Esta columna fue escrita por el experto invitado Carlos Lemoine, presidente de negocios del Centro Nacional de Consultoría y uno de los encuestadores contratados por el Centro Democrático.

La elección de los candidatos a la presidencia por parte de los partidos es un proceso por medio del cual cada partido cumple uno de sus deberes para con el país: construir y ofrecerle a sus líderes para que los escoja como dirigentes del país.

La democracia americana ha desarrollado un mecanismo que es el de las primarias por Estado, que tiene dos cualidades: va probando la calidad de los aspirantes y hace que sea el pueblo el que elija el vencedor. Esta es quizás su mayor fortaleza. La dificultad en su aplicación es que toma un año el proceso y sus costos son exorbitantes.

Es legítimo preguntarse si existe un método que consulte a la ciudadanía, que atienda a fuertes restricciones de tiempo y tenga un costo razonable. El método de hacer una encuesta parece ser una buena aproximación. Esto se vio con claridad en el caso reciente de la elección del candidato del Centro Democrático. Los candidatos querían que fueran los militantes del partido y los ciudadanos afines a la ideología del Centro Democrático los que decidieran.

Si se hubiese querido recurrir al proceso de elección directa, habrían sido necesarias dos elecciones: una entre los inscritos en el partido y otra entre el público en general, y no habría sido posible evitar en esta última elección la intervención de personas no afectas al partido. El casto habría subido de los 10.000 millones, y esto habría molestado a la gente, que se siente ofendida cuando ve que los dineros públicos se gastan en dirimir ambiciones personales.

El sistema diseñado de encuestas con triple verificación resultó un método rápido que le da al candidato del Centro Democrático tiempo para hacer su campaña abierta, tiene costos razonables del orden del 1% de los costos de una elección abierta y es extremadamente transparente: consulta los 600.000 afiliados al partido, segmenta a los ciudadanos que son afines al partido pues puede introducir filtros que los identifique, y consulta a los casi 10.000.000 de afines a las ideas del partido.

De esta manera el candidato queda escogido, no por un grupo de parlamentarios sino por un número de 10.600.000 ciudadanos interesados en la prevalencia de las ideas del Centro Democrático. Esto se logra gracias a las leyes de probabilidad que nos garantizan que la opinión de una muestra es sensiblemente igual a la del total.

La transparencia que requiere el proceso se da en dos etapas: garantizar que solo votan los que tienen afinidad con las ideas del partido, y eso se logró introduciendo preguntas claves que identifican su credo, y luego, el voto por quien el ciudadano escoge. De estos dos aspectos, el proceso tiene una triple verificación: una, las normas internacionales de calidad de las dos empresas que trabajaron de manera independiente, una segunda comprobación por parte de una firma auditora y la tercera, la prueba de fuego que es la comparación de los resultados de las dos firmas sean estadísticamente iguales.

Este método tiene un defecto que es común a todos los métodos de selección existentes: no les gusta a los perdedores.