OPINIÓN

Gobierno de coalición

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Uno de los varios experimentos que quiere desarrollar Gustavo Petro en la Presidencia es el de liderar un gobierno de coalición, esto es, uno integrado por personas provenientes de distintas fuerzas políticas con un acuerdo base y diferencias sustanciales en el tratamiento de determinados temas. Eso genera tensiones internas, aparentes contradicciones y decisiones matizadas.

En el mundo existen decenas de ejemplos actuales. España es quizás el más cercano y el más visible. Allá como acá hay una coalición conformada por partidos o movimientos de izquierda doctrinaria y clásica y por la socialdemocracia. La diferencia es que allá la lideran los socialdemócratas y acá la izquierda doctrinaria.

En España como acá ha habido en el gobierno representación, por ejemplo, del Partido Comunista y de los sectores liberales del PSOE. Esa mezcla ha llevado a que se deban administrar las permanentes tensiones entre los unos y los otros en asuntos como los laborales y de seguridad social en los que allá como acá los más de izquierda esperan los mayores cambios.

Hay, eso sí, una diferencia grande entre el ejemplo español y el colombiano, que Petro trata de compensar de alguna manera y es que allá hay partidos políticos fuertes e ideologizados y acá los sectores “socialdemócratas” han debilitado su postura programática por privilegiar la pragmática de la representación burocrática. Petro no encuentra bien con quien discutir al interior de la coalición de gobierno y por eso se le ve cómodo controvirtiendo con Uribe.

La otra gran diferencia es que allá los sectores minoritarios de la coalición tienen la llave para la permanencia del gobierno y acá no. Si Podemos, el equivalente a la Colombia Humana, se retira del gobierno, Pedro Sánchez se cae, acá si los liberales se fueran a la oposición pondrían en dificultades al gobierno, pero no amenazarían su permanencia.

Estas características del gobierno actual no parecen ser suficientemente comprendidas por los comentaristas y analistas que más parecen divertidos con las aparentes contradicciones al interior del gobierno y dedican decenas de columnas a resaltar que el ministro de Hacienda dijo una cosa distinta a la de la ministra de Minas e incluso que al propio Presidente de la República y que la de Salud dijo algo que parece ser distinto a lo que promueve el presidente del Senado. Esa es la esencia de un gobierno de coalición.

Ocampo, Gaviria, Cecilia López, Umaña, Prada, Velasco, Osuna, Jorge Iván González son todos liberales socialdemócratas. Me atrevería a decir que en el 2006 todos votaron por Horacio Serpa y no por Carlos Gaviria y entonces tienen diferencias con el Presidente sobre aspectos cruciales relacionados especialmente con el papel del Estado en la economía y por eso llama la atención que buena parte de ellos lideren precisamente las agencias gubernamentales encargadas de los temas económicos.

Ese hecho debería servir de prueba de que Petro está dispuesto a hacer concesiones sobre sus convicciones en materia de política económica  y de que el debate es de la esencia de su gobierno. Desde Chapinero usan esa característica para prender alarmas que pretenden desprestigiar al Gobierno.
El análisis importante es quién se impondrá en cada pulso, si encontrarán el punto medio y cuál es el límite de las concesiones presidenciales.

El componente de tierras de la Reforma Agraria es un magnífico ejemplo. Como lo dice con precisión la profesora María del Pilar López, el gobierno se decidió por la redistribución a partir de la compra y no por la distribución de bienes públicos como baldíos o bienes extinguidos. Esa es una decisión ideológica que busca cambiar la estructura de la tierra y no simplemente resolver el problema de unos campesinos sin dónde trabajar. En eso las dos líneas gubernamentales deben estar totalmente de acuerdo.

Para redistribuir uno puede optar por “expropiar”, entendido como un medio forzoso de adquisición de tierras de particulares para pasarlas al patrimonio público, suponiendo -aunque no es así- que el propietario ve disminuido su patrimonio. El otro camino es el de la compra voluntaria. El primero es el camino más doctrinal de izquierda, el segundo el liberal que intentaron López Pumarejo y los Lleras. Petro se fue por el segundo camino.

Debe haber al interior de la coalición de gobierno muchas personas que están en contra de haber escogido el camino más moderado y ni que decir de haber buscado a la asociación de ganaderos para facilitar la identificación de predios para comprar. Ya se han oído voces que acusan a Petro de estar lavando la cara de despojadores y sectores asociados con los paramilitares. El Presidente sabe que el camino de la “recuperación” de tierras genera confrontaciones que ponen en riesgo “los cambios” y entiende que el resultado de adjudicar tres millones de hectáreas a campesinos se facilita por esta vía.

Pareciera que acá se encontró el punto medio incluso más rápido de lo esperado. Habrá que ver si, por ejemplo, en el tema de salud, donde se discute lo de siempre, si el Estado debe prestar el servicio o si lo hacen los particulares con la inspección y vigilancia oficial, se logra llegar a un punto que deje tranquilos a los miembros de la coalición. Se sabe que al interior del gabinete hay diferencias grandes sobre el tema y a ellas se suman las del Congreso encabezadas por Roy Barreras donde hay también controversias con las propuestas de la ministra, hasta ahora, apoyadas por el Presidente.

Con la enorme debilidad de no tener partidos fuertes detrás se va construyendo un gobierno de coalición, con una oposición también cada vez más claramente identificada y más doctrinaria. Empieza a parecer una cosa seria a pesar de que desde Chapinero se ve como un relajo lleno de contradicciones.

 

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