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La migración venezolana y los retos que esta comporta, son temática recurrente en el debate público colombiano. Hay una asociación que pareciera indisoluble entre pobreza y migración. Acá una invitación a cambiar la mirada para ver al “venezolano invisible”.

La gestión de la migración venezolana en Colombia,  se ha convertido sin duda, en uno de los temas cuyo abordaje es obligatorio de en todos los niveles de gobierno, y forma parte de la dinámica de diseño de todas las políticas públicas. Fue un tema relevante en las campañas electorales recientes, y lo es incluso en momentos tan complejos, como los que atravesamos con ocasión de las medidas extraordinarias que han tenido que tomarse para enfrentar la pandemia del Covid_19.

Los venezolanos parecemos omnipresentes en el debate diario, sin embargo, hay un venezolano invisibilizado al que nadie se refiere, respecto del cual hay poco conocimiento, al menos mediático, no está presente en la diatriba política interna, pero tampoco aparece en la mayoría de los indicadores socioeconómicos. Este, es al que yo llamo “el venezolano invisible”.

En gran parte de Latinoamérica, y Colombia no es la excepción, se ha producido una asociación inmediata entre pobreza y migración venezolana. No deja de ser cierto que buena parte de nuestra migración, sobretodo la que ha venido asentándose en Colombia, es población altamente vulnerable, pues es población que viene huyendo de la terrible pobreza que implicaba vivir en Venezuela, arrastran problemas de salud, nutricionales, entre otros.

En este segmento se centra todo referente institucional, la discusión política, pero también han tomado auge en el día a día de los colombianos. Están en sus calles ejerciendo economía informal, suben al transporte público, relatan sus historias de carencias y sufrimiento. Por eso no es casual que la mirada sobre la migración venezolana, gravite sobre el tema de la vulnerabilidad y de ahí la normal asociación del venezolano con la pobreza.

Esta óptica, deja por fuera a otra población migrante de venezolanos. Son estos pequeños y medianos empresarios, profesionales muy calificados, con una sólida formación académica la mayoría de ellos. Muchos son empleados, gerentes en transnacionales, propietarios de empresas o emprendimientos innovadores. Estos venezolanos pagan impuestos, generan empleos, utilizan la salud privada, la educación privada, no utilizan ningún subsidio del Estado ni requieren de ninguna asistencia, no se les ve en las redes de transporte público, no están en las noticias demandando servicios. Tienen como característica común, ser altamente productivos.

Estos venezolanos ofrecen una mirada distinta de la migración, tienen mucho que aportar, aunque no sean consultados, sus historias no son atractivas a la prensa, pero su contribución al desarrollo de la sociedad colombiana es indiscutible, consumen bienes y servicios, y aportan desde cada uno de los espacios que ocupan, sus saberes y experiencias. Son momentáneamente invisibles. Visibilizarlos, puede contribuir de forma definitiva a generar y consolidar una óptica distinta sobre la migración, las poblaciones receptoras, podrán apreciar las oportunidades que se generan a partir de la presencia de migrantes en sus comunidades y como la integración cultural y económica, los enriquece como sociedad. De hecho, nosotros somos ejemplo de ello, la sociedad venezolana salió fortalecida a partir de la migración.

Finalmente, darle visibilidad a estos migrantes, también generará relaciones más simétricas, vínculos entre iguales, lo cual puede influir positivamente en la armonía ciudadana y la prevención de expresiones xenofóbicas.