OPINIÓN

La confesión del embajador y la visita del Presidente

Iván Duque estará los próximos días en Madrid, con ocasión de la realización de la Feria del Libro, la más importante del mundo hispano, en la que Colombia es nada menos que el país invitado de honor. No será una visita tranquila, al contrario, encontrará protestas callejeras por su presencia y tendrá que explicar, sin éxito, si su gobierno conformó o no una lista de escritores con criterio político, o al menos “neutro”.

Juntando las piezas, parece que el Gobierno no midió bien la importancia del evento. Ante la falta de canciller, en los tiempos de Claudia Blum, y ante la falta de ministro de cultura, en los tiempos del amigo de Duque, Felipe Buitrago, las decisiones quedaron en mandos medios, quienes optaron por escoger como tema para resaltar la biodiversidad, como si se tratara de una feria de turismo.

La imagen que ilustra la participación del país está conformada por peces, osos y pájaros, lo que difícilmente evoca lo que se va a exhibir o promover en la Feria.

La página oficial de la Feria, en la pestaña correspondiente al país invitado, se advierte que la Feria será el escenario para celebrar el centenario de muy importantes artistas colombianos, que no escritores: Alejandro Obregón, Enrique Grau, Edgar Negret, Manuel Humberto Rodríguez, Nereo López, Lucy Tejada y Cecilia Porras.

“Gente con ideas” era la repetida expresión que usaba el director de El Tiempo Hernando Santos, cuando ocurría como en este caso que alguien por creativo terminaba tomando decisiones o haciendo cosas claramente impertinentes.

Era simple: la oportunidad de ser el país invitado de la Feria del Libro de Madrid servía para resaltar a los escritores, no a los pintores o fotógrafos, consagrados y para promover a los nuevos que se destacan y no la diversidad geográfica y ambiental del país.

Aparentemente, de los mismos autores del afiche y de pintores y fotógrafos en la feria, fue la decisión de excluir a los consagrados y quedarse solo con la lista de escritores jóvenes, acompañados de algunos no escritores como el cineasta Sergio Cabrera.

Con tantas equivocaciones juntas era fácil que surgiera la suspicacia de si de esa lista se habían excluido a escritores consagrados por razón de sus ideas políticas.

Un periodista español se lo preguntó al embajador, quien había invitado a una reunión con periodistas españoles para contarles lo que se mostraría en la Feria. Oh sorpresa, el embajador confirmó. Dijo que sí que al gobierno le parecía que había que preservar ese escenario de la controversia política interna y que por tanto se había hecho una selección “neutra”.

El embajador, regañado por la Canciller y Vicepresidenta, se disculpó, dijo que no había dicho lo que había dicho, que había sido un error.

Lo que quedó claro es que al menos a ese funcionario le parecía casi que natural que de la lista se excluyeran, solo por esa razón, a escritores críticos del gobierno.

La lista quizás no se hizo así, pero al embajador le parecía que debió haberse confeccionado de esa manera. La Canciller sigue intentando corregir cada vez que puede, pero nada que hacer, ya pasó, ya están convocados los plantones en Madrid para esperar al Presidente y ya en el largo inventario de errores oficiales quedó registrado para siempre este.

Dos escritoras extraordinarias, Melba Escobar y Margarita García Robayo, prefirieron declinar antes de que quedara alguna duda que su nombre entre los seleccionados no era por sus méritos, que los tienen suficientemente probados, sino por ser “neutras” o peor aún afectas al gobierno. Ni lo uno, ni lo otro, pero ese criterio debía estar expresamente excluido para ser considerado porque se trataba de destacar escritores y escritoras y no de un debate político.

Juan Esteban Constaín, Pilar Quintana y Velia Vidal sintieron la necesidad de aclarar, como si sus escritos maravillosos y premiados no fueran suficientes.

El embajador Plata no ha sido exitoso en su paso por los cargos públicos, pero ha sido un consentido del uribismo. Éste gobierno lo designó, nada menos que gerente del plan de vacunación, donde estuvo pocos meses y lo envío a la embajada cuando fue evidente que íbamos más tarde que varios países de América Latina.

El gobierno, quizás por idea de Plata, decidió, también aprovechar para graduar al Presidente de escritor y abrirle un espacio en la agenda del encuentro de escritores más importantes en lengua castellana para que presentara su nuevo libro sobre la economía naranja. Ese acto de lo que coloquialmente llamado “lagartada” le terminará pesando haberlo hecho. Habrá más críticas que aplausos.

El mal criterio oficial es tan repetido que seguramente García Márquez, lo describiría como pava, esa palabra que le gustaba repetir, que aprendió del uso común en Venezuela, que se define como “mala suerte que se contagia”.

Los asesores que andan preparando la visita del Presidente a Madrid que le tengan las respuestas a las preguntas de si hubo criterios políticos para la confección de la lista de escritores, porque las entrevistas van a girar en torno a eso y no, como ellos esperaban, de los logros oficiales. Preparen al Presidente para el hecho de que las explicaciones no van a resultar convincentes y que los periodistas las van a replicar una y otra vez, que no se vaya a exaltar, que no vaya a reclamarles porque no le preguntan por otras cosas. El embajador Plata tiene la respuesta.

Ah también que tenga a la mano alguna explicación convincente sobre la impunidad de las decenas de casos de abuso policial ocurridos en el marco de la protesta social en los últimos tres años. Que le digan que la explicación de que los jueces son independientes no dejará satisfechos a los periodistas y entonces le van a volver a preguntar. Que conserve la calma.

Ah que tenga claro que por su libro de la economía naranja no le preguntarán.

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