A Juan Manuel Santos se le está volviendo a calentar el campo. Una minga indígena volvió a resultar en enfrentamientos entre indígenas y fuerza pública en Cauca y Nariño y crecen los pronunciamientos de líderes campesinos sobre los supuestos incumplimientos de los acuerdos que llevaron al levantamiento del paro agrario. Eso, con la fecha para definir si va por la reelección acercándose, es una amenaza para Santos, que ya vio el golpe en las encuestas del paro pasado.

A Juan Manuel Santos se le está volviendo a calentar el campo. Una minga indígena volvió a resultar en enfrentamientos entre indígenas y fuerza pública en Cauca y Nariño y crecen los pronunciamientos de líderes campesinos sobre los supuestos incumplimientos de los acuerdos que llevaron al levantamiento del paro agrario. Eso, con la fecha para definir si va por la reelección acercándose, es una amenaza para Santos, que ya vio el golpe en las encuestas del paro pasado.

Aunque el gobierno pudo evitar que el 12 de octubre se reiniciara el paro y el viernes tuvo que declarar la urgencia manifiesta para tomar algunas medidas, seguramente en las próximas semanas los cumplimientos de otros puntos del acuerdo le pueden volver a estallar. Y es que hay por lo menos cinco factores, más alla de los problemas estructurales y del incumplimiento del gobierno con los acuerdos con campesinos e indígenas, que están alineados para que el campo esté caliente estos días.

Estos son (haga clic en los nombres para leer más):

Foto de portada tomada del Flickr de Edison Sánchez y utilizada bajo licencia Creative Commons

 

Todos aprovechan la debilidad del gobierno 

El estilo de Santos de gobernar cediendo antes los grupos de presión (de los camioneros a los empresarios ante los aranceles, pasando por los estudiantes universitarios), sumados a los malos resultados en las encuestas y al arranque de la maquinaria reeleccionista, dejan al gobierno débil antes las exigencias.

Por eso aunque Santos se reunió el jueves 10 con los gobernadores de los departamentos afectados y miembros del gobierno vienen trabajando en el cumplimiento de los acuerdos que llevaron a levantar el paro agrario a fines de agosto, ya los indígenas lanzaron su minga y los campesinos están amenazando con volver al paro.

Por ahora, esa debilidad la están aprovechando sobre todo movimientos vinculados a la izquierda y los cafeteros, entre los cuales hay muchos que simpatizan más bien con el uribismo (como en su momento explicó Juan Camilo Restrepo  y aceptaron algunos uribistas  e incluso el mismo Álvaro Uribe) se han mantenido al margen.

Esa debilidad se agravó porque el principal acuerdo para levantar el paro agrario fueron los subsidios a diferentes sectores, encabezados por el cafetero. Aunque había otros compromisos, éstos son inocuos o demorados  , y por eso en el corto plazo la sensación que quedó en muchos sectores es que el que se queja recibe plata. Lo mismo ocurrió, a otro nivel, con los cañicultores que hicieron el suficiente lobby contra los acuerdos comerciales de la Alianza del Pacífico como para lograr que el azúcar no se incluyera en los acuerdos.

Además, algunos compromisos difíciles de ejecutar refuerzan la debilidad. Un buen ejemplo es el esquema de compra de papa por el Estado, cuyo atraso motivó las reuniones de emergencia el viernes en Boyacá y que tiene graves problemas logísticos. Como señaló Rafael Mejía, director de la SAC, no es claro quién podría tener la capacidad, en el Estado, de ir municipio por municipio comprando papa y asegurándose de que los beneficiados sean los campesinos y no los intermediarios. Tampoco es fácil saber qué se haría con esa papa, dónde se almacenaría y cómo evitar que al usarla no se termine afectando el precio del tubérculo. Por ahora algo de la papa se irá al Chocó, donde no se usa mucho y por ende no impactaría el precio, para que la Unidad de Gestión de Riesgo la utilice ante la escasez de alimentos por el paro agrario en la región.

Encima de todo no es claro por qué el Estado se metería a hacerlo con la papa y no con otros productos, lo que incentiva a otros sectores a protestar. En últimas, la pregunta es si el gobierno apoya una política que pone al Estado como intermediario para asegurar el ingreso a los productores y el suministro a los consumidores, como se intentó y se eliminó en las reformas neoliberales de los años noventa cuando desapareció el Idema.

 

El Ministerio de Agricultura está en transición interna

El Ministerio de Agricultura llegó a esta coyuntura en medio de un proceso de transformación interna. Aunque el cambio le dará más herramientas para tener una política de desarrollo rural, requiere la atención de sus funcionarios que a la vez están atendiendo el pacto agrario y el conato de paro. Y aunque la carga de las negociaciones la comparte con el Ministerio del Interior, esta situación ha afectado el manejo del campo.

Ahora el viceministro Andrés Felipe García tiene bajo su ala sólo los temas netamente agropecuarios (ya que los de tierras y desarrollo rural le cayeron al nuevo vice), pero por el momento tiene sus manos llenas porque asumió como director encargado del Incoder mientras Santos escoge un reemplazo para Miriam Villegas.

Aníbal Fernández de Soto llegó al nuevo viceministerio este jueves, cuando el lío en el campo ya estaba creciendo. Aunque viene precisamente de liderar buena parte del esfuerzo del Ministerio de Interior, el cargo nuevo implica dedicar parte de su atención a la transformación del ministerio.

Y es que no sólo él es nuevo. El viceministerio fue creado con el Pacto Nacional Agrario y que hasta ahora está siendo armado, pese a que era la pieza central de una reestructuración propuesta desde hace casi dos años por el entonces ministro Juan Camilo Restrepo.

A eso se le debe añadir que muchos de los nuevos cargos propuesta desde hace casi dos años creados en el rediseño https://www.minagricultura.gov.co/noticias/Paginas/El-Ministerio-de-Agri… -como las direcciones de asuntos pecuarios, de ordenamiento de propiedad rural, de gestión de bienes públicos rurales y de generación de ingresos- no han sido llenados todavía.

En las entidades adscritas también hay algunas caras nuevas. Luis Humberto Martínez, del Ica, lleva menos de un mes en el cargo y es clave porque su entidad es la que está encargada de los temas sanitarios y fitosanitarios.

Y el Banco Agrario, otra pieza clave en el tema agropecuario, sigue sin director en propiedad ya que Santos aún no ha nombrado formalmente al sucreño Álvaro Navas Patrón, que – como contó La Silla – es muy cercano al senador conservador Roberto Gerlein y desbancó al candidato al que ya el presidente le ofrecía el puesto.

Esa transición es el que explica en parte, por ejemplo, que el gobierno se haya demorado en iniciar las compras de papa (solo empezó a hacerlo ayer, después de unas reuniones de emergencia en Tunja) y que del lado de los campesinos haya la sensación de que no es claro con quién se dialoga ni quién tiene la capacidad de prometer y hacer cumplir.

 

Lizarralde llegó peleando con gremios y campesinos

La llegada de Rubén Darío Lizarralde al Ministerio no ha sido pacífica. No solo ha tenido que enfrentar las críticas del Polo por su pasado como gerente de Indupalma y por las tierras de sus familiares en la Orinoquía, sino que llegó pisando fuerte, con críticas contra gremios y campesinos.

Por ejemplo, en una entrevista en septiembre en el diario El Pueblo dijo que no le gustan los subsidios, dijo que a veces son regalo, que si no cambian la productividad de un cultivo se tienen que acabar y que los subsidios actuales a los cafeteros hay que cambiarlos o eliminarlos. También señaló algo que es más de fondo para muchos gremios: “el gremio X tiene que responder por lo que pasa en su sector, y cuando manejan parafiscalidades tienen que responder por todo su sector. Si el gremio no está dispuesto, va a perder la posibilidad de administrar esos recursos y va a perder la vocería”. Es decir, amenazó (aunque sea en abstracto) con quitarles los fondos que manejan.

Eso motivó una respuesta de Genaro Muñoz, gerente de la Federación Nacional de Cafeteros y llevó a un choque entre los dos, además de que creó molestias en otros gremios del sector. Y si bien esa pelea no afecta la relación con los campesinos, sí tiene un efecto distractor en el Ministerio – pero además muchos campesinos se benefician de subsidios, sobre todo los cafeteros.

A eso se suma que el Ministerio no ha podido sacar adelante algunos de los compromisos más inmediatos que le prometió a algunos sectores puntuales. Este es el caso con una de las propuestas claves para ayudar a los pequeños y medianos productores lecheros con sus excedentes de leche.

La Silla supo que el plan de 35 mil millones de pesos para comprar esos excedentes -mediante una subasta a través de la Bolsa Mercantil- y luego entregárselos al Icbf para sus programas sociales está enredado porque el desembolso de la plata se demoró y hasta el momento no ha podido ser firmado porque Lizarralde se declaró impedido en temas lecheros (y también en los palmeros y caucheros).

En el sector están esperando que lo firme ahora la Ministra de Transporte Cecilia Álvarez-Correa, que quedó designada como ministra ad-hoc para estos asuntos, pero el plan ya lleva casi dos meses de retraso.

 

Los indígenas están alineándose para las elecciones

Hace dos semanas, Santos se sentó con representantes de los pueblos indígenas en la Casa de Nariño, y hace una semana estuvo con indígenas de la Sierra Nevada. Sin embargo, esos encuentros fueron mal recibidos por otros grupos indígenas, representados por la Organización Nacional Indígena de Colombia (Onic), que agrupa a más o menos el 80 por ciento de los pueblos indígenas, y que se sintieron excluidos de esos espacios.

La respuesta de la Onic fue convocar a a una minga en todo el país el puente pasado. Aunque su convocatoria pasó relativamente desapercibida en medio del festivo y de la celebración por la clasificación de la selección de fútbol al mundial de Brasil, esta semana se empezó a notar, especialmente en el Cauca, con bloqueos en las vías, enfrentamientos con soldados y policías y denuncias de abusos de lado y lado (especialmente graves del lado de la Fuerza Pública). Esa molestia, además de los endémicos problemas del Cauca, estallaron el viernes y tienen a Santos, una vez más, con un dolor de cabeza en ese departamento y en el norte de Nariño.

Pero la Minga se ha venido radicalizando en medio de una puja interna de la Onic. De una lado están algunos líderes conectados con la izquierda, que buscan un mayor grado de exigencia y confrontación, y del otro los que se circunscriben a objetivos indigenistas y que sí quieren reivindicar derechos pero con menos choques. Esa división ya se vio a principios de año con los choques de la guardia indígena con el ejército al sacar a soldados de algunos lugares estratégicos en el Cauca, pues hubo discusiones sobre cuál era el mejor camino a seguir y hasta dónde llegar con esas medidas de hecho. Pero está creciendo ahora que se acercan las elecciones, y explican por qué el resguardo Nasa Kiwe levantó anoche el bloqueo en la carretera Cali-Buenaventura mientras que en otros lugares los bloqueos se mantienen y la Onic desmintió anoche cualquier acuerdo.

Y es que detrás de la puja están los movimientos en la política y la organización indígena. Están en juego las dos curules de la circunscripción indígena al senado (y más adelante el poder local, especialmente en el Cauca) y las relaciones del movimiento indigenista con las diferentes expresiones de la izquierda.

Feliciano Valencia, quien era líder del Consejo Indígena Regional del Cauca (Cric) y en 2010 fue candidato a la alcaldía de Santander de Quilichao, es candidato presidencial por un nuevo grupo, País Común. Esa aspiración, por fuera de las organizaciones políticas tradicionales del movimiento indígena, tiene vínculos con grupos de izquierda como el Congreso de los Pueblos, Fuerza Común o Ecosocialista. Algunos de ellos han apoyado la Minga.

Valencia (que ha sido un fuerte crítico de las Farc) es una de las cabezas visibles de la radicalización y eso ha creado roces dentro de la Onic con líderes como su consejero mayor Luis Fernando Arias. Del resultado de la Minga puede depender que se supere esa división y concrete un nuevo movimiento político, llamado Movimiento Alternativo Indígena y Social (Mais). En él, además de ir Valencia a la presidencia, irían el ex consejero mayor de la Onic Luis Evelis Andrade, la líder wayúu Rosa Iguarán y el líder nasa Jesús Javier Chávez, “padre Chucho”, al senado, como decidió el mes pasado la asamblea nacional de la Onic

En el panorama hay por lo menos otros dos movimientos: Aico, que tiene un senador (Germán Carlosama), ha ido perdiendo fuerza a medida que los indígenas pastos se han ido quedando con el partido mientras que los guambianos de Floro Tunubalá y los kamsa del Putumayo ya no son representativos; y la Alianza Social Independiente, que se ha ampliado de su base indígena y también tiene un senador, Marcos Avirama. Ninguno de los dos está en la actual Minga pero los dos están pensando en mantener sus curules.

 

La izquierda vuelve a la carga

En el paro de hace dos meses se supo que varios de los líderes tenían vínculos con la izquierda, lo que es apenas natural. Ese vínculo le da gasolina a la molestia actual porque a medida que se acercan las elecciones se vuelve más atractivo mover a los campesinos.

Ese interés se ha señalado especialmente en el caso de César Pachón, el líder de Dignidad Papera en Boyacá, que en esa función tiene contacto con centenares de campesinos en decenas de municipios del departamento. De hecho, el viernes Diana Calderón le preguntó en Caracol si va a ser candidato al Congreso, como se ha rumorado. Pachón le contestó que su anhelo no es la política pero que le han pedido por muchos lados que se lance, y no dijo que descarte lanzarse.

En todo caso las “dignidades”, que es el nombre que le han dado a movimientos sectoriales agrarios, están claramente alineadas con el Polo Democrático y especialmente con el Moir, algo que no es secreto.

Pero no es el único grupo político con intereses en la protesta. Algunos grupos campesinos, estudiantiles e indígenas están alineados en sus movilizaciones. En ellos está especialmente presente el grupo del Congreso de los Pueblos a través de líderes indígenas como Feliciano Valencia y estudiantiles como Paola Galindo.

En el campo, la izquierda se enfrenta a la realidad de que parte de los campesinos otro tipo de tendencias políticas. Por eso para sus líderes no está de más tener la bandera de los incumplimientos del gobierno para agitar antes de las elecciones – y eso explica parte de la agitación.

 

Fui periodista de La Silla Vacía especializado en temas ligados al Acuerdo de paz (desarrollo rural, política de drogas, justicia transicional y cómo las víctimas reconstruyen sus vidas) y al ambiente. Soy pata de perro y tengo más puestos que una buseta: soy editor del Centro Latinoamericano de...

Fui usuario y luego periodista de La Silla Vacía. Tras más de una década haciendo de todo en esta escuela de periodismo, de la que fui director editorial, me fui a ser lector y SuperAmigo. Ahora me desempeño como redactor jefe de El País América Colombia.