Por Darwin Cortés
Hace dos semanas el presidente Santos sancionó que crea el sistema nacional de convivencia escolar. Tal como fue cubierto por la prensa (ver por ejemplo , y ) ese día Santos  que esta ley va a ser clave para reducir el matoneo y el embarazo adolescente.
Sobre el segundo tema dijo “Colombia está cumpliendo, y está cumpliendo muy bien, con casi todos los Objetivos del Milenio. Nos comprometimos allá en las Naciones Unidas a que íbamos a cumplir con todos los objetivos. Pero infortunadamente hay uno que no y donde estamos muy atrasados. Y hay que reconocer que en este aspecto del embarazo adolescente no vamos bien. Y si seguimos como vamos, no vamos a cumplir ese objetivo, porque tenemos unas de las tasas de embarazos de adolescentes más altas de América Latina. Por eso ahí hay que hacer un esfuerzo especial.”
Aunque el diagnóstico es correcto, la propuesta escogida para reducir el embarazo adolescente no lo es.  Santos parece desconocer que casi la mitad de los niños y niñas colombianos entre 14 y 17 años están desescolarizados, y que entonces, en el mejor de los casos y las cosas siguen como van, “el objetivo (de) formar colombianos integrales, de valores fuertes y conciencia sólida, que conozcan y entiendan cuáles son sus derechos –humanos y sexuales– y puedan ejercerlos con inteligencia y responsabilidad” solo  se logrará con la mitad de los adolescentes.
Además, la incidencia de embarazo es mucho más alta en las niñas que no asisten al colegio que en las que si van. Una parte de las niñas que no van al colegio probablemente estaban estudiando cuando quedaron embarazadas y dejaron de asistir por esa razón. La nueva ley puede ayudar a reducir el embarazo en las niñas que se encuentren en ese caso. Pero  aun así, las y los adolescentes que estén desescolarizados de antemano nunca van a tener acceso a los beneficios de esta ley.
Para lograr que la ley sea más efectiva se debe estudiar más cuales son las razones que tienen los niños y las niñas para desertar del colegio. Parte de ellas están asociadas al ambiente escolar, pero otro tanto están asociadas a la familia (trabajo infantil), al barrio ó a la persona misma.
También se necesita estudiar más cuáles políticas son efectivas para atraer y mantener a los niños en el colegio. Sobre las políticas para reducir el embarazo adolescente en los niños y niñas que ya están escolarizados se sabe más (un ejemplo de políticas educativas que si ayudan y que no ayudan a reducir el embarazo adolescente se puede ver ). En cambio, sobre políticas que ayuden a que los niños y niñas vuelvan al colegio se sabe menos. Se sabe aún menos sobre cuales políticas son efectivas para reducir el embarazo adolescente en jóvenes desescolarizadas. En un estudio reciente sobre el tema, Carmen Elisa Flórez muestra que la incidencia del embarazo adolescente es mucho más alta en las niñas que viven con su pareja. Conocer mejor la relación entre deserción escolar, familia, contexto social y decisiones de tener hijos es fundamental para diseñar políticas efectivas para reducir el embarazo adolescente en el país.