OPINIÓN

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Algunas piezas de información para, ojalá, alimentar el Gran Pacto Agrario.

Por Marcela Eslava

Va hoy un multi-post.

Nota 1: Censo Agropecuario. El país adolece de estadísticas integrales confiables sobre la agricultura, como lo refleja la desinformación que reina en el debate actual. Sin diagnóstico, es difícil saber por dónde enfocar la solución. Urge desde hace décadas la realización de un nuevo Censo Agrícola, que no sólo recoja estadísticas integrales sobre la producción agropecuaria una vez, sino que sirva como base para un sistema de información de mayor frecuencia (encuestas recurrentes, como las que tiene el DANE para la industria, el comercio, los servicios). ¿Qué estadísticas debe recoger el Censo? La página del DANE, la institución llamada a hacer el Censo, lo explica: cuantificación de productores agropecuarios, sus características sociodemográficas, acceso a financiación y asistencia técnica; cuantificación del tamaño y tenencia de las unidades productivas, inventarios agrícolas y pecuarios, infraestructura y la maquinaria; caracterización de los sistemas de producción y de los usos de la tierra. Es decir, las bases para entender la producción y la productividad del campo, base de su competitividad. Tranquilizaba saber que el Censo está programado para este año. Sólo tranquilizaBA, porque la semana pasada nos enteramos (ver entrevista el jueves 12 en “Pregunta Yamid”) de que el Ministro de Agricultura sí tiene en su cabeza la urgencia del Censo, pero lo concibe como un “levantamiento topográfico” para el cual abrirá licitación (!),si bien opina que el DANE puede hacer la parte de “contar las personas”. La claridad meridiana que el ministro pregonaba en la entrevista sobre la importancia de generar estadísticas que permitan entender al sector, está bastante oscurita. Esperemos que los del otro lado de la mesa sí vean lo clave de partir de datos sólidos para generar políticas que los ayuden a ser sostenibles en el largo plazo, y presionen para que la generación de un sistema estadístico sólido sobre el agro sea una realidad.

Nota 2: Competitividad, productividad y asistencia técnica: Buena parte del debate se ha centrado en la carga que fertilizantes y pesticidas representan en los costos de producción de los agricultores. Se han propuesto múltiples estrategias para bajar los precios de los mismos, desde eliminar los aranceles a su importación, hasta permitir que el gobierno los importe y comercialice de forma directa. El gran ausente en la discusión entre gobierno y productores sigue siendo la asistencia técnica para mejorar la productividad física. Van abajo algunas estadísticas (fuente: FAO Statistical Yearbook, 2013) que muestran lo baja que es la inversión del gobierno en investigación para la innovación agrícola: 0.6% del PIB comparada con 1% o más en el resto de la región y más de 3% en Norteamérica. También señalan lo poco eficiente que es la agricultura colombiana en el uso de pesticidas y fertilizantes (en la tabla, las cuatro primeras columnas muestran uso de insumos, en kilos consumidos por hectárea cultivada). Los agricultores colombianos superan por mucho a sus competidores, incluyendo los vecinos de climas similares, en el consumo que hacen de pesticidas y fertilizantes en sus cultivos. Así, difícil competir. Como dije en alguna entrada previa, reducir los precios de estos insumos puede ser un alivio en el corto plazo, pero no va a convertir al agro colombiano en verdaderamente competitivo. Una política bien estructurada de asistencia técnica e innovación, que genere mejoras productivas sostenibles en el largo plazo, debe ser parte del Gran Pacto Nacional.

Nota 3: TLC’s. Mucho se ha señalado la supuesta culpa del TLC con Estados Unidos en la crisis del agro, pero poco se ha hecho para sustanciar la acusación con datos convincentes. Esto expone al país al peligro de que nos vayamos tranquilos para la casa porque se activaron unas salvaguardias, o incluso se renegociaron tratados, sin que esta solución efectivamente ataque el fondo de los problemas. Nos quedamos entonces sin el pan (la solución al agro) y sin el queso (los beneficios de los TLC). Van abajo gráficas del comportamiento reciente de las importaciones y exportaciones trimestrales de dos líneas de productos muy mencionadas en el calor de las protestas recientes: la leche y sus derivados, y la papa (fresca y procesada). La fuente primaria son los registros de exportaciones e importaciones de la DIAN. Lo primero que hay que señalar de las gráficas es que el comercio exterior no tiene una participación importante en ninguna de estas ramas de producción. La producción de lácteos del país vale cerca de 900 millones de dólares por trimestre y la de papa cerca de 300 millones.* Mientras tanto, las importaciones de leche y derivados lácteos no llegan a 20 millones de dólares en los trimestres recientes, las de papa procesada son cerca de 6 millones y las de papa fresca son cero (por eso no muestro gráfica). Es decir, esas importaciones son cerca de 2% de la producción, en cada caso: lácteos y papas. Ha habido efectivamente un incremento reciente de las importaciones y también es cierto que Estados Unidos es uno de los tres principales socios vendedores en todos esos productos. Pero: por las magnitudes reseñadas atrás, esos incrementos no pueden dar cuenta de una debacle agraria; el incremento precede a la firma del TLC gringo y a veces es dominado por importaciones de otros países (como Chile y Argentina en el caso de los derivados lácteos); y, USA está lejos de ser un socio dominante... Argentina, Chile, Ecuador, Brasil tienen similar peso en importaciones de estos rubros. De otro lado, tan notorio como el incremento reciente de las importaciones—o tal vez más—es la caída de las exportaciones a partir de 2009 para lácteos y papa fresca. En ambos casos, las exportaciones se concentraban en Venezuela y su desplome ha estado asociado con los problemas para comerciar con ese país. En el corto plazo, eso significa que los recientes anuncios del gobierno acerca del establecimiento de mecanismos que aireen esas ventas deben traducirse en algún alivio para los productores de estos bienes (aunque no la panacea, dada la pequeña fracción de las ventas que se ha ido al exterior aún en los mejores momentos). En el largo plazo, debería sugerir que también para estos productos es clave buscar otros mercados. En eso los TLC y otros mecanismos de promoción de exportaciones a diferentes destinos pueden jugar un papel positivo, pero sólo si productores y gobierno se ponen las pilas para aprovecharlos. Eso significa para los privados esforzarse por innovar, y para el gobierno impulsar la innovación, y trabajar de manera efectiva por superar los bien conocidos lastres a la competitividad: infraestructura y compañía.

 

 

* La fuente para las exportaciones e importaciones es Trade Map, con base en datos de la DIAN. Datos de producción: según las Cuentas Nacionales del DANE, el PIB de lácteos en el 2011 fue7.5 billones de pesos , es decir unos 3.500 millones de dólares (cerca de 900 millones por trimestre). Para la papa no hay medida del PIB, pero sí dice la Encuesta Nacional Agropecuaria que en 2012 se produjeron casi 2 millones de toneladas, que a precio promedio del mercado da unos 1.200 millones de dólares  (300 millones por trimestre).

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