta de recaudo en rampa ascendente desde 2.5% del PIB al principio, hasta 5% al final del gobierno. Súmele a esto la tributaria del ministro Restrepo, que entra en vigencia en 2023, y que trae 1% del PIB. De materializarse estas aspiraciones, los próximos cuatro podrían llamarse los años en que no hicimos más que pagar impuestos. 

El mayor recaudo hacia 2026, vendría en números gruesos (en puntos porcentuales del PIB) de 2 puntos de eliminación de exenciones a las empresas; 1 punto de mayor renta a la clase media, media alta y alta; 1 punto de impuesto al patrimonio, dividendos y ganancia ocasional; y 1 punto de predial, si bien este va a los entes territoriales. Esto, apreciadas amigas y amigos, debe ser interpretado como un tiquete a Dinamarca. Esperemos que el aterrizaje en Copenhague no sea de barrigazo.  

La tributaria induciría, según el credo petrista, un sinnúmero de cosas buenas: que las empresas dejen de recibir rentas injustificadas y se pongan a competir; que la tierra cambie de manos y se vuelva productiva y exportadora; que las empresas retengan utilidades e inviertan más; que los profesionales e independientes no eludan y paguen lo justo. 

Alternativamente, se corre el riesgo de desalentar la inversión y la creación de empresas; gravar excesivamente a los educados, profesionales e independientes, sentando un precedente negativo de largo plazo; crear conflictos regionales por la tierra; distorsionar la contabilidad empresarial y las decisiones óptimas de los emprendedores. Y, finalmente, parar la inversión extranjera, pues si no la dejan salir, no querrá entrar.

Lo del fracking es dejar una de las pocas guacas que le quedaban al país para ayudarle con el subsuelo a los hogares y empresas a pagar un estado caro y creciente. Es un error descreer que los científicos, ingenieros de petróleos colombianos y la mejor tecnología son capaces de hacerlo bien y sanamente. Pero es una prerrogativa del ejecutivo. Dicho sea de paso, AMLO dijo no al Fracking en México y PEMEX lo está haciendo.

Esto nos lleva al último vértice del triángulo: la transformación de los organismos de seguridad y la paz total. Se ha planteado reformar la policía, las Fuerzas Armadas y el ESMAD para convertirlas en organismos de seguridad de un país de ángeles, como diría el escritor francés Víctor Hugo. 

Al mismo tiempo hacer la paz con el ELN y las derivaciones delincuenciales de la paz de 2016, ambos supuestamente inspirados políticamente; y perdonar a las BACRIM, los narcotraficantes y todo tipo de criminales organizados, cuya inspiración es el lucro puro y duro. 

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