OPINIÓN

La virgen, las putas y la campaña

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No recuerdo una elección donde las prostitutas y la virgen hayan tenido un lugar tan preponderante en el curso de una campaña electoral. Tampoco recuerdo una campaña donde los candidatos se hayan referido reiteradamente en sus programas a los derechos de las mujeres. Como todo esto parece algo contradictorio, me quiero detener en el recurso a algunos supuestos “argumentos de campaña”, que no lo son. 

La primera mención a la virgen y a las putas fue una frase relativamente baladí, cuando le preguntaron a uno de los candidatos en un programa radial si todos estaban bienvenidos a su movimiento. Dijo, textualmente que recibiría a “la Virgen Santísima y todas las prostitutas que vivan en el mismo barrio con ella, a todo el mundo lo recibo, pero no les cambio el discurso”. 

Aceptar a todos los elementos de la sociedad, sagrados o no, en su campaña, es loable. Decidirse por la mención a las prostitutas para ejemplificarlo, justamente, plantea un problema, pues es el sector social más estigmatizado. En el caso del candidato, parecía más bien una fórmula oral, una mención coloquial que buscaba decir lo contrario, mostrar su disposición abierta, sin mover sus principios programáticos.

El problema es que existen otras menciones a las prostitutas por parte del mismo candidato. En particular, equipara a un político sucio con las “manoseadas prostitutas de Puerto Wilches”. He escuchado varias veces esta expresión machista en el lenguaje oral, y por supuesto la repruebo, como la reprobaron varias mujeres, incluidas trabajadoras sexuales. 

Las cosas hubieran podido parar ahí. Estas dos menciones hubieran podido dar lugar a una reflexión sobre el lenguaje coloquial -sobre todo en las generaciones mayores- y su forma de vehicular machismo. Pero, por supuesto, no fue así. Dieron lugar a un gigantesco despliegue de defensa de “la virgen ofendida” por parte del candidato rival, de los medios y de sectores de la iglesia. 

El petrismo consideró que mencionar en una misma frase a la virgen y a las putas era una ofensa hecha a la primera. Desde sectores progresistas influyentes del Pacto Histórico, empecé a ver esas defensas. En sus propias cuentas de Twitter, Petro posaba con defensores de la virgen, y un senador del Pacto parecía celebrar que sectores conservadores hubieran pedido excomulgar al candidato de las “ofensas”. Las bases del Pacto Histórico tomaron las cosas por su cuenta, dándole lecciones morales al candidato Hernández. El mundo al revés.  

Ponerse a "defender" a la virgen de sus supuestas malas compañías, las prostitutas, es una lectura clasista y es también una lectura conservadora. Vamos por etapas:

  • Para los creyentes católicos, claro que la virgen está con los pobres, con las prostitutas, con los "nadie". La virgen no es patrimonio ni de los obispos, ni de las iglesias. La virgen está con quien la llame, con quien crea en ella. 
  • Para los exégetas de los evangelios, las putas son amigas de Jesús (incluida María Magdalena, y sobre quien la sospecha se extiende 21 siglos después). Jesús lo dice: ellas, las prostitutas, llegarán de primero al reino de los cielos (Mateo 21, 31). 
  • Para los sectores que vienen de la izquierda y del progresismo, las prostitutas no son decadencia moral, no son indeseables, son personas con dignidad. Decir que estar con ellas es ensuciar algo es ser putófobo. 
  • En otro plano, a todos los colombianos nos debe ir quedando claro que Colombia es un Estado laico. Que no existe ninguna sacralidad legal. Se puede hablar de Jesús, de Dios, de María, en términos paganos. Se puede ser ateo. Se puede bromear con la religión. No somos un Estado confesional. 
  • Para los militantes progresistas, la religión no se usa para hacer política. Eso lo ha hecho siempre la derecha. El militante progresista no se mete ahí. Tiene mil argumentos para hablar, convencer al ciudadano. 

Estas deliberadas acciones del sector progresista para moralizar con este tema muestran que hace falta mucha reflexión feminista. Además de las menciones anteriores, las “prostitutas” fueron tema recurrente en otros momentos de la campaña, siempre para ensuciar al rival. Esto revela que el estigma hacia las prostitutas sigue siendo ampliamente difundido. (Y merecería una reflexión aparte explicar por qué una prostituta no tiene menos dignidad que cualquier otra persona).

Todos estos asuntos revelan las grandes falencias de ambos candidatos en torno al feminismo. Es conocida la mención de Hernández en el sentido de afirmar que las mujeres no desearían trabajar sino quedarse en su casa. Son formas de pensar de otra época, y por supuesto fue ampliamente reprobada. 

Es conocida también la frase de la esposa de Petro, Verónica Alcocer, en el sentido de afirmar que las periodistas que llegan a niveles altos lo hacen por haber enredado (sexualmente, se entiende) a sus jefes hombres. Es una mención machista que también generó repudio, especialmente por parte de las periodistas. 

Lo interesante o curioso es que los programas de ambos candidatos apoyan el aborto, defienden los derechos de las mujeres, se ufanan de ser paritarios (Hernández, con la mitad de su equipo en Bucaramanga, Petro, con la bancada paritaria). Aunque Petro tiene indudablemente mucha más conexión con los movimientos feministas que Hernández, no se puede decir que el programa de éste desconozca muchos aspectos del feminismo.  

La campaña reveló que estos programas y compromisos de los candidatos no se han traducido en prácticas. El feminismo no es un asunto universitario ni retórico. Es un cuestionamiento cotidiano y permanente a las categorías con las que aprehendemos el mundo, que son machistas, porque desde hace milenios, las sociedades han sido patriarcales. 

Sofía Petro dijo que su papá se estaba “deconstruyendo”. Estaba hablando de ese trabajo de cambiar de posición, de revisar sus propios prejuicios. Creo que todos ganamos si deconstruimos nuestros prejuicios y esbozamos un mundo más igualitario, en el que la virgen puede irse de rumba con las prostitutas, las mujeres no se tienen que acostar con nadie para escalar posiciones, y ser prostituta no es motivo de estigma social.

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