OPINIÓN

Petro y el repertorio gaitanista

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Ilustración: Los Naked

En su libro de memorias, Gustavo Petro cuenta que su mamá era gaitanista. Le relataba hechos relacionados con Gaitán, le contaba cosas relacionadas con el gran político, le decía que “nosotros también éramos del pueblo, y del pueblo de Gaitán”. Cuando Petro era niño, hacía apenas diez años que habían matado al líder. La memoria del crimen estaba fresca, y también la de su gesta.

Así, desde muy joven, Petro se fue impregnando de Gaitán. Posiblemente, más adelante profundizó en aspectos de su personalidad y de su momento histórico. Lo cierto es que, consciente o inconscientemente, Petro introdujo a Gaitán en su faena como político profesional.

En esta columna me quiero referir a esa particularidad. Apelo a la noción de “repertorio de acción”, proveniente de las ciencias sociales, para explicarlo. La idea del “repertorio” es que existen determinadas maneras de actuar, determinadas formas de movilización, que son adoptadas, y sobre todo, readaptadas, en otros momentos, lugares o circunstancias. Es decir que no hay que buscar una copia idéntica al original: los políticos, y los movimientos sociales, toman asuntos que rondan en el aire y los readaptan. Un ejemplo de esto son las consignas “A la carga” y “Por la restauración moral de la República”. Ambos, gritos que hoy se identifican con Gaitán, pero que en su momento éste cogió de Silvio Villegas y Laureano Gómez. 

Un asunto interesante con los “repertorios de acción” es que estos, al reactivarse, tocan determinadas fibras. Cuando se agitan ciertos espectros, se avivan modalidades que ya han funcionado en el pasado. Hoy, Petro reactiva tramas que están en el aire de la cultura política colombiana, y funcionan.

El repertorio gaitanista de Petro es evidente: Gaitán se hizo famoso en la escena pública nacional con sus debates sobre las bananeras de 1929 en el Congreso. Fueron debates que mostraron la complicidad del gobierno conservador con las grandes compañías multinacionales y en contra de los trabajadores, un gobierno untado de la sangre del ejército. Petro no se hizo famoso como guerrillero: se dio a conocer como parlamentario, por sus valientes debates de oposición contra un régimen untado de sangre paramilitar. 

Petro, como Gaitán, es ambiguo con las formaciones políticas. No se siente a gusto en los partidos, o deja sus propias formaciones a medio camino. Gaitán pudo haber fundado un partido auténticamente socialista (el UNIR), pero lo dejó en las primeras elecciones. Fue opositor feroz del partido liberal, a la vez que aceptaba cargos (fue representante, y ministro, de ese partido que criticaba). Petro no se ha sentido a gusto en los partidos en los que ha estado, pero tampoco ha buscado fortalecer su propio partido. Desconfía de formaciones, porque implican, eventualmente, no ser la voz cantante. Critica a los dirigentes de siempre, pero los busca en época electoral. 

Petro, como Gaitán, quiere apelar directamente a las masas con su oratoria y presencia constante en la palestra pública. En su época, Gaitán se valió de varios recursos: de la amplificación por radio, de las conferencias en el Teatro Municipal, de la tribuna en el Congreso, o de sus defensas como penalista. Todos estos espacios los convertía en escenarios para desarrollar sus dotes de orador, para expresar sus ideas. Así, aun cuando no tenía prensa propia, lograba que se hablara de él (basta ver el cubrimiento de la prensa a sus defensas como penalista, que eran un verdadero espectáculo). 

Por su parte, Petro ha usado de manera casi compulsiva su cuenta de Twitter. Ahí conecta con sus seguidores (son casi 5 millones), ahí mantiene una presencia constante, ahí podemos enterarnos de aspectos de su programa de gobierno o de sus alianzas. Y aun si no tuviera prensa propia, lo que dice Petro en Twitter es amplificado por otros medios (hay portales en Colombia cuya única función parece ser repetir los trinos de los políticos). 

Más importante aun: Petro, como Gaitán, usan su conexión directa con el pueblo para infundir miedo en sus adversarios políticos, y muy especialmente con el poder. Gaitán introdujo a un nuevo actor en el debate político colombiano: las masas urbanas de sectores populares. Por sus luchas y denuncias, estas se reconocían en Gaitán. Y él sabía que podía convocarlas, y dado caso, causar desórdenes. Petro tiene conexión con amplias capas, sobre todo de jóvenes urbanos decididos. Por supuesto, esto no quiere decir que Petro sea el jefe de la revuelta popular, ni mucho menos de las “primeras líneas”. Pero sí sabe que tiene influencia sobre ellos, y también lo sabe muy bien el poder. 

De hecho, si el poder le temía a Gaitán, era por esta razón esencialmente: lo que sus adversarios llamaban el “odio de clases”. Las palabras que se usaban para condenar a Gaitán eran las mismas que usa hoy el presidente Duque (y muchos más), para atacar a Petro. (Y es que el “repertorio de acciones” también circula en el poder, y el anticomunismo es cuento viejo). Ayer como hoy, los poderosos temían ver la irrupción, en la escena pública, de sectores que no habían alzado su voz hasta entonces.  

Petro, como Gaitán, ha logrado convertirse en una suerte de mito viviente. Todos los que han rodeado la carrera de Petro coinciden en afirmar que su figura se potenció a un nivel superior después de la movilización, en la plaza pública, para protestar contra su destitución por el procurador Ordóñez. Quizá el mismo Petro no sabía que apelando a la plaza pública, estaba tocando una fibra sensible de los colombianos: la fibra que quedó trunca en 1948.

Y es que Colombia, a diferencia de prácticamente todos los países de América latina, no ha tenido en su historia política ni una figura auténticamente populista, ni un gobierno auténticamente de izquierda. En el imaginario popular, Gaitán representaba ambas posibilidades. Agrego que los historiadores y analistas pueden controvertir los hechos, mostrando por ejemplo la ambigüedad ideológica de Gaitán, sobre todo durante su campaña de 1946; lo cierto es que en el plano del imaginario, es indiscutible que su figura sí se identifica con una izquierda populista. 

¿Y Petro? Pienso que, en el imaginario actual, representa la figura que puede reanudar con esa historia trunca. Si su figura mueve fibras profundas entre muchos colombianos, es en buena medida, porque le habla a una memoria latente, a un inconsciente colectivo, o si se quiere, a un traumatismo reprimido. Petro reactiva el repertorio gaitanista, en muchos sentidos. 

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