Por Marcela Eslava

No, no estoy promocionando un cambio de estrategia para la fuerza pública en su lucha contra los grupos al margen de la ley. Me refiero a la política económica. En los últimos meses hemos presenciado al menos dos intensos debates de política pública alrededor del potencial levantamiento de medidas que buscaban mitigar el impacto de la más reciente crisis global, que puede resultar plausible ahora que nos enteramos de que la economía va por tan buen rumbo. En un caso, un estudio que recientemente aplaudió la efectividad que tuvo el subsidio a la tasa de interés de vivienda adoptado en 2009 como herramienta de política contracíclica, pero cuestionó su permanencia (Notas de Política Económica, Universidad de Los Andes, 2011), desató un fuerte debate con el sector financiero y el gobierno. En otro, los gremios y hasta el gobierno han cuestionado los repetidos incrementos de la tasa de interés de intervención del Banco de la República, después de que esa tasas había llegado a niveles ínfimos en los últimos años.

Los impulsores del cambio de rumbo hablan de los peligros de mantener medidas dinamizadoras en tiempos en que la economía por si sola ha adquirido buena velocidad. Explican que las bajas tasas de interés dinamizan la demanda y pueden causar un recalentamiento si ésta ya va impulsada. El crecimiento de los precios, de la vivienda en un caso, de la canasta familiar en el otro, ya sugiere esta posibilidad, argumentan. Los de la otra orilla se preguntan por qué eliminar medidas que han resultado tan efectivas;¿ queremos acaso frenar la buena dinámica que hemos logrado? ¿Qué tal que la tendencia positiva no esté consolidada y la retirada de la política económica expansionista acabe con los buenos vientos? Si la reducción de las tasas de interés tuvo el buen efecto de impulsar la economía, su incremento seguro frenará esta tendencia, comentan.

Sin restar validez a los términos en que esos debates se ha dado, creo que estamos dejando por  fuera un elemento crucial al considerar si se mantienen diferentes políticas expansionistas adoptadas en medio de crisis: el hecho de que las políticas contracíclicas que se perpetúan quedan eliminadas del arsenal del que se dispone para lidiar con recesiones futuras. Tenemos un ejemplo de la crisis de finales de los 90. Por esos años se adoptó la disminución de retención en la fuente e impuesto de renta por la compra de vivienda. La medida, que no fue retirada con el fin de la crisis, parece haber sido efectiva para dinamizar la construcción. Habría sido entonces buena candidata para cumplir el mismo papel en el 2008…pero no es posible “adoptar” una medida si ya está en pie! Hubo que inventarse entonces un nuevo remedio, que fue el mencionado subsidio a la tasa de interés para compra de vivienda. La pregunta es hasta cuándo nos va a durar la creatividad. Algo similar, aunque más grave por tratarse de la herramienta contracíclica por excelencia, pasa con la tasa de intervención del Banrep. Si se deja en niveles bajos aún en los buenos tiempos, no habrá para dónde bajarla cuando lleguen las vacas flacas.

Así las cosas, hay que aprovechar los buenos vientos que empiezan a soplar para que las autoridades económicas se vuelvan a apertrechar. No vaya a ser que lo próxima crisis nos agarre con los pantalones (y las tasas) abajo.