OPINIÓN

Twitter vs el mundo real

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Ilustración: Los Naked

Ignoro cuántos de los lectores de este medio están al tanto de lo que sucede en Twitter. Lo que sí sé, con seguridad, es que todos los periodistas “que cuentan”, y la enorme mayoría de los políticos ídem, tienen cuenta en Twitter.

Twitter no es, en ningún caso, la red social más usada por los colombianos: según la encuesta del CNC (marzo de 2021) sólo el 4% de los colombianos la usa regularmente. Pero en Colombia y en la mayoría de los países donde existe, es la red social privilegiada por el campo (en el sentido sociológico) político. En ese espacio nacen polémicas, se arman tendencias, y en período electoral, puede llegar a tener un papel clave.

Así sucedió en Francia con el candidato de extrema derecha, Eric Zemmour. Este comentarista habitual en los medios de comunicación, condenado por racismo recientemente, sin partido, tanteaba la idea de lanzarse a la presidencia. Su nombre, aunque conocido gracias a su presencia frecuente en los medios, no tenía mayor respaldo por parte de organizaciones de la sociedad civil. De repente, en diciembre de 2021 se convirtió en un fenómeno de redes sociales, donde aparecieron de la noche a la mañana varios comités locales a respaldarlo. ¿Qué sucedió? Un periodista independiente, que se infiltró en las “bodegas” del candidato y que investigó el asunto en tiempo real, ha mostrado cómo un minúsculo equipo y bien coordinado, puede fácilmente inflar a un hombre en esta red social y dar la impresión, en cuestión de días, que ha surgido un verdadero fenómeno electoral. (El libro se llama Au cœur de Z, de Vincent Bresson)

La semana pasada, en Colombia una de las infinitas polémicas de Twitter salió de ese espacio y saltó a los grandes medios (me refiero a las acusaciones de “neo nazismo” de uno de los candidatos a un activo miembro de Twitter). Debido a la importancia del tema (la polémica tiene que ver con libertad de expresión, uso de determinadas categorías político-históricas como insulto, discurso de odio, uso de redes sociales en campaña, medios independientes o que responden a intereses), hubiera podido ser un paso previo para propiciar una reflexión profunda sobre estos asuntos, sobre los que no es fácil legislar ni tener una posición coherente.

Pero no: lo propio de Twitter es ejercer el insulto diario, caricaturizar las ideas, estigmatizar al adversario, amplificar las polémicas, e incluso linchar al “enemigo”. De esta polémica no surgió nada muy interesante en Twitter (pero sí en algunos medios, como esta interesante entrevista a tres voces). Las razones de porqué Twitter no es un espacio de confrontación de ideas, sino de emociones vivas (generalmente, rabia y deseos de venganza) tienen que ver con las características de la red (no me extiendo acá, baste con recordar que creador del botón “reenviar”, Chris Wetherell, decía que era como darle un arma a un niño de 4 años y que, vistos sus efectos, hoy no pondría ese botón). Los “influenciadores” de Twitter (es decir, aquellos que tienen un abultado número de abonados) pueden fácilmente crear tendencias en la red: saben que sus trinos serán reenviados masivamente por sus adeptos.

El asunto es que Twitter, que es un elemento central en las campañas políticas, favorece no el debate constructivo, sino la polémica negativa. No dispongo de metadatos sobre su uso en Colombia, pero sí en Francia, donde se ha hecho un interesante trabajo sobre el tipo de intercambios que se da en Twitter: a partir del análisis de 11,6 millones de mensajes emitidos entre el 3 y el 21 de marzo de 2022 (en plena campaña electoral), se sabe con certeza que la mayoría eran negativos (54%), 31% eran neutros y sólo 15% eran positivos. “Las dos primeras emociones que emergen son, muy por encima de las demás, la repugnancia y la cólera: irrigan más de la mitad de los mensajes”, se concluye del estudio.

Hay una serie de particularidades con estas polémicas de Twitter:

  1. La inmensa mayoría son totalmente efímeras. Duran un día, el tiempo que tarda otra polémica en instalarse. La mayoría no sale de esta esfera (es decir, no llega a ser conocida por los medios, así algunos medios se hayan “especializado” en difundir y ojalá agrandar las polémicas de Twitter).
  2. Muchas de estas, son polémicas completamente ajenas al mundo real.  Como ya lo dije, los activos miembros de Twitter son la clase política, los periodistas, los activistas, así como sectores jóvenes con educación universitaria. Pero sus preocupaciones y motivos de indignación no son los mismos de los ciudadanos de a pie, ni mucho menos de los potenciales votantes, que es un universo mucho más diverso en términos sociológicos y demográficos.
  3. Estas polémicas no ayudan a convencer a nadie. Es decir, se dirigen al universo de fieles convencidos de la causa, o a los “enemigos” que hay que atacar. Pero aquellos, muchos, indecisos, o que no tienen una opinión tajante, no van a ser seducidos por medio de estas polémicas.

Parte del problema con Twitter es que da una impresión totalmente falsa de los debates y los apoyos que generan. ¿Por qué? Porque uno escoge a quien leer en Twitter. En el ecosistema colombiano, está bien visto seguir solo a los de mi tendencia política (abundan los trinos de “uribista sigue a uribista” y su exacto equivalente “alcen la mano los petristas y sigámonos”). La “conversación” se da entre partidarios que ven las cosas de la misma manera (y que eventualmente pueden congregar rápidamente a otros para atacar en masa a un rival). Además, se puede cancelar a quien no me gusta (con esto, ni siquiera me puedo enterar de qué está pensando mi enemigo). Son mecanismos que agrandan la ilusión de que mi visión de mundo es LA visión dominante, pues la respalda y magnifica mi entorno (mis “amigos”). Pero, de nuevo, esto no es el mundo real.

Habría mucho más que decir sobre el uso de Twitter en esta campaña electoral, pero esta columna está ya bastante larga. Hoy sólo quiero terminar con una última información de otra campaña, la de Francia: las fuerzas políticas que dominan las conversaciones en Twitter son las de Mélenchon (uno de los cinco candidatos de izquierda) y Zemmour (uno de los dos candidatos de extrema derecha). Es decir que los favoritos en las encuestas para pasar a segunda vuelta (Macron y Le Pen) no son necesariamente los que mayor visibilidad tienen en Twitter. El mundo real no es Twitter.

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