OPINIÓN

Si pierde Fico

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Ilustración: Los Naked.

La eventual y muy probable eliminación de Federico Gutiérrez de la segunda vuelta de la elección presidencial produciría profundas consecuencias políticas de corto, mediano y largo plazo. La primera será que, literalmente, la campaña comenzará de ceros para la segunda vuelta porque la motivación por el cambio queda satisfecha. Habrá que buscar un nuevo incentivo para decidir.

Si el próximo presidente hay que escogerlo entre Rodolfo Hernández y Gustavo Petro, todos los que quieren revolcón, que son la inmensa mayoría de los electores, tendrán garantizado que lo habrá, incluso en una magnitud mayor de la que esperaban.

De las declaraciones de esos candidatos y de sus campañas dependerá entonces que la razón para irse para un lado o para otro sea el miedo a la incertidumbre, el miedo a Petro o la mayor capacidad esperada para gobernar.

El primero, el temor a no saber a donde nos puede llevar cualquiera de los dos impredecibles personajes, lo generan ambos candidatos, pero sus campañas pueden matizar ese riesgo quitándole protagonismo a las propuestas más enrevesadas o más controversiales. Los analistas dirán que se están moviendo al centro, pero, otra vez, la mayoría de los electores no deciden por posturas ideológicas, sino por sentimientos y el miedo mueve fuerte.

El segundo, el miedo a Petro, está suficientemente gastado. Sus consecuencias ya están medidas. Hay un alto porcentaje de colombianos que nunca votarían por él, precisamente por eso. La campaña hasta ahora ha consistido en tratar de detener el deseo de cambio con el miedo. El resultado ha sido que la gente está tan ávida de cambio que si le tiene miedo a Petro se refugia en otro candidato tanto o más exótico como Hernández.

A esta altura la magnitud del miedo a Petro depende de él. Aumentará si habla mucho su candidata a la vicepresidencia, si insiste en hacer propuestas que puedan resultar controversiales o si repite las que usan sus contradictores para producir temor como la de la expropiación o el supuesto “robo” del ahorro pensional. 

Por ahora Petro tendrá la ventaja que, en ésta última semana, Federico Gutiérrez y sus ruidosos aliados en medios y en el escenario político, tendrá que mirar para atrás a ver que tanto se está acercando Rodolfo y eventualmente como consiguen evitar el sobrepaso que parece inevitable, pero en la segunda vuelta los reflectores volverán sobre él más que sobre el ingeniero.

Tengo la percepción que el desafío de Rodolfo Hernández será demostrar que tiene capacidad y conocimiento para gobernar. Petro, independientemente de la postura que uno tenga en relación con sus propuestas tiene ventaja en este flanco. Conoce a Colombia, su compleja historia y tiene un diagnóstico más o menos acertado sobre sus problemas. Las soluciones que propone son otra cosa.

De Hernández no parece saber y ni siquiera tener un diagnóstico sobre los temas. Dicen que él mismo lo reconoce abiertamente y que lo que ofrece es escoger un buen equipo de gobierno. Ahí podría estar la diferencia. Curioso en un país que desprecia las propuestas de los candidatos y se mueve preferiblemente por empatía o antipatía, que los nombres de quienes puedan integrar el gabinete o de “equipos programáticos” puedan resultar determinantes a la hora de decidir el voto.

La capacidad de Rodolfo y de Petro de reclutar, no apoyos políticos, sino profesionales reconocidos y respetados, pero que a la vez no tengan marcas fuertes será a mi juicio una variable definitiva para resolver el dilema en ese escenario de segunda vuelta, hasta ahora no previsto, pero ahora el más probable.

Los “intelectuales” que sobraron en la Coalición de la Esperanza y que poco lograron cambiar en lo electoral serán apetecidos a partir del 30 de mayo si Rodolfo consigue derrotar a Gutiérrez.

Los debates y el desempeño en entrevistas a fondo, que en este momento resultan inevitables, son el examen al que hasta estará sometido Hernández. Todos queremos saber que piensa, qué sabe, cómo reacciona. En esos escenarios, en la parte final de la primera vuelta y en la segunda, Santos consiguió voltear la torta, luego de que Mockus sorpresivamente lo había sobrepasado.

Las otras consecuencias de la eventual derrota de Fico vendrán, unas más rápido y otras más adelante, pero serán profundas.

De la derrota que sufrieron los partidos de la U, Cambio Radical y Liberal en las presidenciales del 2018 lograron sobrevivir porque Duque terminó rescatándolos y ellos administraron bien su fuerza parlamentaria. Ocurre que, paradójicamente, tendrían más juego en un gobierno de Petro que en uno de Hernández, quien los confrontaría de manera muy fuerte como ya lo hizo en Bucaramanga, mientras que Petro, con el senador Barreras al frente, hace esfuerzos por mostrar que está dispuesto a buscar y construir acuerdos.

No será menor el debate interno en esas organizaciones si el candidato que escogieron a última hora es derrotado por un outsider que algunos creíamos que, incluso se iba a retirar de la contienda porque había estado en silencio durante casi dos meses. Ese terremoto vendrá si finalmente Gutiérrez se hunde como consecuencia del desprestigio del gobierno, del que trata inútilmente de desmarcarse, y el apoyo de las estructuras de los partidos que no parecen haber sumado, sino incluso restado.

Si eventualmente el ex alcalde de Bucaramanga lograra ganar la Presidencia habrá que prever como plantearía la relación con los otros poderes, me atrevo a suponer que enfrentaría al Congreso pero aceptaría controles judiciales o de otros órganos independientes pero esperemos para avizorar ese escenario.

Por ahora, aceptemos que a muchos sectores les resulta muy atractivo un candidato que, en combo, derrota a todos los que desde distintos lados la mayoría de los electores quieren derrotar: los anti Petro tienen un “gallo” que podría derrotarlo, a diferencia de Gutiérrez; los antiuribe le propinarían una derrota casi humillante a él y especialmente al gobierno de Duque; los anti políticos los golearían esta vez sí a todos, no se escaparía ninguno. Si eso es así, la derrota de Fico parece inevitable.

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