OPINIÓN

Fiestas de Independencia S.A.

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Lo que está pasando en Cartagena esta semana hay que celebrarlo. Después de 82 años compartiendo agenda con el Reinado Nacional de Belleza, este año las Fiestas de Independencia vuelven a tener la soberanía de noviembre. Gracias a una decisión de la multinacional que ahora controla Miss Universo, en la que se solicitó mover las fechas por un tema estratégico para la comunicación de sus eventos, tenemos luz verde para volver a ser nosotros mismos, y si todo sale bien, nos la vamos a gozar. 

La información fue publicada hace poco menos de un mes en un comunicado de prensa de Raymundo Angulo, presidente del Concurso. Desde entonces el IPCC y equipos de trabajo, como el Comité para la Revitalización de las Fiestas de Independencia, han estado gestionando y coordinando tanto la agenda, como la convocatoria. 

                         

Cabildo de Getsemaní (2010) / Foto: Fredi Goyeneche

Un hace dos semanas en las redes sociales de la Alcaldía de Cartagena, presentó un abrebocas de lo que tendremos el próximo 11 de noviembre. La pieza, grabada durante la lectura del decreto de la reina del Carnaval de Barranquilla, muestra el baile de una comparsa liderada por Stephanie Mendoza, la nueva reina, en su vestido de cubiambera frente al rio Magdalena. También hay declaraciones motivadoras como la de Carla Celia, directora del Carnaval, anunciando su apoyo incondicional a nuestras festividades; Alejandro Char, alcalde de Barranquilla, diciendo cosas como “vamos a meter 400, 500 personas de todas nuestras danzas tradicionales de Barranquilla acompañando a todo el desfile de Cartagena”; y la del alcalde de Cartagena, Manolo Duque, emocionado porque la reina le dijo que “lleva algo espectacular… Rey Momo, y todo lo demás”.

Y es que el Reinado Nacional logró desvanecer, durante más de ocho décadas, muchos de los rasgos características de nuestras formas tradicionales de celebrar. El certamen impuso la coronación año tras año de mujeres -en su gran mayoría- blancas y se enmarcó en las reglas occidentales de ser persona. Así se relegó a los nativos cartageneros que tuvieron que resistir para poder mantener apenas viva la tradición, aunque las condiciones sociales y económicas ofrecidas por el Estado jugaran en su contra.

El cartagenero de cepa evoca con emoción los días del año en que lo más negro, indio y mestizo de nosotros sale a cabildear a la calle sin inhibiciones. Entre vestidos de cortesanos, convulsiones pélvicas y paganismos, se arma “el despeluque catártico que viene con las lluvias de fin de año”, como lo describió mi papá, “el profe” Fredi Goyeneche, hace cuatro años. Sin embargo, sigue habiendo gente que ve en el Bando una suerte de debilidad para la ciudad por los “excesos de folclor” y el descontrol.  

 

Cabildo de Getsemaní (2010) / Foto: Fredi Goyeneche

 

Es por eso que una entidad como Carnaval S.A., que ha demostrado durante más de dos décadas ser el corazón y uno de los motores económicos de Barranquilla, termina siendo fundamental para sacar adelante nuestra agenda tan añorada, como improvisada. Sin embargo, se abren interrogantes sobre lo que viene después. Por ejemplo: ¿quién administrará las Fiestas de Independencia S.A., o como se llame la institución que gestionará nuestra recién recuperada fortuna patrimonial? Hasta ahora tenemos el acompañamiento de los vecinos arenosos. El asunto es que no sabemos hasta cuándo, ni a qué precio.

Y si, el Carnaval es una maravilla. La variedad de personajes, de músicas y de encuentros son incalculables. Es un escenario en el que conviven felices comparsas “mamagallistas” y tradicionales, como las Marimondas de Barrio Abajo, con otras más hípsters y diversas como La Puntica No’ Ma, compuesta por artistas, intelectuales y curiosos que acogen al mundo entre nalgadas de escarcha mística. Una parrandón de cuatro días (más los dos meses de pre-carnaval) que, según un de publicado a principio de año en La Silla Caribe, mueve 45 mil millones de pesos al año y genera 8 mil empleos directos y 22 mil indirectos, pero que, según una fuente del mismo trabajo, se maneja como un club social en el que muy pocos tienen cabida.

Tampoco tenemos que bajar la cabeza ante tremendo gigante, porque no se trata ahora de tener un Virrey Momo o una sucursal de la Puntica en Cartagena. Pero sí de tener presente que esa es la construcción que ellos han hecho para sus fiestas y que nosotros tenemos una hoja casi en blanco sobre la que podremos construir las nuestras y rescatar los rituales, disfraces y bailes propios.

Porque Barranquilla, todos lo sabemos, es la capital económica de la Costa Caribe y sus brazos de poder se extienden hacia otras ciudades de la región. No hace mucho, por ejemplo, dentro del equipo de trabajo del ex alcalde de Cartagena, Dionisio Vélez, habían varios barranquilleros, entre ellos dos funcionarios que venían de trabajar con Char durante su primera alcaldía: Martha Rodríguez Otálora, que fue directora del Dadis, y el cuestionado Carlos Granadillos, ex secretario de Hacienda.  

Mañana es el Bando. El día en el que se desfila y se baila por las calles de Cartagena al ritmo que marca el tambor, para conmemorar que hace 205 años una muchedumbre de getsemanisenses se plantó frente a la Gobernación a pedir la libertad absoluta e inmediata de España. Y como cada año, esperamos bolsitas de agua, pólvora, maizena, champeta, mapalé y ron. “Sabrosura sin censura”, como decía un amigo cada vez que estaba de fiesta.

También esperemos que después del éxtasis nos pongamos mosca y hagamos las preguntas adecuadas. Que nos apropiemos y propongamos. Sino, corremos el riesgo de ser la estrella fugaz de una noche, o de seguir regalando nuestros tesoros a los que vienen de afuera. En un abrir y cerrar de ojos podríamos terminar celebrando la Independencia de Cartagena como parte de la agenda de Pre-Carnaval.

 

Nilda Meléndez, Reina del Cabildo de Getsemaní (2010) / Foto: Fredi Goyeneche

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