OPINIÓN

Fabricante de teléfonos fijos

hector-riveros-2023(0).jpg

Con Petro o sin Petro, Colombia tiene que pensar cómo reemplaza los ingresos de petróleo y carbón en los próximos veinte años porque el mundo tomó la decisión -tardía y vacilante, pero la tomó- de reducir al máximo el uso de combustibles fósiles, por eso llama la atención la enorme resistencia que suscita entre algunos sectores la insistencia del Presidente en que hay que ponerse en esa tarea.

Ya muchos de los lectores habrán mentalmente reaccionado con el consabido, “nadie se opone a eso, pero tiene que hacerse bien”, que se parece a “la paz sí pero no así” que es una forma de oponerse sin asumir el costo de posiciones que en la práctica terminan imposibilitando conseguir el propósito.

La molestia que generan en algunos los anuncios oficiales ha llevado a que, incluso por ambientalistas muy reconocidos, se sostenga que los colombianos no tenemos que hacer nada en materia de combate al cambio climático porque somos insignificantes en el conjunto y que lo que hagamos va a servir de poco o nada. En esa teoría están algunos que prefieren la bicicleta al automóvil a gasolina, y separan en la fuente los residuos para facilitar el aprovechamiento de los reciclables. Espero que no piensen qué tan significativo es su aporte porque se desestimularían mucho de querer ser ambientalmente responsables.

Dejemos entonces el debate ambiental para no correr el riesgo de que esos “ambientalistas” que van solo a restaurantes donde no ofrezcan pitillos para no contaminar terminen defendiendo vehementemente el uso de petróleo y carbón. Quedémonos en la que parece ser la preocupación central que es cómo vamos a reemplazar los ingresos que esos productos nos generan.

Es la misma preocupación y son los mismos dilemas a los que se tuvieron que enfrentar los fabricantes de teléfonos fijos hace más de 30 años cuando se empezó a desarrollar la telefonía celular y a masificar el uso de la internet. Tenían, supongamos, stock para cinco años y podían o no creer que las nuevas tecnologías los iban a reemplazar. ¿Se dedicaban a fabricar más aparatos para telefonía fija confiando en que la cosa no fuera tan grave? O ¿Vendían lo que tenían mientras que rápidamente trataban de montarse en el nuevo negocio?

Colombia tiene reservas probadas de petróleo para unos siete años y de gas, con los nuevos hallazgos, para unos doce. Tiene además más de cien contratos para buscar nuevos yacimientos. Petro ha insistido una y mil veces que esa exploración se seguirá haciendo a pesar de lo cual los medios y los opositores repiten también una y mil veces que “van a cerrar la llave de un día para otro”, en fin, fruto de esos contratos los expertos creen que hay una alta probabilidad de sumar nuevas reservas equivalentes a las que hoy se tienen, es decir que es razonable pensar que tendríamos petróleo, para consumir y exportar, al mismo ritmo que lo estamos haciendo, hasta el 2037. ¿Será suficiente? La verdad es que nadie lo sabe como nadie sabía cuánto tiempo tendría de vida la telefonía fija.

Por ahora, es cierto, que en muchos lugares del planeta se han puesto metas para que para entonces se consuma sustancialmente menos petróleo y que el carbón sea una especie en desuso. Los europeos y los chinos han dicho que para entonces no se venderán vehículos a gasolina, así que también es razonable pensar que aún si buscáramos y encontráramos más petróleo, éste no tendrá el mismo valor que tiene hoy sino sustancialmente menor.

Para generar presión y obligar al gobierno a cambiar su política, la oposición, los voceros del sector y algunos medios dan por sentado que el impacto económico de la decisión de no firmar nuevos contratos de exploración se sentirá inmediatamente y dan la impresión de que incluso se desfinanciaría el plan de desarrollo del actual gobierno. Nada hace suponer que eso sea así. Ecopetrol está terminando el año de mayor bonanza en toda su historia y, por la persistencia de la guerra en Ucrania, los estimativos indican que el 2023 será incluso mejor.

Los ingresos por regalías, impuestos, utilidades provenientes del negocio del petróleo están asegurados por los próximos seis años y su monto depende no de que busquemos más para sacar dentro de diez años sino del precio internacional que está atado a factores totalmente ajenos al gobierno colombiano. Los ingresos de carbón, en cambio, se reducirán considerablemente en los próximos años. De hecho, las minas del Cesar las abandonó la empresa que las explotaba porque ya son un mal negocio.

La apocalíptica sentencia con la que termina el análisis de La Silla sobre la decisión del gobierno de que “se llevará por delante todas las demás reformas que ha prometido”, tiene más de emoción negativa que de análisis frío de los números y las realidades.

Los economistas -tan serios y acertados siempre- dirán que es una visión de corto plazo, a ellos hay que recordarles que en el mediano y en el largo plazo hay que asumir que el petróleo dejará de valer lo que vale por la drástica reducción que habrá en su consumo y que justamente “la transición responsable” se debe hacer sin confiar en que dentro de quince años vamos a seguir viviendo de su explotación. Si buscamos más probablemente encontremos “una bodega llena de teléfonos fijos” que ya no será un tesoro. 

Ecopetrol tiene un plan serio para dejar de “fabricar teléfonos fijos” y meterse en las nuevas tecnologías. El resto del mundo está en lo mismo y algunos optimistas creen que con el hidrógeno será pronto una fuente de energías limpias que reemplace al petróleo y al carbón antes de lo esperado.
Tienen razón los críticos que no ven un sector económico que termine aportando lo que el petróleo dejará de aportar. Claro que no van a llegar los turistas que el gobierno dice que van a llegar, pero, otra vez, con turistas o sin ellos, con Petro o sin Petro, el petróleo no valdrá lo que vale y o lo sustituimos o vamos a tener problemas graves y no es “fabricando más teléfonos fijos” como vamos a solucionar el asunto.

Es entendible que la oposición haya escogido éste como el flanco débil del gobierno porque a él le puede atribuir todos los males económicos que aparezcan. Si la inflación no cede será por culpa de la ministra Irene, si el dólar se devalúa, también, si el desempleo aumenta, también, es decir si pasa lo que los economistas dicen que va a pasar, con anuncio o sin anuncio, habrá como responsabilizar al gobierno.

En cambio es menos entendible que algunos ambientalistas se hayan vuelto defensores de la explotación de las materias que más aportan al cambio climático. Vivir para ver.

Compartir