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Un recuerdo de lo que fue y de lo que seremos.

Parece mentira que estemos aquí sentados. ¿Se acuerdan que hasta hace apenas unos meses estábamos encerrados en las casas? Claro que se acuerdan. Cómo olvidarlo. Fueron tiempos difíciles, llenos de temor, angustia y en muchos momentos desesperanza. No había un solo noticiero, periódico o conversación en la que no se hablara de la pandemia. Definitivamente lo que vivimos en ese momento jamás lo vamos a olvidar.

Pero tampoco olvidemos las cosas bonitas que pasaron. No caigamos en el mismo juego de siempre, de solo darle importancia a las cosas negativas y extrañas, para esconder lo cotidiano y maravilloso. Sí que me acuerdo de las noches llenas de aplausos dirigidos a todas las personas que trabajan en la salud, desde los balcones de las casas en los barrios. De grupos de voluntarios que se formaron por todas partes para ayudar a nuestros adultos mayores a hacer las compras, para recoger dinero y ayudar a los venteros que viven del rebusque en días normales.

De universidades, académicos y centros de estudio que se dieron a la tarea de diseñar ventiladores de asistencia respiratoria de bajo costo. De los empresarios del país que le apostaron a mantener los empleos y los salarios aún con los negocios cerrados, o las industrias que cambiaron su producción para empezar a fabricar tapabocas, alcohol o lo que fuera necesario para alivianar la carga de la crisis. De los vecinos que empezaron a tocar música desde sus balcones para que las noches se hicieran más amenas (¡a algunos les tocó concierto incluso!), o los que proyectaron películas de cine mudo en paredes externas, a la vista de todos los de la cuadra.

También me acuerdo de las montañas de Medellín, verdes, bajo un hermoso cielo azul a pleno medio día, de un río cristalino y de haber visto por televisión que los delfines habían vuelto a nadar en El Rodadero. Los pájaros los escuchaba más cerca, más fuerte, más alegres.

Los días fueron pasando y las familias volvieron a serlo. El afán se frenó y nos vimos frente a frente. Al principio fue difícil, claro, pero uno se va acostumbrando y recuerda lo bonito que es amar y sentirse amado.

Las noticias corrían rápido y cuando menos lo pensamos anunciaron el éxito de  una nueva vacuna que había logrado curar la enfermedad. La producción no tardó mucho y pronto los Gobiernos lograron acuerdos para llevarla a todo el mundo. Volvimos a salir a las calles, a trabajar, a estudiar, pero ya no éramos los mismos.

Somos mejores. Seremos mejores. Esto también pasará.

Politólogo y Magíster en Humanidades, experto en temas de seguridad, convivencia y construcción de capital social. Ha trabajado como profesor e investigador de diferentes universidades, como consultor y analista para entidades públicas y de cooperación internacional y se ha desempeñado como Subsecretario...