Un poco tarde, ya sé, para opinar sobre el muy opinado informe de la Corporación Nuevo Arco Iris sobre el declive de la seguridad democrática. De creerlo uno se imaginaría que las FARC acaban de hacer una pesca milagrosa en la Autopista Norte, los cultivos de coca florecen en el plan de Ibagué, Neiva se ha convertido en el campamento base de la Teófilo, los herederos de Mancuso se aprestan a controlar el 80% del Congreso y la oficina de Envigado acaba de reemplazar al Sindicato Antioqueño como el mayor empleador de Medellín.

Un poco tarde, ya sé, para opinar sobre el muy opinado informe de la Corporación Nuevo Arco Iris sobre el declive de la seguridad democrática. De creerlo uno se imaginaría que las FARC acaban de hacer una pesca milagrosa en la Autopista Norte, los cultivos de coca florecen en el plan de Ibagué, Neiva se ha convertido en el campamento base de la Teófilo, los herederos de Mancuso se aprestan a controlar el 80% del Congreso y la oficina de Envigado acaba de reemplazar al Sindicato Antioqueño como el mayor empleador de Medellín.

Por eso no lo creo. Además porque algo conozco a León Valencia y así como respeto la entereza como dejó las armas y se convirtió en un civilista furibundo tengo muy serias dudas sobre su rigor como investigador y académico.

Valencia es en realidad un político que tiene una agenda política. Una agenda política de izquierda, la cual por demás, Valencia está en todo su derecho de impulsar. Por eso mismo lo que dice la Corporación Nuevo Arco Iris sobre la seguridad democrática no se debe tomar muy en serio a no ser que uno quiera hacer política de izquierda.

En varias oportunidades he escuchado a Valencia exponer su tesis sobre la seguridad democrática. El raciocinio es más o menos el siguiente: a) el objetivo de la seguridad democrática es acabar con las FARC, b) las FARC no se han acabado, luego c) la política de seguridad democrática es un fracaso.

Lo cual lo pone a uno a pensar. ¿Será entonces que las Naciones Unidas son un fracaso porque no han logrado su objetivo que es la paz mundial? ¿Que será entonces del Protocolo de Kioto, también debemos derogarlo de inmediato porque no ha logrado su objetivo que es reducir el calentamiento global? ¿Y qué me dicen de los derechos humanos, concepto de la ilustración que en 300 años aún no se respeta cabalmente, será entonces que nos debemos olvidar de ellos?

Al final del citado informe de la Corporación Nuevo Arco Iris, los autores nos presentan su decálogo de recomendaciones para el próximo gobierno que yo se los resumo en  pocas palabras: para lograr la paz necesitamos un Caguán repotenciado. O sea un Caguán Plus.

Lo ha dicho Valencia en cuanto foro lo invitan. El problema de la anterior negociación no fue el cinismo infinito e irremediable de las FARC sino la falta de una oferta de paz suficientemente generosa por parte del gobierno y la sociedad civil.

No me imagino que más generosa que la abrogación de la soberanía nacional sobre 42.000 kilómetros de territorio, viajes en primera clase a Europa como jefes de estado, champaña y lechona con el presidente de la Bolsa de Nueva York y la mitad del gabinete negociando las políticas públicas con un puñado de genocidas. Solo falta en la propuesta más generosa que peleemos la guerra por ellos,  pero bueno, como dije antes, Valencia está su derecho de plantear absurdeces y nosotros estamos en todo nuestro derecho no pararle bolas.

Que es lo que el Congreso acertadamente va a hacer la semana entrante cuando apruebe el aumento y permanencia del impuesto al patrimonio. Aunque es antitécnico y oneroso, el impuesto es necesario, no tanto desde el punto de vista fiscal (el gasto militar sin pensiones esta en el 3% del PIB, lo cual sigue siendo razonable y perfectamente sostenible) sino desde el punto de vista político.

Las FARC iniciaron esta guerra hace 45 años y son ellos los que la deben terminar. Si no quieren, deben saber que los colombianos estamos dispuestos a seguir defendiéndonos de su agresión así sea durante los siguientes 45 años.