Los retos del Banco de la República en 2021

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Tenemos nuevo gerente y una junta directiva con tres de sus cinco codirectores estrenando cargo. Hay que pasar la página sobre las controversias que desataron sus nombramientos y centrarse en la tarea que tienen al frente.

Tenemos nuevo gerente del Banco de la República (BR) y una junta directiva que pronto tendrá tres de sus cinco codirectores estrenando cargo. Falta saber uno de esos nombres. Hay que pasar la página sobre las controversias que desataron sus nombramientos y centrarse en la tarea que tienen al frente. Se vienen enormes desafíos inmediatos, algunos de los cuales resalto a continuación.

Tasas de interés. Desde que comenzó la crisis de la pandemia, el BR ha reducido la tasa de interés de política en 2.5 puntos porcentuales. Ha buscado así abaratar el financiamiento de hogares, empresas y el sector público en tiempos en que la actividad económica reporta la peor caída en más de un siglo. En las últimas reuniones del Banco, dos miembros de su junta votaron por reducciones adicionales; el resto, por dejarlas quietas. La primera reunión en que se tomen decisiones de tasas con la nueva junta en pleno dará pistas sobre si en ese frente la postura se modifica. Será un momento clave.

Además de la decisión, los mercados estarán atentos a si el lenguaje que salga de esa junta da pistas sobre la senda futura prevista por el Emisor sobre esa tasa. Ese no es un asunto menor: las tasas de más largo plazo, las que verdaderamente afectan a los deudores, responden a esa senda.

Actividad económica, empleo. Como lo anota el BR en sus recientes informes de política monetaria, sus acciones buscan también “el nivel máximo sostenible del producto y del empleo”. Ese nivel no lo conocemos y debe ser materia de debate en el Emisor. Como lo discutí hace un tiempo en este mismo blog, en mi opinión estamos muy lejos de alcanzarlo y por eso mismo hay más espacio para empujones a la actividad económica por parte del Banco. Deberá la nueva Junta participar activamente en esa controversia. De nuevo, el lenguaje que salga de las primeras comunicaciones habrá de dar pistas sobre ese menester.

Inflación. 2020 lo cerramos con la inflación más baja en medio siglo. Suena a buena noticia pero no lo es. De un lado, refleja la mala situación económica: sin compradores, los precios tienden a enfriarse. De otro lado, una baja inflación hace más probable que las tasas de interés de política se topen con el límite inferior de cero. Perú y Chile, ya están enfrentados a ese dilema. Es muy difícil salir de la trampa de la baja inflación una vez en ella. En el reciente informe de política del banco, los pronósticos de inflación se ajustaron a la baja y apuntan a que cerraremos otro año por debajo de 3 por ciento de aumento de precios. La tentación de darle un garrotazo a la inflación cuando trate de sacar la cabeza desde esas bajas tasas, puede acabar en un equilibrio de anemia inflacionaria. Ese error de política lo cometió Japón en los 90s y lo repitió la Zona Euro tras la crisis financiera global.

Deuda. Los hogares, las empresas y el sector público tenemos balances financieros precarios tras el paso de la pandemia. En las cifras de calidad de la cartera de consumo y comercial ya se empiezan a ver esas huellas. En el sector público ni hablar: tenemos por primera vez desde la crisis de final de siglo un crédito con FMI; el gobierno anda haciendo gimnasia financiera para que una empresa del Estado compre otra y los recursos se reflejen en un menor déficit público; tendrá así mismo que abordar su tercera reforma tributaria en tres años de gobierno; tiene la regla fiscal suspendida y la espada de las calificadoras amenazando con un pequeño movimiento que le haría perder el grado de inversión. El BR no podrá ser un simple espectador de esa evolución.

Reservas. Las reservas internacionales del Banco se acercan a 60.000 millones de dólares. ¿Cómo deben invertirse esos activos? Los últimos dos años, al estar centrados en títulos de deuda cuyas tasas bajaron, esas inversiones fueron rentables y redundaron en buenas utilidades para el gobierno. No se ve mucho más espacio hacia adelante para mayores valorizaciones de los títulos de deuda pública; por tanto, vuelve a ser pertinente analizar si hay espacio para repensar esas inversiones. Como nunca antes vendrían bien buenos resultados financieros del Emisor.

Tasa de cambio. Si las aguas se enturbian con problemas financieros con una escala significativa volverá la pregunta de si dejar flotar la tasa de cambio es la receta apropiada en un contexto de posibles dificultades de financiamiento externo. Con una deuda externa que subió 12 puntos como porcentaje del PIB en 2020 ese dilema, que ahora no está en el radar inmediato, se puede materializar.


Twitter: @mahofste

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*Este es un espacio de opinión y debate. Los contenidos reflejan únicamente la opinión personal de sus autores y no compromete el de La Silla Vacía ni a sus patrocinadores.

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