OPINIÓN

Postales del Petroverso

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Ilustración: Los Naked

Aún me parece insólita la frase: Gustavo Petro es el presidente electo de Colombia. Ya pasaron dos semanas desde el fin del mundo. Ese domingo las urnas se abrieron como el preámbulo de una tormenta. Hoy el futuro se ve más despejado. El país giró sobre su eje. O estábamos muy sobreactuados antes o lo estamos ahora. Tal vez ambas, pero este oxígeno inesperado, el consenso fugaz de una tregua nacional, ha sido un instante para saborear.

Petro ganó y volvió a ganar. Antes de las cinco de la tarde de ese domingo estaba elegido, dos días después lo llamó el presidente de Estados Unidos, los gremios hicieron fila para felicitarlo y su rival dijo que no le haría oposición y después le dio un abrazo. César Gaviria y otros caciques le ofrecieron su desinteresado apoyo. Dio la vuelta olímpica. Hasta Iván Duque tuvo el gesto de mostrarle al presidente electo la espada de Bolívar que el M-19 devolvió cuando firmó la paz.

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Crédito: Twitter/@ingrodolfohdez

Petro saborea y celebra. Sonríe en todas las fotos. Habla ronco, sin afán, navega con el viento de cola de su triunfo y la derrota del uribismo. Nos entregamos al universo de su verso. Ya no es una amenaza. En realidad la amenaza era el otro, nos salvamos (y nos preguntamos: ¿se imaginan a Rodolfo electo en este momento? ¿De qué estaría hablando?). El desconfiable no era Petro, a este Petro lo conocemos.

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Crédito: Twitter/@petrogustavo

Con la designación de José Antonio Ocampo como ministro de Hacienda, el presidente electo vacunó a sus detractores contra uno de los miedos fundacionales del antipetrismo. Ocampo no se esperó mucho para contradecir el discurso de campaña de Petro sobre el petróleo: “Colombia tiene que explorar más y buscar más gas”, dijo en Caracol. El petrismo aprieta los labios y espera. 

En el frente político, Petro acepta y celebra el apoyo de todo el arco iris del Congreso. Una especie de santismo recargado, dicen. Petro lo defiende como un gran acuerdo nacional. “Si mi gobierno establece las condiciones de la transición, lo que sigue es una nueva era. Y si fracasamos, lo que viene, por ley física, es la reacción”, advierte Petro en El País. Acepta que sus reformas tendrán que moverse, pero promete cumplirle a la gente en la calle. La izquierda colombiana dando sus primeros pasos como director de orquesta. Y si la historia es lógica e implacable, la izquierda colombiana en la antesala del fracaso obligado que es gobernar.

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Crédito: Twitter/@petrogustavo

Petro cosecha su éxito político pero se pone la vara muy alta. Promete cambios en el primer año, habla de combatir el sectarismo, se sienta a la mesa con Álvaro Uribe. Y Álvaro Uribe sale feliz: “Yo invito a los colombianos a no irse de Colombia, a seguir en la patria, con entusiasmo, con trabajo, con creatividad y con buena fe, ahí, se van superando dificultades”. ¿Será la creatividad del perdón social? ¿Dificultades como las que él tiene? No sabemos. Pero que no se vaya nadie del país, dice Uribe. Incluído él, supone uno.

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Crédito: Colprensa

Petro recogió la posta del Acuerdo de Paz en la presentación del informe final de la Comisión de la Verdad. Por momentos el evento se confunde con un acto de campaña, de Petro o del plebiscito. Da igual. El presidente electo es el protagonista porque el presidente en ejercicio prefirió viajar. Estuvo fuera del país más de 15 días en junio. Y va a Europa a hablar en inglés de paz. Un par de días después, Duque cita a Francisco de Roux en la Casa de Nariño para chulear el trámite con una declaración. Así de mezquino es el gobernante que se va. 

La expectativa frente a Petro es también el reflejo del fracaso estruendoso de Duque. Su salida activa cualquier ilusión. El practicante termina su práctica ejerciendo la irrelevancia de su poder. Su último acto es auditar la lista de invitados a la posesión: “​​Mientras yo sea el presidente de la República, Nicolás Maduro no entrará a territorio colombiano. Si el próximo presidente lo quiere tener aquí en Colombia, lo podrá hacer una vez haya jurado como presidente”. 

Mientras tanto, se divulga el retrato que tendrá Iván Duque en el salón de presidentes de la Casa de Nariño. Una caricatura oficial. Una pintura que no se parece a Duque pero que sí plasma con rigor la ausencia de su solemnidad. Un cuadro para justificar un marco con el escudo nacional. Lo que no saben quienes critican, dice Semana, “es que primero llega un ensayo y después la obra original”. Pues el ensayo del ensayo tampoco funcionó.

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Crédito: Twitter/@vanedelatorre

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