A raíz de la reforma laboral presentada por el gobierno de Gustavo Petro surgió un nuevo debate alrededor de los servicios de entrega domiciliaria y cómo la reforma afectaría a los domiciliarios. Más allá de la reforma hay otros aspectos a considerar en estos nuevos modelos de negocio y su contratación.

El desarrollo de las tecnologías de información permitió una nueva área de negocios hoy denominados de manera general como economía digital. Uno de ellos es el de entregas domiciliarias, un servicio al que se accede masivamente y es ejemplo de una nueva realidad de negocios.

Esquema de trabajo: no existe la figura de empleador convencional

Cuando se accede al servicio domiciliario, no hay claridad de quien es el contratante y no existe la figura tradicional de “patrón” para la persona que hace la entrega.

La compañía de la app que ofrece el servicio, en realidad, es un intermediario que pone en contacto virtual a los interesados a través de su portal, pero no tiene una relación directa con ninguno de los actores; es más solo los “conoce virtualmente” a través de la información que todos comparten. Si bien un “algoritmo” gestiona oferta y demanda, no creo se pueda considerar que un software sea el “empleador o patrón”, aunque este es un debate global.

El oferente del producto tampoco establece una relación directa con el domiciliario, despacha el producto para su entrega y puede ser que hasta desconozca quien es el consumidor cuya información permanezca en la aplicación del intermediario. El comercio o proveedor, si bien debe garantizar los productos que entrega, solo establece contacto temporal con el domiciliario y tampoco es su empleador.

El comprador o consumidor del producto o servicio encarga una tarea puntual mediante el pedido, pero no es permanente, recurrente o tiene elementos para que se pueda establecer una vinculación laboral.

El domiciliario puede atender varios comercios e inclusive prestar servicios a diferentes apps, hecho común por ejemplo con las aplicaciones de transporte de personas como Uber. No tiene un horario o subordinación específica salvo ofrecer y cumplir con una tarea particular momentánea, con los diferentes consumidores que solicitan el servicio y que usan de intermediario a una plataforma, en la que él ofrece su disponibilidad temporal de hacer la labor, en un horario que para él se acomode.

No se trata de desconocer relaciones laborales, responsabilidades o precisar jurisprudencias que tendrán diferentes interpretaciones; es parte de la nueva realidad que surgió con el desarrollo de la tecnología, pero las leyes laborales de contratación y el esquema de afiliación al sistema de seguridad social no están diseñados para tal y deben redefinirse.

Ahora, esta nueva realidad y la falta de una legislación flexible que se adapte a la condición actual están dejando serios vacíos que afectan a todos los actores y en general el sistema de seguridad social. No adaptarlo es como pretender regir el mercado de telecomunicaciones con las leyes con las que operaba la desaparecida Telecom en el siglo pasado. 

Desequilibrios desde diferentes aristas

Desbalance social: los domiciliarios son en sí trabajadores independientes que, por ejemplo, pueden no estar vinculados a ninguna EPS o sistema de pensión y sus ingresos variables son desconocidos.

Tendrían que afiliarse como independientes y pagar su liquidación, pero en la práctica esto no sucede, de hecho, al no tener un ingreso fijo exigir que se haga por el salario mínimo mensual o que incluya ARL es una barrera que desestimula formalizarse.

El punto es que la gran mayoría de domiciliarios al no estar afiliados no quedan cubiertos por el sistema de seguridad social y si se enferman deben acudir al sistema público que entre todos pagamos. Tampoco tendrán pensiones u otras prevendas laborales quedando vulnerables, pero si se están generando recursos que deberían ser gravados y aportar al sistema.

Desequilibrio económico: una compañía que quiera ofrecer el servicio de entrega a domicilio con empleados formalmente contratados debe tenerlos tiempo completo con su salario y carga prestacional respectiva, vacaciones, caja de compensación y toda suerte de restricciones y condiciones que no se le exigen si fuera contratado por una plataforma, por horas y sin mayor restricción que una bicicleta y un plan de datos de telefonía móvil.

Esto genera un desbalance que claramente desestimula la formalidad y genera una inequidad competitiva que el mercado no se está compensando. No hay opción que indique domicilio “formal” o “informal”, o algún tipo de escogencia y no hay conciencia sobre ello.

Mayor generación de huella de carbono: no es un hallazgo indicar que este servicio se populariza en ciudades principales, no solo por la densidad poblacional sino por las deficientes infraestructuras viales y el largo tiempo de tránsito.

Se aprovecha esta situación para generar la comercialización de miles de productos, diferentes tipos de servicios y tareas con una variedad de tiempos de entrega, que han ganado importante espacio en los consumidores.

Lo que no parece notarse es que un sistema así con entregas cada vez más fraccionadas, genera más viajes y la necesidad de más nodos de entrega. Por ello proliferan bodegas o cocinas ocultas, que conllevan mayor costo de servir y un mayor “toque” o manipulación de productos; entre más toques, más costo y más inventario disperso en la cadena con su respectivo costo.

Además, muchos de los domiciliarios usan “bici-motos” equipadas con motores de 2 tiempos sin regulación y que generan mayores emisiones. Esto por no hablar de las contravías y atropellada circulación que generan, crítica en ciudades como Bogotá que no tienen el diseño adecuado para tal.

Dominancia de mercado: este es otro fenómeno que ocurre con estas grandes marcas o “ecosistemas” de negocio que incluyen el servicio de entrega domiciliaria. Si bien pueden visibilizar un negocio particular, de la misma manera lo pueden hacer “desaparecer” de su sistema o simplemente dejar de promocionarlo.

Asimismo, ofrecer “promociones” establecen condiciones leoninas con pequeños comerciantes que se ven obligados a aceptarlas para continuar. Al ser dueños del “ecosistema” pueden manipular ofertas hacia los consumidores según sus gustos y preferencias, “haciendo invisible” al oferente u orientándolo al proveedor deseado por la plataforma.

Sobre ello no hay control alguno en particular del pequeño comercio o proveedor. En la práctica es como tener un canal de venta, que impone sus condiciones según como sea programado sus algorítmos y su calificación. Si bien un proveedor puede rechazar un pedido, fácilmente podrá ser descalificado y desconectado.

Esto por no mencionar otros elementos como la sostenibilidad de los negocios, que se mantienen con inyección de capital sin claridad de las utilidades. No obstante, son realidades innegables del mercado y la tecnología, que cada dia encontrarán más espacio local y globalmente. El sistema laboral y tributario debe adaptarse a la nueva realidad y sacar provecho de ella.

Es responsabilidad de todos como sociedad

Debería establecerse un régimen simple y flexible en el que exista una responsabilidad compartida entre ciudadano, empresa y estado.

Ciudadano: se debe ser consciente que si queremos cobertura social (salud, pensiones, bienestar) para todos los ciudadanos, incluyendo el domiciliario, esto tiene un costo que a la larga lo debe pagar el consumidor.

Si no lo reconoce, pero aún así quiere el servicio alguien lo prestará, pero esa persona no contará con las garantías necesarias. Simón Borrero, CEO de Rappi, indicó en diferentes declaraciones “que el servicio de domicilio pasaría de $3.000 a $18.000” (con mis cálculos muy alto y alarmista), con la reforma laboral propuesta. Más allá de la cifra, es claro que hay un costo que debe ser cubierto; gratis no hay servicio.

Empresas: pueden y deben hacer mucho más que simplemente aprovechar la oportunidad de mercado. Si bien es cierto que la ley laboral actual es poco flexible y hay mucho por hacer al respecto, podrían establecer un mínimo de horas, hacer un símil al contrato de labor de servicio doméstico con el respectivo aporte al finalizar el mes. Establecer para los domiciliarios unas condiciones mínimas de más alto estándar que solo conectarse a la aplicación y un plan de datos.

Estado: es quien tiene mayor responsabilidad y capacidad de acción en varias formas.

  • La primera apunta en flexibilizar la legislación y permitir contratación con diferentes jornadas incluyendo trabajo por días.
  • Disminuir costos y eliminar gastos parafiscales que debería ser cubierto por destinación de otros recursos estatales: Icbf y Sena.
  • Contemplar como gastos obligatorios solo salud y pensión.
  • Permitir contratos similares a los de servicio donde cajas de compensación, cesantías, ARL, prima, sean beneficios opcionales que las compañías establezcan con sus empleados y que sea un diferencial que pueda dar a escoger la compañía a sus empleados.

Desafortunadamente la reforma laboral va en contravía de las necesidades y realidades globales y esto en el corto, mediano y largo plazo será perjudicial. Como dijo la procuradora Margarita Cabello “pareciera que fuera más un pliego de peticiones sindicales que una reforma laboral que beneficie a la totalidad de los trabajadores informales y los empleados”.

Con realidades diferentes, cientos de actividades y miles de trabajadores, están ocultos para el sistema laboral y social. Vendedores (ambulantes de quioscos o pequeñas tiendas), conductores (camiones, taxis o bici taxis) trabajadores de pequeñas fábricas y muchos trabajos remotos. Además, con gran proporción de personas jóvenes que deberían estar aportando al sistema de seguridad social y no lo hacen. Todos nos beneficiaríamos de formalizarlos, pero para ello se requiere un sistema laboral más simple, flexible y con menor carga parafiscal. La factura por no hacerlo la pagamos ahora y en el futuro.

Se deben generar condiciones para favorecer la creación de empresas y generación de empleo, recordar que la legislación no es solo para las plataformas o grandes empresas.

Se estima que el 99,5% son Pymes y aunque todas las empresas se beneficiarían con una legislación laboral y un sistema tributario más simple, son las Pymes las que al formalizar sus empleados más aportarían al sistema social de pensión y salud ya que allí es donde mayor informalidad existe.

Las trabajos digitales por horas y en general el crowdsourcing son una realidad que está sucediendo a pasos agigantados e inevitables. Entre más se demore en ajustar la legislación, más se profundizarán las inequidades competitivas, más difícil será alcanzar mayor cobertura social y más recursos económicos se escaparán del sistema tributario. 

En mi formación académica soy Microbiólogo, Ing. Industrial y Magister de Ingeniería Industrial de Uniandes, en la vida profesional consultor y socio fundador de Decisiones Logísticas. Más de 20 años de experiencia especializados en diseño y desarrollo de modelos matemáticos, de la red logística...