Luis Fernando Trejos y Reynell Badillo

Recientemente, en el norte de Barranquilla se incautaron más de 500 kilogramos de coca. A pesar de que es bien conocido que esta ciudad sirve como plataforma de exportación de drogas, que se esté utilizando una zona “exclusiva” de la ciudad para su almacenamiento puede generar ciertas preocupaciones.

Esta situación debería generar una discusión sobre el rol del narcotráfico en la región Caribe, que tiene muchas caras y distintas afectaciones.

Si bien esta región no ha sido el eje central del narcotráfico en el país ni la sede de un cartel poderoso, sí ha sido utilizada tradicionalmente por miembros de mafias colombianas como un punto estratégico para la exportación de drogas y el ingreso de armas e insumos químicos, como se observa ahora en Barranquilla.

Sin embargo, el narcotráfico en el Caribe tiene muchas dimensiones y difícilmente puede reducirse a los espacios de embarque y transporte de drogas en sus zonas costeras.

Aquí mostramos al menos 3 dinámicas relacionadas con el narcotráfico:

-Los territorios de siembra y procesamiento.

-Los corredores de traslado.

-Las zonas de embarque y exportación.

Es importante diferenciarlas porque, de acuerdo con el valor estratégico de cada territorio, varían las acciones de los grupos armados, sus objetivos y su presencia.

1.Territorios de siembra y procesamiento

En el Caribe, los únicos departamentos con sembrados importantes de coca son Bolívar y Córdoba. Como puede observarse en el gráfico siguiente, desde la firma del Acuerdo de Paz con las Farc-EP, en ambos departamentos se han incrementado las hectáreas sembradas. Entre el 2016-2020, en Córdoba hubo un aumento del 40 % en las hectáreas sembradas, mientras que en Bolívar el incremento fue del 129 %.

13 de los 44 municipios del departamento de Bolívar tienen sembrados cultivos de coca (todos ellos ubicados en el sur). San Pablo, Santa Rosa del Sur, Simití, Cantagallo y Montecristo son los municipios con más hectáreas sembradas. En Córdoba, los cultivos de coca están también al sur del departamento. Los municipios con más hectáreas sembradas son Tierralta, Puerto Libertador y Montelíbano.

En ambas subregiones hay grupos armados ejerciendo control territorial y beneficiándose de los espacios de cultivo y procesamiento de clorhidrato de cocaína. En el sur de Bolívar, las AGC y el ELN habían pactado una paz mafiosa para dividirse el territorio que se rompió con la llegada de las disidencias del Frente 37 de las extintas Farc-EP, como contamos aquí.

En el sur de Córdoba, las AGC se enfrentan a la Fuerza Pública con el objetivo de mantener el control del territorio, la gestión de las economías ilegales y la predación (vía extorsión) de otras legales, como contamos aquí.

El procesamiento y posterior exportación de hoja de coca (sumado a la minería ilegal) han sido la mayor fuente de financiamiento de los grupos armados durante los últimos años en estas subregiones.

Dados los incrementos en las hectáreas sembradas de coca durante los últimos cinco años, es plausible pensar que permanecer en estos territorios les es muy rentable. Como explicamos en una columna anterior, mientras el Gobierno sacaba pecho por la estrategia antidrogas en otras regiones de Colombia, en los sures de Bolívar y Córdoba los sembrados de coca se incrementaron. El enfoque de represión y militarización contra los cultivos de coca ha mostrado su ineficiencia.

En estos territorios, las afectaciones para la población civil suelen ser mayores en términos humanitarios. Entre enero de 2017 y febrero de 2022, 3.264 personas han sido víctimas de desplazamiento en Bolívar y 8.264 en Córdoba, la mayoría en los sures del departamento. En este mismo periodo, 283 personas en el sur de Córdoba han sido víctimas de confinamiento por enfrentamientos entre grupos armados. Otras afectaciones humanitarias son comunes en estas subregiones: secuestros, homicidios selectivos, asesinatos de líderes sociales, masacres y atentados contra la población civil.

En estos espacios, los grupos armados suelen tener presencia sostenida, dado que necesitan relaciones de largo plazo con las poblaciones campesinas que cultivan la coca, y porque allí están ubicados los laboratorios de procesamiento de clorhidrato de cocaína. Esa presencia sostenida suele implicar control territorial a través del establecimiento de órdenes armados: ejecutan violencia con el propósito de que las poblaciones actúen como ellos desean que suceda.

2.Territorios de traslado o de paso

En el Caribe, los territorios de siembra y procesamiento se encuentran distantes de los puntos de acopio y exportación, por lo cual se hace necesario el aseguramiento de las rutas de traslado del clorhidrato de cocaína. A diferencia de los territorios de siembra y procesamiento, el control de los espacios de traslado puede ser subcontratado o ejercerse de manera híbrida.

Es decir: el mando pertenece a una organización armada (quienes se llevan la mayoría de beneficios económicos) y “la tropa” pertenece a grupos delincuenciales locales a los que estas organizaciones les pagan para que aseguren los cargamentos.

Esto explicaría por qué durante las cuarentenas del año 2020, y ante las dificultades de mover la droga por la disminución del transporte terrestre y el comercio marítimo, en algunos lugares los grupos delincuenciales locales ejecutaron acciones de pillaje contra la población civil.

En el corregimiento El Coco (Majagual, Sucre), miembros de un grupo local que le presta servicios a las AGC atracaron a todos los habitantes del caserío, quitándoles sus pertenencias personales e incluso revisando casa por casa al no poder acceder a los recursos económicos que les proporcionaban las AGC.

En Barranquilla, Malambo y María La Baja, a principios del 2021 hubo “secuestros express”, que consistían en la retención de una persona para extorsionar a su familia, buscando que paguen un rescate de forma rápida.

Es posible que esta degradación de los grupos delincuenciales locales provenga de la imposibilidad de las organizaciones centrales de seguir financiando la tercerización de sus actividades en los corredores de movilidad.

Estos corredores en el Caribe son al menos tres.

Por un lado, la Mojana sucreña y los Montes de María. Aquí, las AGC han incrementado su presencia desde el 2018, cuando reactivaron una ruta utilizada por las AUC que viene desde el Magdalena Medio (sur de Bolívar, zona de siembra y procesamiento), pasa por el sur de Sucre, atraviesa los Montes de María (teniendo como centro de acopio el Carmen de Bolívar) y desemboca en San Onofre, en el Golfo de Morrosquillo (punto de exportación).

El segundo corredor es la Troncal del Caribe, que conecta las zonas de siembra y procesamiento del Catatumbo y el sur de Bolívar (Magdalena Medio), pasando por Ocaña, Aguachica, Bosconia y Zona Bananera, con los puntos de exportación (puertos naturales y comerciales del departamento del Magdalena).

El tercer corredor son las vías nacionales que atraviesan el departamento del Cesar y que unen el Catatumbo con los puertos del Magdalena y La Guajira. En este caso, las Rutas del Sol II y III. Estos espacios están controlados principalmente por el ELN (al sur del Cesar), lo que explica sus actividades violentas contra la Policía de carreteras y los atentados contra puentes y vías de transporte. Aquí, este grupo armado busca mantener abiertos los corredores no solo para la conexión de drogas, sino para el transporte de armas e insumos.

Las afectaciones en estos espacios no tienen necesariamente el mismo carácter humanitario que en los de siembra y procesamiento de coca. Aunque se presentan masacres y homicidios, el hecho de que la presencia de los grupos armados no sea de carácter militar, sino tercerizada, hace que la violencia sea mucho más selectiva.

Aquí, la población civil es víctima de extorsiones, amedrentamientos y asesinatos de líderes sociales con el objetivo de preservar los intereses tanto de los grupos armados, como de las organizaciones delincuenciales subcontratadas.

3.Territorios de exportación

En estos territorios se encuentran puertos naturales como: las costas del departamento de Córdoba, el Golfo de Morrosquillo (Sucre), Barú (Bolívar) y las costas de los departamentos del Atlántico, Magdalena y La Guajira (zonas rurales), desde donde salen lanchas rápidas con destino al Gran Caribe. También son estratégicos los puertos comerciales (Santa Marta, Cartagena y Barranquilla) por la cantidad de carga que mueven y la variedad de destinos que ofrecen (Europa y Asia).

En estos espacios, las organizaciones armadas más grandes (con presencia en los territorios de siembra y procesamiento) han tercerizado con grupos locales la actividad logística relacionada con el acopio y embarque del clorhidrato de cocaína.

Las organizaciones ilegales nacionales aprendieron que combatir con los grupos delincuenciales locales implicaba altos costos, no solo económicos, sino también mediáticos y, por ende, de seguridad.

En este sentido, comprendieron que la cooptación e instrumentalización de grupos locales (subcontratación) era más rentable en términos logísticos y de seguridad. La implantación de una estructura criminal en un nuevo territorio implica la movilización de recursos humanos y materiales, tiempo para conocer el terreno y constituir la red de aliados, además del desgaste y riesgo que produce la disputa armada con los competidores locales.

No obstante, la subcontratación ha evidenciado que el socio local, al adquirir experiencia y recursos, se puede convertir en un competidor armado, lo que en los casos de Barranquilla y Santa Marta. En Barranquilla, las AGC se han enfrentado (con poco éxito) al grupo armado local Los Costeños por el control del microtráfico, la extorsión y las salidas del narcotráfico.

La pérdida de espacios de las AGC en el suroccidente de Barranquilla (zona de mayor influencia de Los Costeños) explicaría por qué ahora se utilizan espacios de acopio al norte de la ciudad, como una forma de remplazar los territorios en disputa. En Santa Marta, las ACSN, antes conocidos como Los Pachenca, también retaron el dominio de las AGC, para quienes previamente trabajaban, y recientemente se han presentado enfrentamientos por el control de la extorsión y las salidas del clorhidrato de cocaína. Es posible que el acceso a mayores recursos provenientes de la extorsión al comercio en las ciudades y el fortalecimiento de estos grupos locales hayan llevado a rebelarse contra su contratante.

Por su parte, en La Guajira la dinámica es otra: aquí los clanes de delincuencia local no están luchando contra los grupos armados, sino que se están combatiendo entre ellos mismos. Durante el 2021, la mayor parte de homicidios en el departamento provino de estas guerras entre clanes. El propósito parece ser quedarse con los contratos de los grupos armados más grandes para proteger las salidas de droga hacia las costas del departamento.

Microtráfico y lavado de activos: las caras ocultas del narcotráfico

A pesar de que en términos estrictos el narcotráfico está determinado por las tres dinámicas observadas, los grupos armados también han buscado hacerse con el control de otros mercados relacionados con las drogas.

Por un lado, el microtráfico es un negocio muy lucrativo. En Barranquilla, en el 2015 el microtráfico ofrecía ganancias de 114.000 millones de pesos y en el departamento del Magdalena, las ganancias eran de 567.568 millones. Esto implica que los grupos armados que se encargan de ese narcomenudeo (normalmente organizaciones locales) terminan siendo considerablemente poderosas en el largo plazo y, cuando esto sucede, se ven tentadas a retar a su contratante.

Por otro lado, todos estos dineros necesitan también ingresar a la economía legal a través de la inyección de capitales ilegales. Las organizaciones armadas tienen estructuras transnacionales de lavado de dinero, por lo que sus dineros terminan en otros países.

No obstante, también se han identificado redes de lavado de activos en ciudades como Barranquilla, Cartagena y Santa Marta. Una tarea pendiente por dilucidar es la participación del narcotráfico en las economías legales de las ciudades del Caribe.

En síntesis, para entender el narcotráfico en el Caribe hace falta entender tres dinámicas distintas: los espacios de siembra y procesamiento (sures de Córdoba y Bolívar), los corredores estratégicos (Montes de María, La Mojana, Troncal del Caribe y las vías del departamento del Cesar) y las zonas de exportación (puertos comerciales de Barranquilla, Santa Marta y Cartagena), Golfo de Morrosquillo, costas del departamento de Córdoba y La Guajira).

No es una operación uniforme y cada uno de estos espacios tiene dinámicas muy particulares que dependerán de los actores presentes y las guerras que se libran en cada uno de ellos.

Nota: En esta columna se han utilizado apartes de otras columnas publicadas previamente por los autores y que han sido actualizadas con el fin de fortalecer el presente trabajo.

Es profesor en la Universidad del Norte. Se doctoró en estudios americanos con mención en estudios internacionales en el Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Santiago de Chile. Sus áreas de interés son negociaciones de paz, conflicto armado y seguridad ciudadana.

Es investigador adscrito al centro de pensamiento UNCaribe de la Universidad del Norte. Estudió relaciones internacionales en la Universidad el Norte.