Por Hugo Eduardo Ramírez Arcos

 Por Hugo Eduardo Ramírez Arcos

En vísperas de la reunión fronteriza que se avecina este 25 y 26 de noviembre en la ciudad de Cúcuta, vale la pena recordar la columna que en la conmemoración de los cien años del terremoto de esta ciudad German Castro Caicedo, a manera de preámbulo de “Cúcuta 75”, un programa que puede ser descrito a grosso modo como una combinación entre la  realizada este año en plena ruptura de las relaciones con Venezuela y una estrategia de desarrollo para la ciudad, dirigida por Luís Raúl Rodríguez Lamus, publicó en el periódico El Tiempo, la cual guarda aun algunos datos claves para explicar muchas de las situaciones actuales.
Son pocos los que recuerdan hoy el  , día en el que la ciudad de Cúcuta fue destruida, registrando más de 2500 muertes (cifra exorbitante si se tiene en cuenta el número de habitantes de la ciudad en aquella época).
La columna relata cómo el 14 de septiembre de 1875, a pesar de que Cúcuta se encontraba en ruinas, “una junta de nueve sobrevivientes cumplían una cita fijada para esa fecha un mes antes de la tragedia y, olvidando lo que había bajo sus pies, firmaron la escritura sobre la construcción de un ferrocarril que fue el primero de Colombia”. Este ferrocarril se encargó hasta los primeros años de la década de 1960 de cubrir
“la vía natural de salida de los productos de la región (cacao y añil) hacia el puerto de Maracaibo, vía que llegó a tener en su tiempo más importancia que el Rio Magdalena en el interior. […] En ese momento, pensar en un ferrocarril ‘era como si nosotros decidiéramos hacer en Bogotá una torre para lanzamiento de cohetes. Los hemos visto solo en películas… en esa época, en Cúcuta, tres señores habían visto un tren. Los otros solo habían escuchado hablar de él”. 
Tal y como lo referían Carlos Canal Irwin, Antonio García Herreros y José Neira Rey dentro de la crónica,
“hace cincuenta años vivíamos en una república independiente, a la cual del interior sólo le llegaban las guerras. Se hacia el comercio con Maracaibo y la distribución era realizada en Cúcuta, centro de una región que iba hasta Mérida por un lado y hasta Pamplona por el otro. Cúcuta fue el terminal de la primera vía fluvial a vapor en América Latina. La inauguró Bolívar en 1828 […] El ferrocarril no sólo avanzó hacia el Golfo. Ante el aislacionismo los Cucuteños extendieron rieles y comenzaron a meterse en la cordillera para buscar a Bogotá, ya que la capital no nos buscaba a nosotros. La línea llegó 50 kilómetros al oriente, ya en las faldas de los Andes”.

La vocación comercial de la ciudad y la complementariedad que desarrolló con sus contrapartes fronterizas, le aseguró grandes beneficios en la época: tuvo una de las primeras plantas de energía en el país y fue una de las primeras ciudades en poseer una planta de teléfonos en toda América del sur. “Los productos comerciales de la región llegaron a ser mundialmente famosos. La Reina Victoria de Inglaterra prefería el chocolate elaborado en Cúcuta y cuando el terremoto destruyó la ciudad, la Corona inglesa por órdenes de ella, construyó el hospital que aun presta servicio en la ciudad”.
Retomar esta historia hoy tiene relevancia por dos motivos. El primero tiene que ver con el hecho de que hasta hoy el país parece seguir estando de espalda hacia sus fronteras, situación que va en detrimento no sólo de las condiciones de vida de quienes habitan en estas regiones, sino que así mismo no permite explotar las potencialidades de este mercado natural que históricamente ha traído réditos significativos para distintos sectores en Colombia.
En segundo lugar, en periodos de calma como el actual, tras pasar por graves tensiones que llevaron a la ruptura de las relaciones entre Colombia y Venezuela, la reunión se convierte en una importante contribución para que los distintos sectores “conscientes de lo que hay bajo sus pies” se propongan a adelantar nuevos acuerdos en la búsqueda de la reconstrucción real de las relaciones entre los dos países.
La cita de esta ocasión es auspiciada por la Universidad de los Andes del Táchira, la Universidad Francisco de Paula Santander en Cúcuta, la Cámara de Comercio Colombo Venezolana, la Cámara de Integración Económica Venezolano Colombiana (Cavecol), entre otras organizaciones fronterizas, con el fin de realizar el Seminario-Taller: “Aportes a la construcción de una política de desarrollo fronterizo desde la sociedad civil”.