Por Ana Lucía Duque Salazar

Por Ana Lucía Duque Salazar

La semana pasada se reunieron en Cartagena los editores políticos de una veintena de medios de comunicación y la conclusión fue contundente: no se están cubriendo los programas de los candidatos. El diagnóstico corrobora lo que ya había encontrado la Misión de Observación Electoral (MOE) sobre las elecciones en 2007. En la televisión el 56% de la cobertura electoral pasó por el 1,2,3 (de CM&), el Código Caracol y La Cosa Política (de RCN) y en los impresos regionales el porcentaje que se dedicó a cubrir el proselitismo de las campañas fue de 64%.

La omisión en sí misma no es mala, porque hay pocas cosas más engañosas que los ofrecimientos de un político en campaña. Pero esa no es razón suficiente para que los medios los ignoren, o, lo que es peor, para que centren sus esfuerzos en el registro de las acusaciones mutuas o en la publicación de fotos y videos de los aspirantes alzando a un bebé, abrazando a una viejita o bailando guabinas y joropos.

Lo malo es que, como insistieron varios expositores en el encuentro de Cartagena, no se está dedicando suficiente esfuerzo a escudriñar en las hojas de vida de los candidatos al Congreso, a develar delitos electorales y casos de violencia política o a recoger las expectativas de la ciudadanía.

Por supuesto, habrá quienes estén haciendo bien la tarea, pero ahora que se está calentando la campaña para elegir Presidente y congresistas en 2010, bien valdría la pena que los medios hicieran los ajustes pertinentes para evitar que la historia se repita.