OPINIÓN

La "tecnocracia", la perdedora en las elecciones

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Ilustración: Los Naked.

Hay una larga lista de perdedores de las votaciones del pasado domingo, pero hay un grupo que no se ha mencionado y que sale bastante vapuleado con el resultado: los tecnócratas. A esa élite, integrada por economistas formados casi todos en las mismas escuelas y que comparten la misma visión que han copado las agencias estatales de dirección económica, tanto Rodolfo Hernández, como Gustavo Petro le atribuyen todos los males.

Se trata de un grupo que empezó a crecer en el gobierno de Carlos Lleras Restrepo, que ha dominado en el Departamento de Planeación Nacional, el Ministerio de Hacienda, la antigua Junta Monetaria y ahora la Junta Directiva del Banco de la República, algunas superintendencias y cuyos integrantes provienen de dos o tres universidades privadas y han completado su formación profesional en Estados Unidos o Inglaterra y con frecuencia han estado algún tiempo en cargos de la banca multilateral en Washington. Son quienes han diseñado las políticas sociales y económicas en Colombia en los últimos cuarenta años. No poca cosa.

En la discusión política han sido cuestionados permanentemente y calificados como “yuppies”, “neoliberales” y varios otros adjetivos para señalares una supuesta falta de sensibilidad frente a los problemas sociales o una desconexión con la realidad nacional. 

En elecciones anteriores varios de ellos encabezarían los equipos programáticos de los candidatos y hoy están relegados a ser espectadores porque en una y otra campaña no solo no son bien recibidos sino señalados de ser los autores de políticas que, en palabras del candidato Rodolfo Hernández, “nos han llevado a la ruina”.

Petro ha hecho buena parte de su carrera política cuestionando esas políticas, en particular las que tienen que ver con la definición del papel del estado en el proceso económico. La “tecnocracia” considera que la colaboración de los particulares en las prestaciones de bienes y servicios públicos genera eficiencias y Petro estima que eso convierte en negocios los derechos de las personas y ese es el principal cuestionamiento al sistema de salud o a la prestación de servicios públicos domiciliarios.

La “tecnocracia” confía en las reglas del mercado, incluida la apertura a los mercados internacionales, mientras que Petro y también Hernández, les atribuyen a esas medidas el empobrecimiento en el campo, el abandono de la producción de alimentos para tener que importarlos. En términos del siglo XIX, la “tecnocracia” es librecambista y Petro y Rodolfo son proteccionistas.

En general los “tecnócratas” han preferido los subsidios a la demanda que a la oferta. Creen que es más eficiente ofrecerle un subsidio, por ejemplo, a un comprador de vivienda que hacer que el Estado las construya y las adjudique, como hacía una institución muy querida en las décadas del sesenta y los setentas que construyó barrios emblemáticos en muchas ciudades colombianas. En los noventas se liquidó el Instituto de Crédito Territorial y se adoptó el esquema de subsidios. Es muy probable que tanto Petro como Hernández sueñen con revivir el Inscredial como se le llamaba para construir nuevos Kennedys, Pablo Sextos, o La Base en Cali donde nació la candidata a la vicepresidencia del ingeniero.

Prácticamente ambos han anunciado que recrearán el antiguo Idema, Instituto de Mercadeo Agropecuario, también liquidado en los noventas, con el fin de comprar alimentos básicos a pequeños productores y distribuirlos a precios subsidiados o incluso gratuitamente. Los “tecnócratas” creen que ese método genera ineficiencias y corrupción.

Las líneas esenciales de las políticas económicas y sociales que han prevalecido en las últimas tres décadas en Colombia serán revertidas cualquiera sea el ganador en las elecciones del 19 de Junio. Habrá proteccionismo, crecimiento y creación de empresas públicas y disminución de la participación de los particulares en la prestación de servicios públicos esenciales y se preferirá subsidiar la oferta. 

Habrá que hacer un balance desapasionado de los resultados de las políticas de los últimos 40 años en Colombia en términos sociales y económicos para saber si al cerrar esa etapa de la historia económica el saldo es positivo o negativo.

Los logros son múltiples, especialmente en materia social. El acceso a bienes públicos se multiplicó en algunos casos casi exponencialmente. Por ejemplo, la cobertura de salud o el aumento de coberturas en materias de servicios esenciales como agua potable y energía eléctrica, o la universalización de la educación básica o el crecimiento inusitado de cobertura en educación superior. Todos esos logros resultaron insuficientes. En la opinión pública prima la idea de que para acceder a servicios de salud hay que pagar y que la educación superior sigue siendo un privilegio inalcanzable.

La apertura económica perdió su batalla en la opinión casi desde el primer día y las cifras del campo parecen darles la razón a sus contradictores.

El candidato Hernández tiene a los “tecnócratas”, no los llama así, como principal blanco de sus críticas después de los políticos. “¿De qué han servido tantos estudios por los que les pagan millonadas?”, se pregunta una y otra vez. “Ahí está el resultado: 22 millones de personas aguantando hambre”, sentencia.

“Sumieron en la pobreza extrema a los campesinos de Colombia”, proclama Gustavo Petro.

Esos dos candidatos obtuvieron quince millones de votos el domingo pasado y uno de ellos será el próximo presidente, sin embargo, paradójicamente tanto Hernández como Petro parecen buscar afanosamente un “tecnócrata” de estos para nombrar Ministro de Hacienda con el fin de dar tranquilidad a esos “tecnócratas” que influyen en la formación de opinión y a sectores económicos en los que, a diferencia de la calle, son bien reputados.

Con todo, los “yuppies” deberían ir recogiendo sus cositas.

 

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