OPINIÓN

Mucho político, poca deliberación

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En Colombia se habla todo el tiempo de política. Los políticos ejercen un constante monopolio mediático. Una gran cantidad de programas de radio gira en torno a la política colombiana, y lo mismo sucede con muchísimos programas de televisión. Los colombianos están al tanto del último trino del presidente, o de la última ocurrencia del ex presidente. Sin embargo, no por eso debaten sobre política. En realidad, la deliberación política es pobre en Colombia. 

 

El quid del asunto es que los políticos han acaparado prácticamente todos los espacios, pero esto no implica una mejor deliberación política. Lo que ha sucedido esta semana con la aprobación del presupuesto nacional y con la entrega de computadores a escolares son pruebas de ello. 

Mientras los medios y los políticos se ocupaban de la no necesidad de visado para colombianos que viajan como turistas al Reino Unido, y suscitaban una cantidad de comentarios y trinos sobre si fue Petro, Duque o Santos el artífice de la medida, generando encendidas reacciones, los políticos aprobaban sin debate, y casi clandestinamente, el presupuesto de la nación. 

La ausencia de deliberación sobre el presupuesto nacional es un asunto grave. En cualquier Parlamento que funcione con las reglas de la democracia, este es un tema que da lugar a intercambios claros que se explican con ejemplos para que la ciudadanía los entienda. El proceso de adopción del presupuesto fue explicado en Argentina recientemente, en España dio lugar a excelentes infografías del Ministerio de Hacienda, mientras que en Francia la ausencia de escucha por parte del gobierno acapara hoy las discusiones y saca a la gente a la calle. En estos casos, y en muchos otros países, el gobierno y la oposición se esfuerzan por presentar de manera didáctica los temas técnicos o económicos, pues se sobreentiende que la calidad del debate depende de una buena información. 

En Colombia, el debate relativo al presupuesto no fue cubierto por los grandes medios. A duras penas, algunos influenciadores de Twitter dieron cuenta de los “pupitrazos” (aprobación de debates sin discusión) que se presentaron en el recinto del Congreso. En uno de ellos se ve al presidente de la Cámara de representantes tramitar la ley como si narrara un evento deportivo, para no tener que discutirla. 

Esta estrategia de los políticos es frecuente: saturan el espacio mediático con cuestiones menores, se aseguran de que influenciadores y comentaristas políticos les sigan el juego, y evitan que la ciudadanía se informe e intervenga en el debate. Así, por ejemplo, los ciudadanos ignoran que el presupuesto del Ministerio de Medio Ambiente es irrisorio, que un instituto como el IDEAM (Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales) solo sobrevive gracias a los aportes internacionales, o que los pulmones de Colombia, los parques naturales, están completamente desfinanciados, como lo denuncia la representante Julia Miranda. En el gobierno que se autoproclama defensor el medio ambiente y “potencia mundial de la vida”, no hay recursos para cuidar los parques o investigar sobre el recurso hídrico. 

La ausencia de deliberación política contrasta con el protagonismo de los políticos, o la repetición de sus sloganes. Esta misma semana tuvimos el infortunio de ver al alcalde elegido en Medellín, Daniel Quintero, montar un espectáculo politiquero promovido por influenciadores. Estos jóvenes fueron pagados bajo la modalidad de publicidad política no declarada (lo cual es, cuando menos, indelicado, y tal vez un delito) para crear una tendencia en redes sociales favorable al alcalde, quien tiene aspiraciones presidenciales. 

La idea era apoyar la autopromoción del alcalde con la entrega de computadores a los escolares de Medellín. Es decir que la entrega de herramientas de estudio a los niños, un asunto que en muchas ciudades del mundo forma parte del derecho a la educación, fue utilizado por este político con fines electoreros. Por supuesto, temas centrales sobre la educación, como el atraso en la formación de los niños luego de meses de inasistencia escolar, o temas como la deserción escolar, o la violencia dentro de los recintos educativos, no son abordados ni por el alcalde, ni mucho menos por la agenda mediática. De este modo, no hay forma que lleguen a los ciudadanos.

Una de las grandes distracciones de los colombianos es dedicarle horas a comentar la última ocurrencia de sus políticos. La picaresca es variada, y fuerte es la tentación de dejarse entretener con el flujo de sus gracias. El problema, sin embargo, es que casi nada de esto es política, entendida ésta como pensar la organización de la sociedad en aras del bien común. 

Para que los colombianos tengamos un mejor nivel de deliberación, es necesario que los ciudadanos no nos dejemos manipular por los políticos, que exijamos unos medios serios, y que las organizaciones de la sociedad civil y los temas estructurales tengan más voz que los políticos que defienden proyectos individuales.  

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