El desmembramiento en Barranquilla y la normalización de la crueldad

El desmembramiento en Barranquilla y la normalización de la crueldad
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Entre el 6 y el 7 de junio de 2022, en distintos barrios del sur de Barranquilla, unos vehículos dejaron abandonadas bolsas de plástico con partes de un cuerpo humano. El torso y una pierna aparecieron en Galán, una pierna apareció en Los Laureles, y la cabeza y los brazos en La Cayenas. Todas las partes correspondían a una misma persona de 34 años que posteriormente fue identificada. Extrañamente, un hecho con este nivel de sevicia no ha generado una discusión local o nacional sobre la violencia en la capital del Atlántico. Al parecer, así como otras facetas de la violencia en la ciudad, esta pasará inadvertida.

El desmembramiento, también conocido como descuartizamiento, es la mutilación de las partes del cuerpo de la víctima (usualmente la cabeza o las extremidades). En ocasiones es en sí misma una forma de ejecutar a una persona, mientras en otras sucede después de su muerte.

Aunque los datos varían de acuerdo con cada contexto (además de ser escasos), en Alemania se estima que en 1 de cada 500 homicidios hay señales de desmembramiento. Si Barranquilla siguiera esta tasa, entre el 2013 y el 2022 en la ciudad podrían haberse presentado alrededor de 6 casos de desmembramiento. Sin embargo, solo hasta el 2020 la Defensoría del Pueblo registraba 40, y entre septiembre de 2021 y junio de 2022 hubo 3 casos más en el área metropolitana. Según una base de datos que hemos construido, 22 de estos casos habrían sido cometidos por organizaciones del crimen organizado.

1. El desmembramiento es una práctica premeditada y compleja

El desmembramiento es una práctica compleja que requiere de una logística particular. Los desmembramientos suelen suceder en entornos cerrados (normalmente casas), dado que son procesos largos, vistosos y que suponen una limpieza posterior que difícilmente puede hacerse en público. Además, cortar un cuerpo hasta desmembrarlo también presupone algunos conocimientos anatómicos que lo pueden facilitar (evitar cortar en zonas donde hay huesos, por ejemplo). Sin embargo, este es también un proceso relativamente barato, en cuanto solo se necesita de pocos instrumentos (machetes, hachas o cuchillos generalmente) para llevarse a cabo.

En cualquier caso, el desmembramiento es una forma de violencia difícil de ejecutar en comparación con un homicidio por arma de fuego o por arma blanca. Su uso en entornos de crimen organizado, entonces, no es un evento fortuito, sino que es el resultado de un proceso de razonamiento. Es decir: es esperable que los desmembramientos sean una práctica premeditada. Los grupos armados deciden utilizar el desmembramiento en lugar de otras formas de ejercer violencia.

2. El desmembramiento como un lenguaje del horror

Ahora, que sea una práctica premeditada no implica que este sea solamente un asunto que podamos racionalizar como estrategia de guerra. Por todo lo que implica el proceso de desmembramiento, esta es también una manera de deshumanizar a la víctima. En palabras de Adriana Cavarero: es horrorismo. Es una forma de violencia que excede a la muerte. La muerte es parte del castigo, pero la destrucción del cuerpo es fundamental para que este sea consumado.

El desmembramiento implica destruir el cuerpo de una persona, desfigurarlo y hacerlo prácticamente irreconocible. De hecho, las autoridades suelen tardar varios días en identificar a las víctimas y, en algunos casos, ni siquiera esto es posible. Por tanto, el desmembramiento deshumaniza a la víctima y la convierte en partes. Quien es descuartizado deja de existir como una persona y pasa a ser una exhibición de horror.

3. Lo instrumental del desmembramiento: comunicar desde el horror

El horror detrás del desmembramiento busca castigar a la víctima, pero al mismo tiempo servir como medio de comunicación para otros miembros de la comunidad. En Barranquilla, todos los desmembramientos cometidos por organizaciones del crimen organizado son comunicados de formas muy similares: partes del cuerpo aparecen en unos barrios (usualmente la cabeza y las extremidades), mientras el torso aparece días después en otras zonas de la ciudad.

Esta manera de hacer explícito el desmembramiento no es casual. De hecho, la mayoría de las investigaciones sobre esta práctica criminal muestran que el desmembramiento suele utilizarse para esconder evidencia. En Barranquilla, por el contrario, el desmembramiento no busca ser escondido, sino todo lo contrario: se esparce por la ciudad con el propósito de que se esparza la noticia. Los grupos armados toman la decisión de desmembrar con el propósito posterior de dejar claro a algunos que el costo de no cumplir con ciertos códigos de comportamiento es un horror desmesurado.

¿Quiénes son los receptores de este mensaje? La respuesta no es unívoca. En nuestra base de datos encontramos al menos tres razones por las cuales se acude al desmembramiento. Primero, los grupos armados pueden desmembrar como una forma de imponer orden dentro de la organización. Han desmembrado a miembros que han robado dineros o que han asesinado a traición a sus compañeros. Esta es una manera de recordar a los miembros del grupo armado que hay normas que cumplir y que no están protegidos frente a cualquier actuación. De esta forma logran mantener a sus filas organizadas a través de la violencia.

Segundo, el desmembramiento puede enviar un mensaje a sus competidores armados. En este caso, el desmembrado es miembro de una organización rival y es castigado por amenazar la hegemonía del grupo armado o como una señal de victoria de alguno de los bandos. Los receptores de este mensaje son entonces quienes estaban aliados con la banda rival, a la que pertenecía la víctima, quienes ahora deberán negociar con los nuevos hegemones o someterse a más hechos de esta violencia desmedida. El video en el que Los Costeños decapitaban a una persona en septiembre del 2021 y le enviaban un mensaje a Tommy Masacre es una muestra de este tipo de desmembramiento.

Tercero, el desmembramiento es una forma de reforzar órdenes armados frente a una comunidad. En julio de 2018, una persona fue desmembrada por haber dado información a las autoridades que permitieron la captura de un miembro de Los Costeños. Un mes después, dos jóvenes de 19 y 24 años fueron desmembrados porque, presuntamente, revendían la droga que compraban sin autorización de Los Costeños. En estos casos, el mensaje no va hacia la misma organización o hacia sus rivales, sino que se dirige a la comunidad: incumplir los órdenes que estos grupos armados han establecido tiene como consecuencia el horror del descuartizamiento.

4. El aprendizaje criminal

Isaac De León ha denominado "aprendizaje criminal" al proceso a través del cual los grupos criminales en Colombia han logrado hacer sus métodos de violencia más eficientes y exitosos. Por su experiencia en la guerra en Colombia, las organizaciones armadas han logrado desarrollar procedimientos de violencia y conocimientos operativos sobre cómo lograr ejercer ciertas violencias. Estos conocimientos son transmitidos dentro y entre los grupos armados. Por tanto, existen dos dimensiones de aprendizaje criminal: una individual (lo que aprenden los individuos que posteriormente puede ser utilizado en otras organizaciones) y una organizacional (lo que las organizaciones logran aplicar por sus experiencias previas o por las experiencias de sus miembros).

Uno de esos aprendizajes criminales en Barranquilla ha sido que no se necesita renunciar a la violencia para reducir los indicadores de violencia. Es decir: se pueden sostener ciertos niveles de violencia tolerables para la administración pública sin levantar alertas. En un artículo previo, hemos argumentado que los grupos armados han comprendido que un incremento sostenido de los homicidios puede atraer demasiada atención mediática e institucional y perjudicar sus acciones. El mismo Don Antonio, en su momento comandante del frente José Pablo Díaz, afirmó que las AUC tenían prohibido cometer masacres en Barranquilla para no llamar la atención de los medios de comunicación y las autoridades. Los homicidios selectivos, entonces, son más útiles a sus propósitos: envían un mensaje y mantienen las cifras de criminalidad en límites que la administración pública puede tolerar.

El desmembramiento aparece entonces como una táctica que es, al tiempo, selectiva y poderosamente comunicativa. Un homicidio selectivo puede cumplir el propósito de castigo, pero no enviar un mensaje necesariamente. Sin embargo, un cuerpo descuartizado que luego es distribuido por toda la ciudad sí envía un mensaje de horror difícil de omitir. Aun así, el desmembramiento es contado dentro de los indicadores de violencia como un homicidio. Por tanto, es una táctica más efectiva que el asesinato selectivo, porque comunica un mensaje con un alto contenido simbólico, mientras al tiempo no levanta demasiadas alertas institucionales.

Este aprendizaje criminal ha estado reforzado por la negación institucional: en el 2013, la Policía afirmó que este era un asunto que solo se reducía a guerras por el microtráfico. En el 2015, cuando había habido 8 casos de desmembramiento en dos años, la Policía dijo que no era un asunto sistemático. En el 2016, cuando los casos iban en 11, la Policía afirmó que este era un caso aislado y se planteó la hipótesis de un lío de faldas. Estas declaraciones que desestiman la sistematicidad del desmembramiento alimentan la práctica de los grupos armados, porque demuestran que descuartizar un cuerpo no implica mayor presión sobre ellos. 

Ahora, cabe recordar que el desmembramiento no es una práctica que apareció recientemente en la guerra en Colombia. El Centro Nacional de Memoria Histórica ha evidenciado cómo dentro de las AUC había escuelas para que niños aprendieran a desmembrar. Según algunas estimaciones, durante sus años de actuación, las AUC habrían desmembrado a al menos 1.460 personas. Sin embargo, el desmembramiento para las AUC cumplía funciones de castigo, pero principalmente era funcional para ocultar evidencias, desaparecer los cuerpos y dificultar los procesos de identificación. Los grupos armados en Barranquilla aprendieron la práctica, pero la han utilizado para publicitarla y comunicar.

5. Olas de desmembramientos

Los desmembramientos, aunque para las autoridades sean hechos aislados, han seguido patrones temporales muy claros. Solo en el 2013, año que coincide con la consolidación de Los Costeños como una disidencia de Los Rastrojos, hubo 5 casos de desmembramiento. Entre el 2016-2017, cuando las AGC regresan a Barranquilla, hubo 7 casos de desmembramiento. Entre finales de 2021 y los primeros seis meses de 2022 ha habido tres casos. ¿Qué está pasando?

Una primera pista puede hallarse en el hecho de que uno de los presuntos responsables de gran parte de los descuartizamientos entre el 2013-2020 es Digno Palomino. Palomino, junto con alias "Castor", eran los máximos cabecillas de Los Costeños. Fueron capturados en Venezuela a finales del 2019, pero increíblemente dejados en libertad porque Colombia, al no tener relaciones diplomáticas con este país, no pudo formalizar la solicitud de extradición.

El regreso de ambos puede estar relacionado con una nueva ola de violencia. Por un lado, porque realmente nunca dejaron de participar en el escenario de violencia. Desde Venezuela daban órdenes y mantenían cierto control sobre algunos mercados ilegales. Esto no es sorprendente si se tiene en cuenta que gran parte de su clan tenía un carácter familiar, lo que sostiene ciertas lealtades en el tiempo. Por otro lado, porque pese a eso su distancia sí creó divisiones en Los Costeños, quienes publicaron recientemente un vídeo diciendo que Palomino y Castor ya no son parte de la organización por haberse aliado con las AGC y miembros del Gaula y la Fiscalía. En este contexto, en Barranquilla hay una nueva guerra por el control de ciertas zonas y por el liderazgo de la principal organización del crimen organizado en la ciudad.

6. La negación institucional y las guerras escondidas

La aparición de varias partes de un cuerpo en diferentes barrios de una ciudad es un hecho que debería generar una profunda discusión sobre la seguridad. En Barranquilla esta escena se ha repetido al menos 22 veces en menos de 10 años, y todavía no genera una respuesta radical ni de la sociedad civil ni de las autoridades.

La sensación de normalidad y el discurso de desarrollo de Barranquilla han coexistido por cerca de 15 años con una violencia escondida del crimen organizado. Hemos estado en medio de muchas guerras libradas con selectividad. Las extorsiones a comerciantes, los homicidios selectivos y el desmembramiento hacen parte del paisaje barranquillero sin que nos parezca problemático.

Al final, quedan muchos interrogantes en torno a este tipo de prácticas criminales en la ciudad. El desmembramiento está antecedido del secuestro, tortura y asesinato de la víctima. Esto demanda no solo personal especializado en la manipulación y desmembramiento de cadáveres, sino también la disposición de lugares físicos (casas, bodegas o locales) para estas actividades. De esto no se habla. Y cuando se habla, las autoridades lo denominan “rumores”. Entre rumores, 22 personas, 18 de ellos menores de 30 años, han sido desmembrados y sus partes distribuidas por varios barrios.  

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