OPINIÓN

Por una izquierda de juego limpio

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Ilustración: Los Naked.

Desde que me conozco he sido de izquierda. Mi concepción política ha sido siempre la de comprender la política como el ejercicio del bien común dirigido hacia las mayorías, es decir hacia los desposeídos. Mi filiación de izquierda no es un asunto hereditario o la perpetuación de una tradición. Es fruto de una sensibilidad, bien descrita por Bobbio en su célebre ensayo: la que considera central la noción de igualdad, y considera que la desigualdad no tiene nada de “natural” y se debe corregir.  

Pertenezco a una generación en la que la lucha armada impidió, durante años, la posibilidad de una izquierda democrática en el poder. Sin embargo, lo que existió, las iniciativas colectivas (y en especial, el partido Polo), contaron siempre con mi simpatía y apoyo. Desde Colombia o desde afuera de ella, contribuí a que creciera el espectro de esa izquierda democrática. 

Apoyé a Gustavo Petro cuando no era el ídolo que es hoy, cuando era un parlamentario aislado tratando de revelar los lazos del poder con los paramilitares. Por supuesto, cuando se presentó, voté por él, como voté por otros candidatos de izquierda (Lucho Garzón, Carlos Gaviria, Clara López). Gustavo Petro le debe buena parte de su trayectoria a ese acumulado histórico, al trabajo colectivo y muchas veces anónimo de tantos que, sin ocupar cargos importantes en partidos o movimientos sociales, participan de la causa común de la izquierda.

La elección de 2022 parece ser la ocasión histórica, la posibilidad real de un viraje en un país que nunca ha tenido en la presidencia a alguien que pertenezca a la familia política de la izquierda. Sin duda, Petro está muy lejos del guerrillero que fue. Pero aun conserva buena parte de ideas que son patrimonio de la izquierda -la inclusión de las mayorías, la intervención del Estado para regular el mercado, esa noción de igualdad.

Esos cambios nutren un imaginario y una esperanza en amplios sectores de la población: en los jóvenes que quieren tener un futuro digno y que hoy son una de los baluartes electorales de Petro, en los afrodescendientes de la costa Pacífica, que multiplicaron su votación motivados por la presencia de la dirigente social Francia Márquez, en los sectores que han llevado a cabo luchas por el trabajo, la salud, las pensiones, entre los colombianos de la diáspora que anhelan poder regresar a aportar a su país. La pregunta es cómo ese anhelo de cambio se traduce en la práctica, y concretamente, cómo se ciñen los medios a los objetivos. Esta pregunta es muy relevante. La respuesta del modus operandi de cada proyecto se ve en el curso de las campañas políticas. 

Estas son momentos importantes en la historia de un país y en la mentalidad colectiva. En la campaña electoral se despierta el interés de muchos por la cosa pública, se delinean las ideas y se definen modalidades de acción. Es un momento de politización para muchos. Es también la ocasión para mostrar las diferencias de forma y contenido con los rivales. En el curso de una campaña, se establece un tipo de deliberación, se privilegian determinados temas. Así, en la campaña electoral de Francia 2022, los temas del poder adquisitivo y las dificultades económicas fueron centrales.  

Tristemente, la forma como Petro y sus asesores están llevando la campaña, me parece ir en contravía de lo que uno espera del progresismo y de la izquierda. Ha hecho carrera, en vez de atacar los argumentos del rival, atacar a su persona (su físico, sus supuestas condiciones psicológicas). Ha hecho carrera el insulto a rajatabla, tanto al rival como a quien diga que votará por él. Y por supuesto, todos los artilugios valen (editar un video para acomodarlo a sus fines, publicar audios o videos sin que se sepa de dónde provienen).  

El propio Gustavo Petro, que tiene cinco millones de seguidores en Twitter, publica trinos que son un decálogo de lo que no se debería hacer en una campaña de izquierda, y que incluyen:
     - Videos truncados del rival, para ponerlo a decir algo que no dijo.
     - Difusión de videos obtenidos no se sabe cómo.
     - Difusión de pseudo experticias psiquiátricas (con consideraciones como esta: “su rostro [del rival] es una ‘máscara de cordura’, no posee el rostro feo de los delincuentes”).
     - Difusión de trinos que insultan abiertamente al rival.
(Aclaro que todas son publicaciones anteriores al escándalo ligado a los videos filtrados por la revista Semana, que vienen a degradar aun más el debate electoral). 

Uno de los problemas que de las campañas sucias es que se vuelve borrosa la frontera entre el modus operandi del uribismo y el modus operandi del proyecto que se presenta como alternativa. Es, además, una estrategia política que quizá le gusta a los más radicales, pero no a los que dudan, que son justamente a quienes habría que convencer de votar por este proyecto, pues virtualmente hay un empate entre los dos candidatos.  

Otro de los aspectos negativos de este tipo de campaña es que instala un clima enrarecido. Es evidente que las figuras que están en la cúspide social (en este caso, líderes políticos y de opinión) instalan determinado clima, imponen la agenda y el lenguaje. Pues bien, en un clima político enrarecido desde la cúspide, no se puede disentir. Recuerdo que, en la época uribista, era imposible conversar con los adversarios. El único lenguaje era el odio, instalado desde la cumbre del Estado. Un proyecto de izquierda no puede caer en algo así. Empezando por el voto: cada cual es libre de votar Petro, Hernández, o blanco, esto no lo hace mi enemigo. 

Resta una semana para la elección. Gustavo Petro podría ser elegido presidente. Si lo es, será de todos los colombianos, de quienes votan por él (alrededor de una cuarta parte de los ciudadanos habilitados para votar), pero también de quienes no votan, votan blanco, y votan por su rival (todos ellos suman tres cuartas partes de los ciudadanos habilitados para votar). La llegada de un proyecto que pone el “amor” como tema de campaña exige que se trate con respeto a sus oponentes, incluso desde la campaña (así sus oponentes no lo hagan). El progresismo que representa hoy Petro debe ganar por medio de la argumentación y la deliberación, y no con las armas sucias de sus rivales.

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