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Las doulas, aunque no gozan de reconocimiento en nuestro sistema de salud, pueden contribuir notablemente a la humanización del parto y a la prevención de la llamada violencia obstétrica.

La celebración en días recientes de la Semana Internacional de la Doula (World Doula Week), es una muy buena oportunidad para aclarar cuál es el rol de las doulas, que en realidad no son una invención de la nueva era, de una religión en particular o de algún grupo étnico particular. El origen de ellas se asocia con prácticas ancestrales de apoyo y acompañamiento, de mujeres que se dedican a servir y a acompañar a otras mujeres durante la etapa del embarazo, el parto y la lactancia. Las doulas, aunque pueden tener formación profesional en partería, se diferencian de las parteras o matronas, que son quienes participan directamente en el nacimiento.

En la mayoría de sistemas de salud, como es el caso del colombiano, la doulas no están reconocidas formalmente, y por lo tanto, no hacen parte de las plantas de personal de las instituciones públicas o privadas de salud. Su presencia, en muchos casos, ocasiona rechazo entre los profesionales de la salud. Los choques entre médicos y doulas, generalmente dependen el modelo de atención médica, y evitarlos no es un problema del médico, de la doula, de la paciente o de sus familiares; debe ser el resultado de un verdadero diálogo que lleve a la toma de decisiones compartidas en pro del mejor interés y beneficio de la mujer y del que está por nacer.

Lo cierto es que el debate sobre las doulas debería girar en torno a la información suficiente, adecuada e idónea a la que debe acceder la mujer gestante en el momento en que decida si quiere del acompañamiento de la doula durante el embarazo, el parto y el post-parto, y que esta decisión se tome de manera libre e informada. A la larga, esto permitirá que la gestante pueda comprender y delimitar claramente su rol preponderante, el de su pareja, el del médico tratante y el de la doula.

Reconocer a las doulas dentro de un sistema de salud, puede ayudar en la tarea perenne de la humanización de la salud, del reconocimiento de derechos de los pacientes, del empoderamiento de las mujeres y de la apuesta por el buen nacer como marca de vida. En vez de satanizarlas, como se ha hecho en algunos ambientes hospitalarios, se debe visibilizar su labor y tender puentes de diálogo con el sistema sanitario, en aras de proteger a nuestras mujeres gestantes. Si bien es cierto que la actividad de las doulas es un asunto que se podría regular, bajo el postulado bioético de subsidiariedad, el Estado no debe impedir la libre iniciativa de los ciudadanos y entidades sino que por el contrario debe permitir su participación espontánea en la contribución al bien social, teniendo en cuenta los beneficios que puede representar para la mujer y el recién nacido la presencia de la doula y su influencia positiva, en contraste con el panorama de algunos servicios deshumanizados en la atención de las gestantes.

Su área de trabajo en docencia e investigación se refiere al estudio de la incidencia de los debates bioéticos contemporáneos en el derecho y la sociedad. Abogada de la Universidad de Boyacá y Doctora en Bioética y Biojurídica de la Universidad Rey Juan Carlos (España). Becaria de la Fundación...