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Mientras que en Uruguay y Argentina se preparan para marchar contra las muertes violentas de mujeres por razones de género, el 2 de Julio será recordado como  un día histórico en el largo recorrido de la lucha por la igualdad y contra la discriminación hacia las mujeres en Colombia. Aunque seguramente no tanto como el día en que tengamos que derogar esta ley porque la violencia de género han llegado a su fin.

Mientras que en Uruguay y Argentina se preparan para marchar contra las muertes violentas de mujeres por razones de género, el 2 de Julio será recordado como  un día histórico en el largo recorrido de la lucha por la igualdad y contra la discriminación hacia las mujeres en Colombia. Aunque seguramente no tanto como el día en que tengamos que derogar esta ley porque la violencia de género han llegado a su fin.

La violencia contra las mujeres se considera la expresión más nociva de la discriminación contra las mujeres en tanto encarna la expresión de un poder que por siglos los hombres han creído que pueden ejercer impunemente contra las mujeres, contra sus cuerpos, contra sus vidas. No en vano, según las cifras en Colombia, casi un 40% de las mujeres que viven en unión han experimentado alguna modalidad de violencia física por parte de su pareja, y en muchas ocasiones, esta violencia las ha llevado a la muerte. El feminicidio, entendido “como la muerte violenta de mujeres por razones de género” tiene con frecuencia lugar dentro del hogar, pero no solamente. Puede resultar de “cualquier otra relación interpersonal o tener lugar en la comunidad por parte de cualquier persona o ser perpetrado por el Estado  y sus agentes, por acción u omisión” (OEA, 2008). Casos atroces como el de Rosa Elvira Cely a quien esta Ley honra en cierto modo, son cientos, son miles y son crecientes en nuestro país y en el mundo. Son estas muertes las que hoy se reconocen como un delito y las que a partir de ahora se sancionarían con todo el peso de la ley.

Con Colombia, son 12 los paises de América Latina (Bolivia, Chile, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá y Perú) que han incorporado en su legislación el tipo penal del feminicidio (Observatorio de igualdad de género de América Latina y el Caribe -OIG).

El creciente reconocimiento de éste como un delito autónomo, refleja la importancia del problema en nuestra región y al mismo tiempo se constituye en un paso hacia la difícil tarea de eliminar la impunidad que rodea a esta forma de violencia, al tiempo que se instala el cambio cultural necesario para desarticular los mecanismos de género y las relaciones desiguales de poder que sostienen la violencia contra la mujeres.

De la mano de la ley y la lucha contra la impunidad tiene que ir el cambio cultural que se requiere para hace sostenibles estas acciones.

Las mujeres hemos cambiado mucho, quizá demasiado en comparación con los hombres. Somos en promedio más educadas, hemos ingresado al mercado laboral en forma significativa, tenemos ingresos propios más que lo que teníamos décadas atrás, usamos métodos anticonceptivos y decidimos lo que queremos hacer con nuestros cuerpos. No todas, y no todas por igual, pero cada vez más. No en todas las esferas ni con todas las libertades, pero cada vez más. Y todo esto pasa en un mundo patriarcal que estaba acostumbrado a la dominación absoluta que ejercía sobre sus mujeres. Y muchos hombres no lo toleran, y entonces, agravan la violencia contra ellas y recrudecen sus formas. Y mientras tanto, los estados se preocupan más de prevenir la violencia en las canchas y en el fútbol -violencia fabricada por y para hombres- que la violencia patriarcal y machista. En este entorno y en el medio de la indignación que bajo la consigna, “Ni una menos”, aglutinó a miles de personas en el Cono Sur, bienvenida la ley. 

A usarla para acabar con la impunidad y promover el cambio cultural.

Ya veremos con detalle lo que nos dice la letra menuda.

“La seguridad ciudadana empieza por casa”  

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Es la fundadora y coordinadora del grupo médico por el derecho a decidir en Colombia. Estudió medicina y una maestría en investigación social en salud. Ha sido consultora en varias organizaciones de las Naciones Unidas como la Cepal, el Unfpa, el Pnud y ONU Mujeres. Sus aréas de interés son la...