Por una educación antifrágil

Ricardo Gómez Giraldo
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Esta columna fue escrita por Ricardo Gómez, rector de la Corporación Universitaria Iberoamericana*.

¿Qué es la educación de calidad? La buena educación de niños y adolescentes, entre muchas otras cosas, es una educación que forma el carácter.

Durante los últimos 30 años, hemos confundido ciertas cosas y hoy, cada vez más, tanto en los colegios como en las casas, los niños están siendo más sobreprotegidos y eso tiene graves consecuencias en sus capacidades para afrontar las dificultades de la vida.

Cuatro asuntos me traen a este tema: ciertas prácticas escolares y parentales de las que me he enterado, un colegio que conocí, y dos libros muy interesantes: “La transformación de la mente moderna” de Haidt y Lukianoff, y “Antifrágil, las cosas que se benefician del desorden” de Nassim Taleb.

Entre las prácticas dañinas para formar el carácter están:

  • la prohibición de llegar o salir del colegio a pie o en bicicleta (hasta que no exista un plan de movilidad, etc.);
  • no quitarles la vista de encima a los niños ni un minuto (porque se los roban, porque se caen, etc.)
  • o incluso prohibirles comer en recreo porque se pueden ahogar mientras comen y juegan.

“Literal”, como dicen ahora, todas estas situaciones existen.

El colegio que conocí podría ser uno de los mejores de Colombia porque desde pequeños enseña a sus estudiantes a cometer errores. Así como suena: aprenden matemáticas, y el resto, no a partir de unas clases teóricas, sino a partir de problemas que les plantean sin que les muestren la solución desde el principio.

Es decir, los ponen a pensar y actuar vía ensayo y error, como es la vida en la que aprendemos más de nuestros errores que de nuestros aciertos. Sus egresados han demostrado ser jóvenes con más criterio y liderazgo, entre muchas otras ventajas.

Y, de los libros a los que me refiero tomo una diciente anécdota. Durante los años noventa se recomendó a los niños no consumir maní; se justificó esto en que el maní es “alergénico”. Pues bien, con los años se descubrió que, entre los niños protegidos, es decir los que no comieron maní, el 17% desarrolló alergias. Mientras entre los que sí comieron solo el 3% tuvo alergia.

¿Cuál es la explicación de esto? Pues que el sistema inmune necesita exponerse a variedad de alimentos, bacterias e incluso parásitos, en pequeñas dosis, para ser fuerte. Así funcionan las vacunas, ¿no? Una dosis baja de una sustancia perjudicial puede ser beneficiosa para el organismo porque lo entrena para cuando llegue el virus de verdad.

Como en las áreas de la nutrición y la salud, en la del carácter se puede afirmar que si alejamos a los niños de tomar decisiones, de asumir riesgos, de probar, del ensayo y el error, los podemos atrofiar espiritualmente. Pero la moda es enfatizar en “la educación paranoica [que] viene del pensamiento dicotómico: si algo no es absolutamente seguro, es peligroso [y nos mata]”, según Haidt y Lukianoff.

La obsesión mundial por la seguridad de los hijos (que nace en los ochenta y explican bien los autores) les ha hecho perder a los adultos jóvenes la capacidad de enfrentar el azar, la incertidumbre, lo desconocido y los errores.

Por ello, cada vez reaccionan más con temor e inseguridad a situaciones no controladas y que son propias de la vida; en casos extremos, llegan aún al suicidio, que lleva más de una década incrementándose entre adolescentes.

Por ello, afirman que “la cultura de la ultraseguridad” es un error. Pues, ignora que los seres humanos “necesitamos desafíos físicos y mentales y estresores para no deteriorarnos”; solo piensen en los músculos.

Proteger a los niños ante cualquier posible riesgo como caminar al colegio, trepar un árbol o usar tijeras afiladas hace que reaccionen con excesivo miedo a situaciones normales. Pierden oportunidades de aprender habilidades, a ser independientes y a valorar los riesgos.

La sobreprotección, el “todo es peligroso”, es una manera de atrofiar el crecimiento. Así como no podemos buscar que los niños sean “machos” (en el sentido machista-dañino del término), tampoco podemos formar niñas y niños frágiles. “Lo frágil se rompe con el tiempo” afirma Nassim Taleb. 

Ricardo Gómez Giraldo

Ricardo Gómez Giraldo

Rector de la Corporación Universitaria Iberoamericana. Anteriormente rector de la Universidad de Caldas y de la Autónoma de Colombia. Fue gobernador (e) de Caldas, secretario de educación municipal y director de diversas entidades sin ánimo de lucro. Doctor en Estudios Sociales, Magister en Estudios Internacionales y Abogado. Consultor y autor de libros sobre educación, gestión de la innovación y sociología del conocimiento.

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*Este es un espacio de opinión y debate. Los contenidos reflejan únicamente la opinión personal de sus autores y no compromete el de La Silla Vacía ni a sus patrocinadores.

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